Opinión
Primero vamos unas. Luego, todas
Periodista y escritora
No sé qué es la soledad ante la violencia machista o la violencia política. Sé todas las veces que me he sentido sola y las que (muchas más) me he sentido acompañada. Pero la soledad va más allá de esos detalles. La soledad ante la violencia contra una en el ámbito público tiene que ver con nuestras iguales, las compañeras, sean estas de profesión, de partido o de institución. Excede al ámbito familiar o a las amistades.
Esta semana, la periodista Marta Nebot tuvo un gesto que le agradezco desde lo más hondo y que me ha permitido colocar algunas cosas en su sitio. Sucedió en un acto organizado por CCOO bajo el lema Ni calladas ni solas. Cuando Nebot subió al atril se refirió a mí, y a nuestra relación, o más concreto a su relación con lo que hago y cómo lo hago. Relató que, en su momento, consideró que quizás mis acciones eran demasiado "radicales" o que pecaban de exceso. No recuerdo sus palabras exactas, pero sí hasta qué punto me conmovieron. Siempre que alguien se refiere a mí, un calambre de miedo me recorre el espinazo. Acumulo muchas hostias como panes. Sin embargo, Nebot explicó a continuación que, sin tener por qué estar de acuerdo conmigo ni en la forma ni en el fondo, sabe que lo que yo he vivido no tiene que ver con mis "radicalismo", sino con un disciplinamiento que nos atañe a todas, que nos acabará llegando a todas.
Aún no había llegado la pandemia y yo ya acumulaba denuncias en las comisarías madrileñas por agresiones: amenazas de agresión y muerte, amenazas de muerte contra mi hija y mi hijo, acoso en mi domicilio y agresiones físicas en la calle. Si alguien está cansado de oírlo, que se lo confite, porque no pienso dejar de repetirlo. A la vez, la familia de Irene Montero, y la propia Montero, así como Vicky Rosell y muchas de sus compañeras de Podemos conocían bien una violencia política que no ha hecho más que crecer en este país. Lo mismo pasaba, ferozmente, contra Ada Colau. Los ataques contra todas ellas eran y son de una brutalidad que me gustaría calificar de "intolerable" pero es mentira: se tolera. Son de una brutalidad que se tolera.
Estoy hablando de que todos eso sucedía antes, bastante antes de 2020. Ha pasado alrededor de una década desde que comenzó la violencia grave contra mi persona en las redes y en las calles. Ahora sabemos que no se trataba de mí. De la misma forma que tuvo que llegar la violencia hasta la familia del presidente del Gobierno para que entendieran que no se trataba de Podemos. No he oído una disculpa pública hacia Irene Montero, hacia Vicky Rosell o hacia Ada Colau por parte del PSOE por la forma en la que las dejaron —y las dejan— solas, completamente solas. Porque eso y no otra cosa es la soledad: cuando tus iguales no te reconocen y sostienen.
A mí no me importa si te caigo bien o mal. No soy suave ni he venido a gustar a nadie. No soy de templar gaitas, y me consta que enfurezco lo mismo a una parte de la izquierda (o más) que a la derecha, y que molesto lo mismo a una parte del movimiento feminista que al machismo. Qué le vamos a hacer. Lo que me reconfortó tanto de las palabras de Nebot fue que quitó de mí el foco, y lo puso en la violencia que recibimos. Es decir, que me sentí acompañada por una compañera.
Ahora es VOX, un partido político completo, una formación de extrema derecha, una de las instituciones en las que se basa nuestra democracia, quien me señala con una campaña de odio. No es lo mismo. Ponen mi cara en su página web, recogen datos, promueven acciones contra mí por una columna, o sea, contra una periodista en el ejercicio de sus funciones. Es un paso más y, si no lo miramos a la cara, será sólo el primero.
El brutal silencio casi unánime sobre los ataques machistas y/o ultras a algunas mujeres —políticas, comunicadoras, periodistas— del ámbito público abrió el camino para que ahora seamos todas las que recibimos dicha violencia. Si permitimos que VOX, o sea las fuerzas ultras, me señalen y no pasa nada, las siguientes serán, seremos todas. No se trata de mí, yo no soy nadie. Yo sólo soy el campo donde hacen las pruebas de hasta dónde pueden llegar, porque me han visto sola, porque me imaginan vulnerable.
Cuando lo denuncié públicamente, escribí a todos los partidos políticos de lo que podríamos llamar "izquierdas", desde el PSOE hasta Podemos pasando por los nacionalistas. Sólo Podemos respondió, presentando una Proposición No de Ley (PNL). Sepan quienes no respondieron que su inacción sigue calentando el nido donde crece el huevo de la serpiente.
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