Opinión
El país con el que sueña el Círculo de Empresarios
Por Julen Bollain
Economista
Hay expresiones que deberían venir con un traductor incorporado. Con prospecto, como los medicamentos. Una de ellas es "reformas estructurales". La verdad es que a ti te hablan de reformas estructurales y, joder, suena a cosa seria. Suena a economista con gafas mirando una gráfica y haciendo números. Suena a informe de 200 páginas con portada azul. Suena, qué duda cabe, a gente responsable preocupadísima por el futuro del país, por las generaciones actuales y por las que vendrán.
Pero, claro, luego lees lo que quieren decir y resulta que no era tan bonito como sonaba. Y es que cuando el Círculo de Empresarios habla de reformas estructurales está refiriéndose a despedir más barato, a contratar peor, a trabajar más años, a cobrar menos pensión y a pagar menos impuestos si tienes mucha pasta. Qué sorpresa, ¿verdad?
Al lío. La cuestión es que el Círculo de Empresarios ha pedido un nuevo mandato electoral para hacer las reformas necesarias. Dicen que estas cosas no pueden hacerse con mayorías precarias, que hace falta estabilidad institucional y continuidad. Pero la traducción, si le quitamos ese bonito envoltorio que lo viste de responsabilidad institucional, es bastante clara: lo que piden es un nuevo Gobierno de derechas y ultraderecha con fuerza suficiente para llevar a cabo sus aspiraciones económicas de siempre. Un Gobierno dispuesto a hacer el trabajo sucio con lenguaje limpio. A llamar modernización a recortar derechos. A llamar competitividad a bajar salarios. A llamar sostenibilidad a debilitar pensiones. A llamar libertad a que el capital pague menos y mande más. Vamos, lo de siempre. Solo que con palabras más bonitas.
Porque nadie dice: "Queremos que sea más fácil echarte”. Dicen: “Hay que modernizar el mercado laboral".
Nadie dice: "Queremos pagar menos por tu trabajo". Dicen: "Hay que mejorar la competitividad".
Nadie dice: "Queremos debilitar las pensiones públicas para abrir mercado a los planes privados". Dicen: "Hay que garantizar la sostenibilidad del sistema".
Nadie dice: "Queremos bajar impuestos a quienes más tienen". Dicen: "Hay que atraer inversión".
Y es que aquí reside lo maravilloso del lenguaje cuando lo usa quien tiene dinero para contratar buenos gabinetes de comunicación. La palabra estrella, por supuesto, es flexibilidad. Qué palabra tan maja. Pero la realidad es que, hoy en día, flexibles son nuestros corazones de mimbre, que diría Kutxi Romero, doblándose antes que partirse ante una vida que aprieta demasiado y casi nunca afloja. Sin embargo, flexible no debería ser que te despidan por cuatro duros, que te paguen una mierda por tu curro o tener unas condiciones indignas en el trabajo. La flexibilidad, bien entendida, debería ser poder entrar media hora más tarde para llevar a tu hija al médico, cuidar sin pedir perdón —y sin sentimiento de culpabilidad— y que el trabajo se adapte un poco a la vida y no que la vida tenga que romperse para caber dentro del trabajo. Porque ya está bien de tanta flexibilidad para la empresa a costa de la ansiedad para quien trabaja.
Y luego está el asunto de las pensiones. Aquí el mensaje del Círculo de Empresarios viene a ser que vivimos demasiado. Lo cual, visto así, parece una falta de educación por nuestra parte. Después de décadas cotizando, resulta que la gente se empeña en jubilarse y seguir respirando. Una irresponsabilidad fiscal tremenda.
Pero ante el tensionamiento del sistema de pensiones —pasajero durante las próximas dos décadas—, la solución que proponen nunca es aumentar ingresos con una fiscalidad más justa, mirar los beneficios empresariales, las rentas del capital o los grandes patrimonios. Tampoco os flipéis. La solución siempre acaba pareciéndose mucho a trabajar más años, cobrar menos y, si puedes, contratarte un plan de pensiones privado. Siempre por tu bien, claro.
Y no pasa nada porque el Círculo de Empresarios defienda los intereses empresariales. Es lo suyo. Lo raro sería que pidieran socializar beneficios, reforzar el poder sindical y subir impuestos al capital. Pero al menos podríamos ahorrarnos el teatro de que esto va del interés general. Porque esto no va de la mejora del país. Va de la mejora de su país. Ese en el que despedir barato se llama eficiencia, pagar menos impuestos se llama libertad y trabajar hasta los 72 se llama responsabilidad. Porque ese país no es una metáfora. Es un programa y es perfectamente viable. Solo requiere que quien ficha, alquila y cuida se acostumbre a necesitar un poco menos. Cada año, un poco menos.
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