Opinión
Genoma neandertal
Por Ciencias
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos
Las investigaciones sobre el genoma de los neandertales no dejan de sorprendernos, y en buena parte gracias al fabuloso yacimiento asturiano de El Sidrón. Si no hace muchos meses supimos que alguno de los neandertales que vivieron en esta privilegiada región de la Península Ibérica era pelirrojo, ahora sabemos que dos de ellos tenían el grupo sanguíneo 0. Los lectores que posean este grupo sanguíneo podrían haber recibido sin problemas una transfusión de aquellos neandertales. En los restos genómicos de los fósiles de otro yacimiento se identificó hace pocos años el gen FOXP2, demostrando que estaban capacitados para el lenguaje.
Los dibujos de los ilustradores científicos del siglo XIX nos mostraban a los neandertales con un aspecto simiesco, encorvado, peludo, brutal y terrorífico. Durante el siglo XX, las recreaciones se fueron poco a poco humanizando y en la actualidad no nos queda otro remedio que admitirlos en nuestra familia e, incluso, de arrepentirnos un poco por haberlos llevado hasta su extinción. Bien aseados y convenientemente vestidos, los neandertales se pasearían por las calles de cualquiera de nuestras ciudades sin llamar demasiado la atención, o por lo menos no tanto como algunos sapiens que se empeñan en hacerlo.
Algunos paleoantropólogos todavía les conceden el dudoso privilegio de incluirlos en nuestra propia especie. Desde luego, por inteligencia y habilidades todos estaríamos de acuerdo en admitirlos en nuestro distinguido club. Pero existen otros criterios, de los que hablaremos próximamente, que sugieren diferenciarlos de nosotros a nivel específico. Quizás los propios neandertales se hubiera negado a compartir nuestra entidad biológica y se sentirían orgullosos de llamarse Homo neanderthalensis, la denominación que el irlandés William King les asignó en 1864.
Los neandertales se diferenciaron en regiones del sur de Europa, muy probablemente como consecuencia del aislamiento al que fueron sometidos durante milenios por el duro clima de las glaciaciones. Pero también llegaron a expandirse por buena parte de Asia central y el Oriente Próximo durante los periodos de bonanza climática. De no haber sucumbido ante la presión demográfica de nuestra especie quizás hubiera sido innecesario pensar tanto en una Europa unificada, que los sapiens nos empeñamos en repartirnos y en delimitar con caprichosas fronteras a fuerza de guerras interminables. Incluso, no habría de discutir por la nacionalidad del Peñón de Gibraltar, quizás el último reducto de los neandertales.
Este es sólo un juego de palabras, pero también una invitación a reflexionar sobre los caprichoso caminos de nuestra evolución. El estudio del genoma de los neandertales se empeña en explicarnos que podían haber sido ellos y no nosotros los dueños del destino del planeta.