Opinión
Diario de a Bordo (II)
Por Ciencias
-Actualizado a
Por Raquel Vaquer
Zarpamos desde Tromso, Noruega, en dirección norte. Tras casi dos días de navegación cruzando el Mar de Barents, llegamos al espectacular archipiélago de Svalbard. Nuestro trabajo todavía no ha empezado, aunque llevamos meses preparándonos. Repaso mentalmente la enorme lista de material de trabajo. En estas frías aguas, entre 4º y 6º C, la caza de ballenas, focas, osos polares y otros animales supone el modo de subsistencia de los moradores de esta gélida región. Sin embargo, la carne de ballena sigue siendo habitual en las cocinas locales, ya que la caza de algunas especies todavía es legal en aguas noruegas. No en el Ártico, donde está prohibida, gracias a numerosas campañas de concienciación. Los productos elaborados con piel de foca, aun siendo el mejor aislante contra el frío polar, tampoco tienen ya mercado, lo que ha permitido la recuperación de sus poblaciones. De rebote, los osos polares se han visto beneficiados. Su principal fuente de alimento vuelve a ser abundante, aunque lo que más pone en peligro su existencia está bajo sus pies: el hielo se funde rápidamente. La campaña oceanográfica que acabamos de empezar no tiene relación directa con estos populares mamíferos, sino con los pequeños organismos que sostienen la cadena trófica: fitoplancton y zooplancton. Estos bichitos constituyen los pilares de la vida ártica, aunque sean invisibles. Así, durante los próximos diez días centraremos nuestra atención en esos seres microscópicos, aunque sin dejar de vigilar las aguas y los hielos.