Opinión
Los obstáculos que las izquierdas deben superar para alcanzar la unidad

Por Antonio Antón
Sociólogo y politólogo
-Actualizado a
El declive representativo de la izquierda alternativa es evidente, particularmente en su traducción en escaños, dada su fragmentación. Junto con el estancamiento o ligero descenso socialista, la media de los estudios demoscópicos, los resultados de las elecciones autonómicas aragonesas y las expectativas de derrota de las izquierdas en Castilla y León y Andalucía vaticinan la posibilidad de la victoria de las derechas en las próximas elecciones generales, con sus efectos perjudiciales para las mayorías populares y los sectores progresistas. Se ha elevado la preocupación entre las izquierdas sociales y políticas y, al mismo tiempo, el debate público sobre las expectativas y condiciones para una remontada electoral de las izquierdas, con el refuerzo de los distintos actores concernidos y su colaboración.
De momento, desde las propuestas de Gabriel Rufián, portavoz de ERC, y los representantes de partidos refundadores de Sumar, hasta las de la dirección de Podemos y de las izquierdas nacionalistas, solo son respuestas unilaterales y parciales, trasmitiendo cada cual su primacía particular en el proceso. Sigue sin resolver todavía el tema de fondo: la impotencia articuladora del conjunto de la izquierda alternativa para frenar a las derechas y condicionar al Partido Socialista. Por ahora, sin suficiente talante unitario y credibilidad de los principales núcleos dirigentes, insertos en un proceso legitimador que levante nuevas expectativas ganadoras y frene cierta decepción popular, crítica por su incapacidad para garantizar avances sustantivos para la mayoría social.
Y sigue pendiente un proyecto reformador de progreso, necesariamente plural y compartido, pero en tensión entre la tendencia moderada hacia una transversalidad centrista o posibilista -en materias sensibles como feminismo, inmigración o seguridad- y una estrategia contundente de transformación social, democratizadora y plurinacional. Falta camino por andar.
Aquí abordo algunos de los factores más profundos que explican las dificultades para avanzar en la deseable cooperación y unidad de las izquierdas alternativas, más allá del interés unilateral y hegemonista de los grupos dirigentes de cada uno de los tres bloques existentes, tal como se han manifestado estos días: la refundación de Sumar, Podemos y las izquierdas nacionalistas o territoriales. Se trata de valorar de forma realista la voluntad de superar los obstáculos para la colaboración alternativa y contribuir a una mayoría parlamentaria de progreso, con capacidad transformadora real.
Corporativismo y autonomización elitista
La mayor deficiencia, con larga tradición histórica de más de dos siglos en las izquierdas, con grandes diferencias con las derechas que están condicionadas más por sus grupos de poder, tiene que ver con el interés corporativo de las élites partidistas y su independización de su base social y sus intereses básicos, particularmente, las que adquieren cierto poder institucional o aspiracional. Se desarrolla con su correspondiente manipulación comunicativa, organizativa o sectaria, con el fanatismo discursivo justificativo, para defender sus privilegios específicos.
Se trata de la ley de la oligarquía de los partidos políticos, ya estudiada hace más de un siglo, que supone la autonomización de sus liderazgos y sus aparatos, por sus ventajas propias, respecto de sus electorados y sus bases partidarias, cuyas estructuras intermedias se difuminan y su papel se relega al seguidismo divulgativo y la legitimación dirigente. Queda lejos el modelo participativo de partido-movimiento y, a veces, se opta por una simple plataforma elitista de comunicación política o núcleo irradiador de discurso, sin arraigo social.
Junto con la continuada presión de los poderes fácticos y la capacidad del orden institucionalizado para favorecer las tendencias más moderadas y adaptativas al poder establecido, claramente en favor de la socialdemocracia frente a la izquierda alternativa, el corporativismo elitista supone un condicionamiento permanente hacia las representaciones de las izquierdas más consecuentes, que deben redoblar su talante democrático, sus convicciones éticas, su compromiso cívico y su arraigo social. Además, y a veces de forma complementaria, se generan dinámicas irrealistas, doctrinarias y sectarias que, junto con el oportunismo adaptativo de ‘sálvese el que pueda’, debilitan la acción transformadora de progreso.
