Opinión
La ultraderecha dando y las empresas callando

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Todas recordamos el sufrimiento que supusieron las mentiras de los activistas de ultraderecha -financiados, entre otros, por PP y Vox con tu dinero y el de esta plumilla-, durante las inundaciones de la DANA en la provincia de València, repicadas por programas de máxima audiencia en televisión, como el de Iker Jiménez. Tales aberraciones no han tenido consecuencias penales o administrativas, pero sí generaron un dolor y una confusión inmensas en momentos muy complicados.
Hace demasiado tiempo que hemos normalizado la emisión de bulos gravísimos en connivencia con el periodismo como parte de la rutina informativa diaria. Ya saben: esos bulos, que entre ataques personales y virales, acoso, violencia y espumarajos en la boca, tratan de embarrarlo, confundirlo todo para que nada parezca periodismo y nadie se crea a nadie. Al final, los y las profesionales del oficio pasamos más tiempo desmintiendo auténticas barbaridades publicadas y defendiéndonos de ataques y amenazas criminales por hacer nuestro trabajo que investigando la ingente cantidad de información que nos llega a diario de todos los puntos del planeta. Y nos frustra, claro que sí, porque nos impide o ralentiza el cumplimiento con el derecho constitucional de todos y todas las españolas, el derecho a la información; nuestro trabajo.
Tras el mortal accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) el pasado domingo, tocaba una vomitona de bulos fascistas sobre las ayudas que concede el Gobierno para potenciar la contratación y actividad internacional de empresas españolas. Es decir, ayudas que el Consejo de Ministros aprueba como créditos a grandes proyectos de otros países a cambio de que se tenga en cuentas a nuestras compañías, un clásico de todo gobierno. Entre otros muchos y con decenas de cadáveres calientes, heridos y desaparecidas sobre la mesa, éste ha sido en las últimas horas el bulo favorito de los sicarios de ultraderecha, pues incluye el agravante no casual de que las ayudas vayan a obras de países como Marruecos. Es el caso de la pota vertida en X por los activistas Vito Quiles y Javier Negre, donde buscan a la vez un falso ataque al Gobierno por regalar dinero a otro país en lugar de invertir en España mientras se estrellan trenes por supuesta falta de inversión (ni un dato cierto) y la xenofobia contra los ciudadanos/as de Marruecos que viven en nuestro país, la población extranjera más numerosa.
Las mentiras son tan burdas y fáciles de desmontar como el deseo de hacer daño por parte de estos matones de Vox y PP, que los financian generosamente para operaciones antidemocráticas como las que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca, con las fatales consecuencias que se van conociendo en todo el mundo, desde Gaza a Groenlandia. Periodistas, medios de comunicación, instituciones, ONGs o políticos de todo pelaje -menos quienes difunden y financian estos bulos- han denunciado públicamente las mentiras sobre el accidente de Adamuz, como en su día se hizo con la DANA, pero de la empresa privada, interpelada en primer término, sigue sin saberse nada; precisamente, sobre las constructoras grandes y medianas, las empresas de logística o transporte (alguna de ellas que cotiza en el IBEX)... de ésas nada se oye, cuando son, en realidad, las grandes beneficiadas de los créditos que conceden los gobiernos para su expansión en otros países.
Mientras unas nos degañitamos perdiendo ya más tiempo en desmentir bulos y manipulaciones sobre falso despilfarro público, entre otros muchos, que en hacer investigaciones propias, las empresas beneficiarias de esas operaciones públicas de crédito callan como si la mentira no fuera con ellas. Teniendo en cuenta las circunstancias que vivimos y el momento en el que estamos, va siendo hora de que las empresas españolas empiecen a pronunciarse sobre unas prácticas antidemocráticas que no son nuevas y que jamás trajeron nada bueno. Cualquiera podría pensar, si no lo hacen, que están financiando también a estos activistas y canales de ultraderecha que quieren cargárselo todo... Y no es así, ¿verdad? Si no es por convicción democrática, háganlo al menos por interés de negocio.
Seguiremos informando.
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