Opinión
Dos incidentes
Por Eugenio García Gascón
El periodista Gideon Levy dio cuenta ayer de un incidente que le ocurrió el viernes por la tarde. Estaba paseando por un mercado de Tel Aviv junto con su pareja cuando un hombre se les acercó y les escupió en la cara mientras profería amenazas e insultos.
Gideon Levy es uno de los columnistas habituales de Haaretz, desde donde denuncia la ocupación y la radicalización creciente del estado judío. En realidad, es un periodista que escribe para extranjeros.
Hace apenas unas semanas dio una charla en el hotel American Colony de Jerusalén. La sala estaba repleta, pero prácticamente todos los asistentes eran extranjeros, periodistas o cooperantes occidentales que se acercaron a escucharle. El propio Levy hizo una broma en ese sentido diciendo que le llamaba mucho la atención el gran número de oyentes, añadiendo con ironía que si la charla se hubiera dado en Tel Aviv no habría tenido tanta audiencia.
Junto con Amira Hass, Gideon Levy es probablemente el periodista israelí más homenajeado y premiado en el extranjero, aunque es evidente que en Israel no se le aprecia mucho, y a duras penas tendrá más de un puñado de lectores.
El segundo incidente al que quiero referirme es el que tuvo lugar ayer antes de que el presidente Shimon Peres se dirigiera a un foro internacional en Jordania. Los medios israelíes adelantaron que Peres iba a pronunciarse a favor del diálogo y de "aprovechar la oportunidad" para negociar con los palestinos, es decir nada nuevo bajo el sol.
Pero nada más tenerse noticia de la intención del presidente, es decir antes incluso de que hablara, varios ministros le replicaron. Uno recordó que Peres "no es el portavoz del gobierno" y otro dijo que retirarse de Cisjordania "equivaldría a regresar a las líneas de Auschwitz".
Dejando a un lado que Peres es un auténtico encantador de serpientes que deliberadamente usa siempre el tono moderado que le gusta escuchar a Occidente, los dos incidentes constituyen otro pequeño indicio de la deriva de Israel, cada vez más radical y extremista.
Occidente debería abandonar la política de amistad inquebrantable con Israel, aunque sea temporalmente, para obligar al estado judío a cumplir la legislación internacional. La vía del diálogo que dicen defender Peres, los europeos y los americanos hace tiempo que se agotó y a estas alturas está más que claro que lo único que le interesa a Israel es expandir sus colonias sin descanso.