Opinión
Iberia tienta a sus antiguos directivos
Por Vicente Clavero
-Actualizado a
Como zombis recién salidos de sus tumbas, siguen apareciendo en escena antiguos directivos de Iberia deseosos de mojar pan en su futura venta. El primero que asomó la cabeza fue JAVIER SALAS, presidente de la compañía en la última legislatura de FELIPE GONZÁLEZ, y ahora han hecho lo propio XABIER DE IRALA y ÁNGEL MULLOR, artífices de la privatización de la aerolínea bajo el Gobierno del PP.
Este tándem, engrasado en aquellos años de Iberia, lo forman dos personas con distintos orígenes políticos. Irala es un hombre estrechamente vinculado al nacionalismo vasco (su padre fue secretario del lehendakari JOSÉ ANTONIO AGUIRRE) y está al frente de la poderosa BBK. Mullor, por el contrario, vagó en su juventud por los predios del PCE, de cuya legendaria publicación Mundo Obrero fue redactor jefe.
Hay, sin embargo, dos cosas que comparten. Un carácter roqueño, que les permitió mantenerse firmes frente a la guerra sin cuartel que les planteó el sindicato de pilotos. Y el reconocimiento de RODRIGO RATO, promotor del fichaje de Irala, al que sacó de ABB-España para que pilotara el aggiornamiento de Iberia antes de su salida a bolsa. Con la colaboración de Mullor, la operación salió a pedir de boca y Rato no ha olvidado el servicio que le prestaron.
La gestión de Salas fue menos afortunada. Le estalló en la cara la quiebra de Aerolíneas Argentinas, que a punto estuvo de arrastrar a Iberia a causa de una deficiente gestión de la crisis. Él admitió su parte de culpa con una frase lapidaria: “Hemos tenido mala suerte y hemos administrado mal la mala suerte”.
Políticamente, tampoco tiene nada que ver con Irala y Mullor. Salas fue uno de esos ejecutivos que ayudaron a los socialistas, con desigual fortuna, a poner en orden en las empresas públicas. Desde el INI, colaboró con JUAN MANUEL EGUIAGARAY, a la sazón ministro de Industria, en desligar las peritas en dulce (Endesa, Repsol) de las que no tenían arreglo y estaban condenadas al cierre o a vivir de los Presupuestos del Estado.
Algunos directivos de aquella etapa continúan en Iberia, aunque los competidores de Salas cuentan con un valedor mejor: FERNANDO CONTE, trasunto de Irala, al que sucedió como consejero delegado de ABB-España y como presidente de la aerolínea después, puesto desde el que ha aplaudido la iniciativa de su mentor y amigo.
También JOAN CLOS se ha mostrado satisfecho con la aparición de un nuevo consorcio español dispuesto a pujar por Iberia. Ni siquiera parece importarle que carezca de socio industrial, salvo que considere como tal a JUAN JOSÉ HIDALGO, dueño de Air Europa, que participa a título individual. Moncloa, hasta hace poco, prefería la opción de British Airways, siempre que limara algunos aspectos de su plan de financiación. Así que o ha cambiado de opinión o el ministro va por libre.
Irala y Mullor han hecho saber que barajan un precio de entre 3,6 y 3,9 euros por acción. Eso, probablemente, haga desistir de su eventual oferta a Lufthansa, que ya consideraba excesivos los 3,6 euros que los ingleses estaban dispuestos a pagar. Air France sigue sin decir esta boca es mía. Quizás no se haya repuesto aún del contratiempo que ha supuesto para sus pretensiones el anuncio de que la prioridad de su partenaire español, JOSÉ MANUEL LARA, es sacar adelante Vueling.
La gran incógnita de la venta de Iberia, no obstante, es qué harán los actuales socios de referencia y, más en concreto, Cajamadrid, que tiene un 10% del capital. MIGUEL BLESA no es partidario de deshacerse de esa participación, ni descarta sumarse a alguna de las ofertas. Siempre le ha atraído la empresa, de la que intentó convertirse en presidente tras la dimisión de Irala, que prefirió avalar a Conte.