Todo ello ha constituido continuados debates y pugnas, a veces antagónicas y violentas, en la historia de las izquierdas y entre sus distintas tendencias, con reflexiones de diverso tipo, casi siempre condicionadas por el interés partidista inmediatista de preservar el capital relacional y la primacía del liderazgo político particular. Han ido desde las tendencias ácratas y consejistas hasta la centralización jerárquica, socialdemócrata o comunista y los hiperliderazgos populistas.
No se suele valorar, suficientemente, el complejo y multidimensional proceso de articulación de las fuerzas sociopolíticas o movimientos sociales, a medio plazo, ligado a un proyecto transformador, por avances sociales y democráticos, así como por la legitimidad política y moral de los liderazgos entre las mayorías sociales. Y, particularmente, entre las izquierdas también hay grandes déficits de cultura democrática, participativa y de respeto e integración equilibrada de la pluralidad, con procedimientos compartidos.
El medio -la estructura partidista, la dirección orgánica o institucional y el liderazgo personal-, se convierte en un fin en sí mismo, que hay que preservar a toda costa… hasta que la realidad de su desgaste se impone, no sin grandes costos y crisis, y se inicia la renovación -o la destrucción-. Falta cultura de respeto al pluralismo o, lo que es lo mismo, existe impotencia democratizadora para articular la diversidad en un proyecto común, con envidias, rencores mutuos y lucha particular por conseguir posiciones de poder ventajosas, que corroen el compromiso militante y unitario por la transformación social.
Voluntad de superación
He explicado las grandes dificultades para que las actuales élites partidarias alternativas sean capaces de afrontar los grandes retos existentes para las clases trabajadoras y la ciudadanía progresista. No obstante, existen energías sociopolíticas y democráticas para abordar con realismo, voluntad y esperanza las tareas de refuerzo de una trayectoria transformadora. Pero los límites de los grupos dirigentes tienen que ser compensados por el mayor protagonismo de sus militantes y bases sociales, en un proceso de reconstrucción del conjunto de la izquierda alternativa, incluida la nacionalista.
Termino con una doble convicción: realismo y voluntad transformadora. De momento, no veo mimbres realistas y unitarios suficientes, sobre todo en los liderazgos partidarios actuales, para avanzar hacia una solución completa que asegure su reconstrucción, con una dinámica transformadora, renovadora e integradora. Existe una profunda desconfianza entre las direcciones (y parte de sus militancias) de la actual coalición Sumar -y su perspectiva refundadora- y Podemos por el proceso de sustitución de la primacía dirigente del conjunto, que ostentaba Podemos, y la conformación de una nueva mayoría, con su reorientación política.
Sin abordarlo, y consensuar el método para el equilibrio dirigente y la estrategia compartida, con procedimientos democráticos y de respeto a la pluralidad, es difícil avanzar en una colaboración del conjunto, dando por supuesto que ambas fuerzas y su cooperación son imprescindibles para garantizar la remontada política y electoral de la izquierda alternativa, especialmente en su traducción en escaños parlamentarios. Además, es imprescindible la cooperación de las izquierdas nacionalistas, que priorizan su propio autodesarrollo, con una posición hegemonista en sus territorios.
Habrá que seguir evaluando las diversas iniciativas puestas en marcha que pretenden definir una salida a esta perspectiva preocupante, y que están levantando muchas expectativas. Igualmente, habrá que valorar los resultados de las elecciones autonómicas pendientes, así como los pronósticos demoscópicos para las elecciones generales.
Para evitar una nueva frustración social, la tarea de la izquierda alternativa debería pasar por activar mucho más a la ciudadanía progresista y de izquierdas, reforzar el proyecto democratizador, feminista, ecopacifista y de reforma social y renovar las estructuras dirigentes partidarias con un talante unitario e integrador de la pluralidad, sin hegemonismos de parte. Se trata de avanzar en un objetivo común: generar mejores condiciones para la remontada socioelectoral alternativa y de las izquierdas; evitar la victoria de las derechas en las próximas elecciones generales; garantizar una gobernabilidad progresista, y abrir una etapa democratizadora con un nuevo impulso transformador efectivo.
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