Opinión
De uno en uno
Por Rafael Reig
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El domingo leí el artículo de Ian Gibson sobre Machado, por lo que me permito hacerle una sugerencia para su próximo texto que, por las circunstancias, podría ser mucho más revelador de la voluntad de recuperar la memoria histórica de este y otros gobiernos. Le pediría que nos diese su opinión sobre el destierro, tanto físico como intelectual, que sufre Don Manuel Azaña. En algunos momentos ha aparecido su nombre como inspirador de políticas actuales, y no creo equivocarme al decir que hasta el señor Aznar se proclamó seguidor suyo o algo parecido. Como historiador, le pido que nos alumbre un poco sobre los motivos de este silencio sobre nuestro último presidente republicano, del que más bien siempre se ha divulgado su faceta negativa. ¿Por qué no se repatría su cuerpo y se le entierra como le corresponde a un presidente de Gobierno, con su bandera junto a la mexicana que le acompaña desde entonces?
JOSÉ VALLÈS VICENTE BARCELONA
Pues yo tenía la sensación contraria: que Azaña estaba hasta en la sopa (lo que no me parece nada mal, por cierto). Hasta tal punto alcanzó la epidemia que (como usted recuerda) el propio Aznar se jactaba en público de su devoción por Azaña, mientras en privado practicaba el catalán de Oropesa (donde, por lo que yo sé, prefieren hablar en valenciano).
Es verdad que la dictadura se cebó contra Azaña, sobre todo insistiendo en que era feo, antipático y resentido (creo que el diapasón con el que se afinó ese monstruoso ladrido fue la obra de Agustín de Foxá, Madrid de Corte a checa). Una crítica que poco dice sobre Azaña, pero es muy elocuente sobre la altura intelectual y moral de la dictadura. Sin embargo, en los últimos años se ha llegado a ponderar hasta como vigoroso novelista al autor de ladrillos como Fresdeval: con eso está dicho todo. A mí, personalmente, la prosa narrativa (ojo, narrativa) de Azaña me parece amanerada, inane y pedantesca (lo que no rebaja un ápice su estatura política, moral o intelectual). Sin embargo, si su carta sirve para estimular a Ian Gibson, bienvenida sea.
Personalmente, ahora tengo la impresión de que le va a tocar el turno a Negrín (ese sí, hasta el momento, de verdad ignorado), y entonces Azaña volverá al olvido. Me temo que no damos para más, no somos multifunción: si miramos para Azaña, no podemos atender a ninguna otra cosa, hasta que nos empachemos. Casares Quiroga, Largo Caballero y los demás que vayan pidiendo la vez, como en el mercado.