Opinión
La admirable serenidad del líder de la oposición
Por Manolo Saco
Cuando a Manuel Fraga Iribarne, siendo ministro de Franco, andando de cacería se le escapó un mal tiro, disparo que a punto estuvo de acabar con los días del generalísimo (estamos tan acostumbrados a este aumentativo que ya ni nos mueve a risa, pero es tan ridículo como llamar a Rouco cardenalísimo, o a Bono, ministrísimo), por suerte para Fraga sólo le acertó en una mano. Por el foro corría entonces el siguiente chascarrillo: “Ha ocurrido una tragedia en una cacería con Franco”, decía uno. Y contestaba el otro: “Sí, una tragedia, sólo le acertaron en una mano”. En aquellos tiempos, tantas eran las ansias democráticas, que buena parte de los españoles sólo confiábamos en la vuelta a la democracia por la vía de un accidente o una enfermedad del generalito. Como así fue.
Ahora por fortuna estamos ya en democracia, y los accidentes de helicóptero, como el sufrido ayer por Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre, no parecen la fórmula más apropiada para acabar con la oposición. Pero como los españoles tenemos una inclinación irrefrenable hacia la coña morbosa, a las dos horas ya circulaban mensajes de móvil con avisos como éste: “El accidente de helicóptero demuestra que Dios es de derechas”. Otros mensajes eran simplemente de mal gusto, aunque creo que provocados más por ese humor negro que nos caracteriza que por mala baba del mensajero.
Lo que más me llamó la atención fue la intervención ante las cámaras de televisión de Ángel Acebes para quien “el presidente (del PP) sabía que algo raro ocurría dentro del helicóptero, y se preparó”. Y remachó, en un ejemplo insuperable de adonde puede llegar la admiración hacia el jefe, en un ridículo intento de enfatizar la grandeza del líder, sea con la disculpa de que sale ileso de un accidente, sea porque pesca un salmón gigantesco: “...destacar la serenidad que ha demostrado Mariano Rajoy en este accidente”. ¿Es que acaso los demás pasajeros se pusieron a gritar como damiselas histéricas mientras el líder conservaba la calma? Habrá que investigarlo.
Esperanza Aguirre, como no podía ser menos, declaró: “Doy gracias a Dios que no haya ocurrido nada”. Estas cosas me recuerdan el espectáculo de los equipos de fútbol campeones cuando ofrendan la copa a la Virgen, en agradecimiento por su ayuda celestial. ¿Qué no estará pensando de la Virgen el equipo perdedor? Y termino con la ronda de preguntas: ¿Por qué Esperanza Aguirre da gracias a Dios porque no haya ocurrido nada, nada más grave, se entiende, y no le pide en cambio explicaciones por el susto que le ha metido en el cuerpo?
Sólo una última reflexión. Yo me alegro de que estén sanos y salvos (tengo que decirlo porque sé que alguien estará agazapado pensando en que me alegro de la desgracia ajena). Pero sé de muchos casos de gente (aunque no fue el caso del hombrecillo insufrible después del atentado de ETA) que tras un accidente de esta consideración decidieron dar un cambio a sus vidas, como un aviso divino de que hay que relativizar los problemas cotidianos, ser más sosegados y comprensivos con sus semejantes. Como no hay mal que por bien no venga, me queda la esperanza (me refiero a otra) de que la política nacional va a tomar rumbos más serenos de ahora en adelante.