Opinión
La fe en Aldama 'desokupa' y la maldición de Morocho
Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Los tribunales españoles son fascinantes y esta plumilla no puede dejar de insistir en ello. Fueron decisivos los testimonios policiales para condenar a Alberto Rodríguez, ex diputado de Unidas Podemos, y para que el Tribunal Supremo se ensañara con él y se le retirara su escaño en el Congreso -una dejación y sumisión institucional de la Cámara de todas/os al Poder Judicial que poco escandalizó en su día- o para condenar a Isa Serra, ex portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid. Eran dos dirigentes de Podemos que habían agredido a dos agentes, según recordaron estos muchos años después: justo cuando Rodríguez y Serra tuvieron responsabilidades políticas. La fe judicial -o justiciera-, siempre del mismo lado.
La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha entregado a los jueces de los casos Koldo, Ábalos, Cerdán, Aldama o como gusten, exhaustivos informes que podrían ser del mismísimo magistrado que juzga cada trama presunta solo por las resueltas conclusiones de estos agentes fuera de serie, aunque excedieran con mucho la labor de la policía judicial, como ha sido advertido por juristas de relevancia en varias ocasiones. No importa, con la UCO hemos topado y a lo deducido, hecho. Fe.
Es curioso, en cambio, el poco crédito que se le ha concedido y la poca alarma que ha generado todo un inspector de la Policía como Manuel Morocho, que investigó los casos Gürtel y de los papeles de Bárcenas, esto es, la financiación ilegal del PP, y recibió presiones de calibre Al Capone para no incluir los nombres de los entonces dirigentes del partido de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, incluido este mismo. Lo ha narrado Morocho en la Audiencia Nacional, incluyendo a detalles escabrosos de la trama parapolicial Kitchen que lideraban Fernández Díaz, un tal Barbas y parece que una señora que se citaba con su marido y Villarejo en la sede del PP y en el Ministerio de Defensa. Así vino a relatarlo hace unas horas el sufrido inspector con todo lujo de detalles, pero pelillos a la mar sobre las cloacas del Estado y apenas ninguna portada. Hay agentes y agentes, que la fe sólo mueve algunas montañas.
Porque lo importante este miércoles no estaba en la Audiencia y los crímenes de Estado que se cometieron presuntamente, con indicios contundentes, en los gobiernos de Rajoy, los más graves -que sepamos- tras los GAL. Lo relevante de verdad, los titulares universales estaban este miércoles en el Supremo, donde ha declarado Víctor de Aldama, presunto comisionista, conseguidor de mordidas, pagador de ídems, caradura irredento, estrella de varias teles y colega de un tal Daniel Esteve, como acredita éste en la web de su empresa de camorristas desokupacionales y para la putodefensa de España. Aldama, tras anunciar hace meses junto a Esteve que iban a saltar (sic) La Moncloa, hundir a Sánchez y a su equipo y no sé cuántas fascistadas más contra quienes no piensen como ellos -entendemos que en clave corrupta y putoespañola-, se ha despachado a gusto frente a unos magistrados que o lo miraban con simpatía o callaban ante sus acusaciones gravísimas contra el presidente del Gobierno y el PSOE, ausentes en la sala y en la causa, salvo para quienes se esfuerzan en meterlos con el calzador del deseo. Como si haber confiado en una personalidad nada ejemplar como Ábalos no conllevara, como mínimo, mucha responsabilidad política. Y veremos.
Los procesados como Aldama pueden mentir en el ejercicio de su defensa, naturalmente, lo que es incomprensible es que no haya una sola prueba de los dondedijedigodigoDiego que Koldo le trasladaba a Aldama y viceversa y el comisionista de plató camine por la calle junto a Dani desokupa como si nada gracias a la colaboración del comisionista con la Fiscalía Anticorrupción, que tuvo que ser tan grande como la de poder probar que Pedro Sánchez era el "número uno" de la trama criminal. Ah, no, que de eso Aldama no mostró pruebas. Debe de ser la fe (estúpida).
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