Opinión
Su Ilustrísima no-violenta
Por Javier Vizcaíno
Monseñor Cañizares, por el pacto educativo
Con un par, el editorial exculpatorio del mitrado se titulaba “Contra todo tipo de violencia”. Obviamente, quería decir “Ojo por ojo”. A estos manuscritos esotéricos hay que aplicarles siempre la traducción inversa porque suelen significar lo contrario de lo que proclaman. Y les pongo como nuevo ejemplo la última mini-homilía para La Razón de Monseñor Antonio Cañizares. Llevaba como encabezado “Por el pacto escolar”, pero en el ampuloso texto quedaba claro que lo que propugna es volver al Catecismo ante el fiasco de la LOGSE y progresías del pelo: “El fracaso hondo está en algo más fundamental y originario: está en la educación de la persona, en la que no debería faltar la respuesta a las grandes preguntas insoslayables e irreprimibles sobre el hombre mismo, sobre su sentido, su destino, sobre la verdad última, sobre el ser personal de cada uno, y -¿por qué silenciarlo?- por Dios, cuya afirmación, negación o ausencia afecta de manera decisiva a la configuración de la persona y de la vida social”. Ya ven, “pacto” significa “rueda de molino de comunión obligatoria”.
Para terminar de confundirles, arrojo sobre ustedes el último pensamiento profundo de José María Carrascal en ABC: “Si todos los maridos infieles se suicidaran, el censo de casados iba a disminuir drásticamente. O sea que, pese a todos los avances, hombres y mujeres seguimos siendo diferentes. Ellas son mejores personas que nosotros. Incluso cuando pecan”. Y este no lleva sotana.