Opinión
Otros bancos para otras casas
Por Guillem Subirachs Mancebo
Coordinador del Observatorio de las Finanzas Éticas de FETS.
"Yo puedo ser la mecha que enciende una primera vela", dijo Maricarmen en su última entrevista. Lo fue. A los 87 años, la desahuciaron de la casa del Retiro en la que había vivido siete décadas, y su caso llenó de protestas las calles de todo el país. Murió dos semanas después, sin haber podido volver a ella. Su historia encarna el choque entre dos modelos con prioridades opuestas: el lucro sin límites de unos pocos frente a los derechos del conjunto de la población. Un choque que no solo se libra en los juzgados o en el Congreso: también se decide en el banco donde guardamos nuestros ahorros.
Las consecuencias de este primer modelo en la situación de la vivienda son perfectamente visibles: salarios exprimidos por alquileres imposibles, barrios vaciados de sus vecinos y una media de 67 desahucios cada día. También es sobradamente conocida la responsabilidad del gran poder financiero alimentando esta dinámica. Es lo que llamamos financiarización de la vivienda: cuando una casa se compra y se vende como un activo financiero, desvinculada de su función social, quien vive dentro pasa a ser un obstáculo para la rentabilidad. Y cuando la única brújula es multiplicar las ganancias, el derecho a la vivienda siempre sale perdiendo.
¿Con el dinero de quién se compran las casas de las que nos echan? Solemos pensar que elegir banco es una decisión neutra. No lo es. Nuestros ahorros no duermen en una caja fuerte: son la materia prima con la que los bancos prestan e invierten, guiados casi siempre por la rentabilidad. Un criterio excelente para sus cuentas — los grandes bancos españoles ganaron 34.000 millones de euros en 2025 — y nefasto para quien necesita un techo. Ningún banco firmó el desahucio de Maricarmen, pero la lógica que la echó de casa se alimenta, en parte, de nuestro dinero. Y eso significa que podemos dejar de alimentarla.
En el sector de las finanzas existen entidades que operan bajo otros criterios, teniendo en cuenta el impacto social y ambiental de cada euro. Las Finanzas Éticas se rigen por principios como la transparencia, la democracia o la coherencia. Mientras la gran banca, sin otra guía que la maximización de las rentabilidades, financia la industria fósil o la armamentística, estas entidades excluyen cualquier actividad que vulnere derechos humanos, sociales o ambientales, empezando por la especulación inmobiliaria. Como resume un lema del sector: que tu dinero piense como tú.
Lejos de ser una utopía teórica, se trata de un ecosistema completo y robusto en el que, según el Barómetro de las Finanzas Éticas, 200.000 personas en España tienen sus ahorros, cuentas corrientes, préstamos o seguros. Los más de 2.400 millones de euros que sus clientes tienen depositados posibilitan el crédito a proyectos comprometidos con estos valores, que van desde la transición energética a la agricultura ecológica, pasando por la inserción laboral o la cultura. Es, además, un dinero que vuelve. En 2025, la morosidad de las finanzas éticas fue del 1,22%, menos de la mitad que el 2,71% del conjunto de la banca, y la diferencia se repite año tras año. Estas entidades no se limitan a dar crédito, sino que estudian la viabilidad de cada proyecto y lo acompañan de cerca. Y saben que cada euro devuelto podrá financiar una nueva iniciativa.
Precisamente el sector de la vivienda concentra uno de cada cuatro euros prestados por estas entidades a través de fórmulas como las cooperativas de vivienda, que se blindan ante la especulación y garantizan que esas casas serán usadas para vivir y no para enriquecerse. Es el caso de Entrepatios Las Carolinas, en el distrito madrileño de Usera: el edificio es de la cooperativa, lo que impide especular con él, y cada persona socia tiene derecho a vivir en su casa sin límite de tiempo. Justo la seguridad que Maricarmen perdió cuando la ley dejó de proteger el contrato que había heredado de sus padres. Desde 2020 viven allí 17 familias que pagan muy por debajo del mercado, gracias entre otras cosas a un crédito de 3,3 millones que les concedieron las Finanzas Éticas.
La ola del movimiento por la vivienda ha dejado un amplio consenso social de que hay que poner coto al negocio de la vivienda, que es necesario un cambio de modelo para primar los derechos sobre los beneficios. Ahora toca empujar para ampliar este sentido común al resto de ámbitos de nuestra vida. Toca hacerlo en las urnas, en las calles y también en nuestra cartera. Porque tu dinero vota cada día.
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