Opinión
Agua (en la tercera esquina)
Por Espido Freire
-Actualizado a
La Red Española de Ciudades por el Clima ha presentado su primer informe: se ha centrado en uno de los elementos más contaminantes, el transporte privado, y en las ciudades pequeñas, en las que menos de 50.000 habitantes votan, trabajan, eligen y se trasladan. Siete de cada diez de ellos utilizan el coche para acudir al trabajo y para trayectos cortos. En las ciudades mayores, el uso del transporte público se da con mayor frecuencia: pero los problemas de tráfico y de emisión de gas de efecto invernadero son tan graves, debido al gran número de vehículos en movimiento, que requerirían otras medidas.
Hay ocasiones en las que sin coche no habría trabajo: no se podría llevar a cabo de otra manera. Hay circunstancias también que se salvan con el transporte privado: una mañana de sueño, peso excesivo, horas intempestivas. Niños que complican los traslados. Sin embargo, cuando en el pico de las horas punta observo, sentada en el transporte público, la sucesión de coches ocupados por un único viajero, me pregunto cuánto de coquetería, de exhibición de poder y de hábito hay en el atasco que me rodea.
Con el coche, y eso nos recalca la publicidad, que destina horas a convencernos de ello, se asegura el estatus y se cumplen sueños. No exige, tampoco, nada más que dinero para poseerlo. Pocos son los que, pese a su baja inteligencia o madurez, no consiguen el carné de conducir. Aísla: al fin y al cabo, ellos y yo compartimos el mismo atasco, sólo separados por dos ventanillas: pero ellos lo hacen solos, con su música, su cigarrillo o la mirada fija al frente, en sus pensamientos. Compran espacio, además de un instrumento. En el torrente de agua que nos dirige a las ciudades, ellos son gotas reforzadas.
Me miran, cuando digo que no tengo coche, como a una rareza, como si viviera sin nevera, o sin televisión, o sin agua caliente. ¿Se puede vivir? Sí, se vive bien. No sé qué es no aparcar, no visito gasolineras. Resulta barato, duermo mientras viajo, o leo. Camino, dicen que es sano. Pero tan sólo los taxistas me felicitan, y algunos estudios sobre contaminación me salvan.