Opinión
Despliegue gestual sobre Catalunya
Por Jesús Maraña
Pedir hoy una reforma de la Constitución es como pretender que el sol salga por el oeste. A este paso, peinará canas la infanta Leonor antes de que el PP permita poner al día el texto que sus ancestros de Alianza Popular no votaron en 1978. José Montilla sabe perfectamente que su solicitud de reforma constitucional es un simple gesto. Como lo es el acuerdo de mínimos alcanzado ayer en el Parlament, que proclama de nuevo que Catalunya es una nación, tal y como figura en el preámbulo del Estatut. Los principales partidos catalanes expresan su absoluta disconformidad con la sentencia del Tribunal Constitucional, pero no pueden ir más lejos porque entonces se rompería su frágil unidad de reacción. Podría estallar la división entre quienes confían en reparar los desperfectos de la sentencia por la vía de acordar reformas de leyes orgánicas y quienes consideran que se ha roto el pacto constitucional y que los catalanes tienen derecho a decidir su futuro. Desde Madrid también se hacen gestos. Son evidentes los de Zapatero durante el debate sobre el estado de la nación en esa línea pragmática de reformas que deberá concretarse en las resoluciones finales del Congreso y en la visita de Montilla a la Moncloa. De la Vega dice que la identidad nacional de Catalunya cabe en la Constitución, y esa proclama pertenece también al despliegue gestual destinado a templar los ánimos incendiados por el fallo del TC. Que los gestos se conviertan en leyes es otra historia.