Opinión
Ratas nadando y golondrinas volando: el virus era otro
Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
No hace falta ser un experto virólogo para haberse dado cuenta estos días de que la peor pandemia que asola España es la de una (ultra)derecha cuyas bases de actuación son las políticas del miedo, la xenofobia, el machismo/misoginia y el elogio de la riqueza y el poder independientemente de cómo se hayan conseguido. Todo ello aderezado con un ultranacionalismo español y una ultrarreligiosidad importada del otro lado del Atlántico que ha dejado arrinconado al papa, particularmente, cuando este apela a los valores cristianos y no transige con la crueldad del ICE de Trump, el genocidio de Netanyahu en Palestina, la prioridad nacional de Vox o el homenaje a las masacres de Hernán Cortés por parte de Ayuso. Vamos, lo que se esperaba de unas creencias basadas en el amor al prójimo “como a ti mismo”.
El último episodio ha llegado con el hantavirus y un limitado número de contagios dentro de un crucero de lujo de bandera neerlandesa al que, siguiendo las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Gobierno de Pedro Sánchez ha ordenado atracar en Tenerife (Islas Canarias) para evacuar a los viajeros conforme a sus destinos de origen, donde deben realizar la larga cuarentena a la que obliga el hantavirus, en caso de quienes aún no presentan síntomas, y confirmar (o no) el contagio y tratarlo en el supuesto de quienes sí los tienen. Todo se está llevando a cabo con un amplio despliegue por tierra, mar y aire que evite la propagación de un virus de gran letalidad pero sin las características altamente contagiosas del covid, según coinciden los científicos. Hay 23 países implicados, con el papel protagonista de España en Canarias, y la coordinación de la Comisión Europea y la OMS.
Un operativo sin precedentes para tratar de aislar un virus que no tiene potencial pandémico, insisten una y otra vez los expertos, por más que PP y Vox se hayan esforzado y rezado mucho a su dios de las catástrofes para que así ocurriera y poder dar otro revés al Gobierno de Pedro Sánchez. Los delirios de la (ultra)derecha han ido de las “oscuras golondrinas” que según el poeta del PP Elías Bendodo (pobre Bécquer) asomaban ya en el horizonte dispuestas a volver con otra pandemia como la del coronavirus por culpa del presidente hasta el ejército sincronizado de ratas que saltarían del MV Hondius, el crucero de marras, y llegarían nadando a las costas canarias para inocular el hantavirus a su población, según su presidente autonómico. A Fernando Clavijo el co-gobierno con el Partido Popular le está sentando francamente mal y solo le faltó atribuir a Hernán Cortés el liderazgo de la expedición roedora para cuadrar el círculo del despropósito.
“Cuanto peor, mejor” y “Quien pueda hacer que haga” son los únicos mantras que quedan ya en el argumentario del PP para ejercer la oposición. Alarmar a una población que todavía sufre el trauma de la pandemia de covid, generar sufrimiento gratuito haciendo creer que los y las españolas estamos a merced de un virus mortal que navega hacia nuestras costas sin que el Gobierno haga nada (o porque el Gobierno quiere matarnos a todos), sembrar la duda sobre presunta información que se nos está ocultando desde La Moncloa, despreciar el derecho marítimo internacional, a la OMS o a la Comisión Europea son sólo algunas de las barbaridades que hemos tenido que escuchar estos días también por tierra, mar y aire gracias a una marea populista y negacionista que se recrea con la tragedia y se crece con el miedo de la gente sin aportar una sola idea que pueda contribuir a solucionar la crisis.
Llegados a este punto y mientras continúa en Tenerife el operativo de traslado y aislamiento de los viajeros y la tripulación del crucero, así como la búsqueda de quienes abandonaron el barco antes y sus potenciales contactos sintomáticos, el PP y Vox siguen rezando a su urna de oro, la versión actualizada del becerro bíblico, para que algo salga mal. Lo que sea y caiga quien caiga para dar a Sánchez la estocada final. Otra más.
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