Opinión
A ver si dejan de ver rojos
Por Marta Nebot
Periodista
El niño de El sexto Sentido, una peli estrenada en España en 2000, decía: "En ocasiones veo muertos". Aquí yo creo que a la derecha le pasaba lo mismo con los rojos, hasta que se les fue de las manos y empezaron a creerse en mitad de una invasión zombi escarlata.
La semana pasada lo demostraron a lo grande: de repente, desmintiendo sus declaraciones de los últimos veinte años, se declararon en contra del voto exterior, por ser una maniobra de Pedro Sánchez para manipular las urnas. El voto CERA (el censo de españoles residentes ausentes) se está ampliando desde 2022 por el cumplimiento de la llamada ley de nietos -parte de la de Memoria Democrática-. Los del PP la rebautizan de sopetón como "ingeniería electoral", los de Vox como "golpe en diferido" o "pucherazo". Lo llamen como lo llamen hablan de lo mismo: no es que algunos serán rojos, es que seguro que van a robarnos la Moncloa.
Lo cierto es que los españoles que residen fuera votan muy poco. Uno de cada diez es lo habitual. Pocas veces cambian en algo el reparto de escaños. En las generales de 2023 le dieron uno más al PP de Madrid. Ese escaño obligó al Gobierno de coalición a conseguir los votos a favor de Junts. Sin él, con su abstención habría bastado.
¡Qué pena, mire usted! La semana pasada escribí sobre el miedo y la rabia. Ésta -ya adelanto- irá de risas porque tanto dolor cansa.
Y es que lo de ver rojos por todas partes debe ser herencia recibida. Una de esas cosas inconscientes que ni queriendo te quitas.
Así que el Gobierno ha decidido echarles una manita. El Ministerio de Sanidad presentará mañana mismo en el Consejo de ministros el real decreto que retirará la Gran Cruz de Sanidad al psiquiatra militar franquista Antonio Vallejo Nájera, conocido popularmente como El Menguelito, el hombre que fue la mano derecha de Franco en la represión que siguió a su golpe de Estado. Este genio de la psiquiatría ideológica también veía rojos por todos lados. De hecho, maquinó estrategias para preservar "la raza", para protegerla del marxismo, que consideraba contagioso y propio de intelectos inferiores. Además, este visionario creía que "el psiquismo femenino, a causa de su debilidad mental, tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal" y sostenía que la democracia perjudicaba a los individuos "más selectos". Hizo todo lo posible por "purificar" a la sociedad española y "reeducar" a los niños rojos separándolos de sus familias, justificando el robo de bebés, patologizando todo lo que no compartían, redestruyendo sin tregua a las familias que sobrevivieron a sus purgas, a sus más de 6.000 fosas comunes repletas de más de 100.000 inferiores, es decir, de apestosos rojos, de esos que jodían el ambiente, la raza y a España.
Claro, después de aquellas prácticas por tantos años, se acostumbraron a no ver un rojo ni en foto. Los pocos que quedaron disimularon lo mejor que pudieron y siempre se ponían lejos o por debajo. Su sitio estaba muy definido. Los edificios y los colegios tenían dos entradas para remarcarlo. Recomiendo volver a ver o leer Los Santos Inocentes para rememorarlo.
Y luego llegó la democracia y entonces se puso feo demostrar el desprecio y el asco al rojo. Ahora, tras casi medio siglo, uno pensaría que se habrían acostumbrado a nuestra presencia, a nuestro tufo, a nuestros derechos. ¿A ver si va a ser que no? A ver si es que se han pasado cincuenta años disimulando su repugnancia porque resultaba vergonzoso reconocerse en el bando de los malos. A ver si es que pensaron que su única penitencia era tener que disimularlo. A ver si es que, como ahora el malismo ha dejado de estar mal visto, se han quitado la careta y nos miran de frente como siempre nos han mirado en privado: con aires de grandeza, con condescendencia, con rencor, con lo que sea menos con patriotismo y con convivencia.
En fin, que llegamos tarde a quitarle la medalla al Menguele lolailo. Y sí, eso que él hacía lo hacían todos los fascismos por toda Europa; era lo que molaba en esa época. Pero apuesto a que no queda ningún otro Menguelerdo con su medalla, su callejero y su aura de salva patrias. En memoria histórica vamos tarde y luego pasa lo que pasa: que a los derechones el inconsciente les juega malas pasadas.
A ver si con esta nueva iniciativa se acaba su peor pesadilla: ésa en la que los fantasmas de los rojos que fusilaron vuelven sin parar para depositar su papeleta eterna en las urnas impidiéndoles volver a gobernar España.
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