Opinión
La fusión preventiva de la CAM y Bancaja
Por Vicente Clavero
Aprovechando la relativa calma de la que ha disfrutado en los últimos días, después del devastador temporal del caso Gürtel, FRANCISCO CAMPS ha dejado meridianamente claros sus planes para las dos grandes cajas valencianas. No está dispuesto bajo ningún concepto a que la CAM, como le gustaría a su presidente, MODESTO CRESPO, avance hacia una fusión interterritorial con Caja Murcia y va a poner en juego toda su capacidad de persuasión para engrasar un acuerdo, sin duda complicado, con Bancaja.
Esta inequívoca toma de posición se produce una vez que parece despejado el camino de RODRIGO RATO a la cumbre de Caja Madrid, pese a los palillos que ESPERANZA AGUIRRE ha metido en las ruedas de su candidatura. Camps supone, probablemente con razón, que la llegada del factótum de la política económica de JOSÉ MARÍA AZNAR va a darle otra perspectiva a la cuarta institución financiera de España. Y nada tendría de particular que se recrudeciera su vieja rivalidad con La Caixa, líder del sector desde hace años, a notable distancia de su inmediato perseguidor.
Caja Madrid tiene sólo la mitad de oficinas que la entidad catalana y, al menos durante los últimos años de la presidencia de MIGUEL BLESA, prácticamente se ha limitado a alimentar el crecimiento vegetativo de la red. Este proceso, tan costoso como lento, no basta para acortar de forma significativa su retraso respecto a la Caixa, que sólo podría eliminarse de golpe mediante una fusión potente, en la que no hubiera duplicidades excesivas.
Por razones políticas y por tamaño, Bancaja y la CAM tienen muchas papeletas para ser invitadas a unirse a Caja Madrid cuando Rato se ponga finalmente a los mandos de esta. Tener en su ámbito de influencia un gigante financiero de semejante magnitud seguramente sería bien visto por MARIANO RAJOY, en el caso, claro está, de que supiera abstraerse de la indudable amenaza que para él puede representar el reforzamiento de su antiguo compañero de Gobierno.
Voracidad contenida
Camps no es ajeno a esta posibilidad, pero le preocupan el ánimo depredatorio de Caja Madrid y las presiones de todo tipo de las que puede ser objeto a fin de que no ponga demasiadas trabas a un proyecto muy goloso para el PP. De ahí el interés del presidente de la Generalitat valenciana en que, llegado el momento, Bancaja y la CAM estén fusionadas y en condiciones, por tanto, de negociar en plano de igualdad con Caja Madrid.
Ayudas públicas
La unión de Bancaja y la CAM, además, les permitiría recurrir a las ayudas del FROB, siempre y cuando no se duerman en los laureles, porque hay un riesgo cierto de que la Unión Europea, más bien pronto que tarde, las desapruebe. Ese dinero puede ser recibido como agua de mayo, sobre todo por Bancaja, debido a su elevada exposición al sector inmobiliario, cuyo desarrollo en buena parte de la comunidad financió durante los años del boom a manos llenas.
El problema de las duplicidades
El principal inconveniente con el que tropieza el plan de Camps es el solapamiento de las redes de Bancaja y la CAM, que obligaría a hacer una criba importante de oficinas y personal, con el desgaste político y social que eso siempre conlleva. Sin embargo, la alternativa debe de parecerle aún peor al presidente de la Generalitat, porque dejar que le desmonten el sector financiero valenciano, sin hacer nada por evitarlo, también tendría un coste elevado.