Opinión
Diario de a bordo (IV)
Por Ciencias
Por Raquel Vaquer
* Investigadora del IMEDEA (CSIC), en el ártico
Navegando entre Groenlandia y el archipiélago de Svalbard notamos cómo la temperatura baja rápidamente. Nos adentramos en una zona de hielos. Este año la cobertura del hielo es mucho mayor que el año pasado, cuando se batió un récord histórico de fusión que supuso una reducción del 43% desde 1979 (año en el que nací), una superficie mayor al doble del tamaño de Alaska. Las predicciones auguraban otro mínimo, lo que nos permitiría subir más al norte de los 80º de latitud, pero los mapas de hielo nos hacen renunciar. Si podemos superar los 79º, será todo un logro. Acercarse a la zona de hielo siempre es una experiencia muy agradable. Los trocitos que flotan a nuestro alrededor toman formas caprichosas al ser esculpidos por el agua. Los que se derriten y giran a nuestro paso, toman colores de un azul turquesa muy intenso. Otros pedacitos que giraron hace tiempo parecen estalagmitas heladas que dan refugio a aves marinas. Sobre un témpano podemos observar a una bandada de gaviotas de lo más dispar; entre ellas, algunas gaviotas marfil, completamente blancas, que suelen seguir a los osos polares para alimentarse de sus sobras.
Al verlas nos emocionamos, quizás nos encontremos cerca de uno de ellos. Aunque un compañero local nos desilusiona recordándonos que en Svalbard se las puede ver alimentándose en los vertederos. Vemos pasar un pedazo de hielo con pisadas sospechosas, ¿serán de oso? ¿Tendremos el placer de observar alguno? ¿O seguimos demasiado lejos del borde del hielo?