Opinión
Toni Cantó, gafe del método

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Hacía tiempo que Toni Cantó no daba la nota, al menos ante las cámaras, seguramente porque no le estábamos prestando la debida atención. En esa búsqueda desesperada de protagonismo en la que lleva embarcado toda la vida, nunca se conformó con el rol de secundario, pese a que fue un excelente secundario en UPyD y en Ciudadanos, y a que Ayuso lo fichó para que hiciera de chiringuito viviente. Una lástima que no conservase mucho tiempo el papel de Oficina del Español en Madrid, aunque fuese con un tenderete portátil que plantase al azar en puntos neurálgicos de la capital, como una castañera del idioma.
Hablando de castañas y tenderetes, habrá que señalar que el verdadero talento de Toni es el de atraer el mal fario sobre cualquier tenderete que le proporcione cobijo, ya sea un partido político, una televisión facha o un puesto de castañas lingüísticas. Con su impecable trayectoria laboral, podría mejorarse bastante aquella destartalada comedia de José Luis Ozores, El gafe, en la que un pobre hombre iba sembrando el caos y la desgracia allá donde metía las narices. Gracias a la presencia impagable de Toni, descarrilaron de inmediato los dos grandes experimentos de centro-derecha con los que los banqueros se pensaban que podían recoger las papeletas de votantes en exceso escrupulosos con la podredumbre habitual de Génova. UPyD y Ciudadanos eran partidos mellizos, tan parecidos que ni siquiera Toni acertaría a decir a cuál de ellos gafó primero.
Poco después, le concedieron asilo en 7NN, un canal propiedad de Producciones Audiovisuales Hispania, donde se dedicó a expectorar monólogos cómicos. El más cómico de todos tuvo lugar cuando el canal cerró a los pocos meses de contratarlo. Hay actores que mejoran cualquier bodrio en el que aparecen, pero Toni hace lo propio en cuanto desaparece. Cuánto hubiéramos deseado que entrase en las filas del Vox y del PP (el orden da lo mismo), para que ambas formaciones naufragasen como el Titanic después de adoptar un iceberg valenciano. Desgraciadamente, no sucedió así, aunque Toni hizo la pelota a los populares todo lo que pudo, después de haberlos puesto a parir durante años por su afición a llevar la contabilidad en billetes del monopoly. Conscientes del peligro, se limitaron a darle el tenderete de castañas españolas, a ver qué ocurría. Y qué iba a ocurrir: lo de siempre.
Una prudencia similar mostraron los directivos de Antena 3, donde de vez en cuando lo contratan de tertuliano en lugar de brindarle un espacio propio, no vaya a ser que hunda la cadena y San Sebastián de los Reyes de paso. En Espejo público, el programa de Susanna Griso, Toni mantuvo un encendido debate con Gonzalo Miró al sostener contra viento y marea que Israel no estaba cometiendo ningún genocidio con el pueblo palestino. Menos mal que no defendió la postura contraria, en primer lugar, porque nadie habría esperado de él una opinión sensata, humanitaria e inteligente y, en segundo lugar, porque la causa palestina no hubiese soportado el apoyo de Toni. Hay gente que no se equivoca jamás y él resulta imbatible en el arte de meter la pata y dar vergüenza ajena.
Da gusto comprobar que Toni sigue en sus trece cuando hasta los mamporreros más recalcitrantes de la masacre israelí están cambiando de bando. El otro día nada menos que Piers Morgan, un tipo nada sospechoso de izquierdismo, le preguntó en directo a la embajadora israelí en Reino Unido cuántos niños mataban diariamente. La mujer eludió la pregunta como pudo y al final dijo que "eso es totalmente irrelevante". Sí, sobre todo para los asesinos. Una lástima que no nombren a Toni Cantó procónsul de Netanyahu en la ONU, a ver si hay suerte y termina de hundir el poco prestigio mundial que le queda a este inmundo criminal de guerra.
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