Opinión
Evolución regresiva
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
* Profesor de investigación del CSIC
Aceptada la idea de evolución, durante algún tiempo se pensó que lo mismo podía marchar hacia delante, progresando, como hacia atrás, degenerando. Y eso que nadie hubiera sabido aclarar qué era progreso y qué regreso. Tal vez de forma natural, la escala de medida más utilizada éramos nosotros mismos: cuanto más parecido a un humano, más avanzado; cuanto más diferente, más atrasado. Un ser que tuviera ojos complejos, capaces de distinguir colores, como hacemos nosotros, sería un buen ejemplo de animal superior, mientras que otro que sólo viera en blanco y negro sería menos evolucionado.
- Pare el carro, oiga, el perro no verá colores, pero distingue los olores mucho mejor que usted y yo.
- Ya, ya. Pero el olfato es un sentido propio de animales inferiores.
Qué decir de aquellos animales que, por vivir bajo tierra, como los topos, o en cuevas sin luz, como algunos artrópodos, carecen de ojos o los tienen reducidos, apenas funcionales. Serían un ejemplo típico de degeneración, o evolución hacia atrás.
- Pero, si no sirven, prescindir de los ojos probablemente sea un avance, ¿no cree? Siempre he oído que las máquinas, cuanto más simples, mejor.
- Déjese usted de tonterías, buen hombre.
El político, banquero e investigador Sir John Lubbock, joven vecino de Darwin en Down y casi un hijo para él, dedicó muchos años de su vida al estudio, entonces poco frecuente, de la prehistoria y las civilizaciones primitivas. Y tropezó con un obstáculo inesperado en el discurrir de su razonamiento. Por un lado, los “salvajes” (como entonces eran llamados) le parecían “ingleses degenerados”, pero por otro su formación evolucionista le llevaba a considerar la posibilidad de que fueran “eslabones perdidos” (lo que suponía, gran horror, que alguna vez los ingleses habrían sido así). Probablemente a instancias de Darwin, Lubbock estudió también los insectos sociales, motivo por el cual tenía parte de su mansión repleta de hormigueros y colmenas. Observando a las hormigas que se alimentan ordeñando el líquido dulzón que producen pulgones que trabajan para ellas, Sir John concluyó que habían evolucionado hacia atrás, pues tenían reducido el aparato bucal. Lo más curioso es que, de inmediato, asoció esta conclusión a la evolución potencial de los humanos poseedores de esclavos. Corrían el riesgo, no menor, de degenerar, perdiendo la capacidad de conseguir alimento y procurarse cuidados por sí mismos. Una raza humana regresiva podría advenir.
No hace falta decir que las ideas de Lubbock carecen de cualquier fundamento, pero a día de hoy es inevitable cuestionarse si los avispados vendedores de hipotecas y paquetes de inversión que se han enriquecido brutalmente a costa de provocar una crisis financiera global están evolucionando hacia delante o hacia atrás. Que Dios nos coja confesados.