Opinión
Inanición mental
Por Ciencias
ÁTOMOS CARGADOS // JAVIER YANES
Tengo para mí que nunca he escuchado a nadie protestar –todo lo más, suspirar– por el precio del BMW, el iPod o el abono de temporada para el fútbol. En cambio, apenas se ha enfriado el cadáver del pasado curso escolar, arranca una letanía plañidera en calles, oficinas y ventanillas mediáticas, sobre lo carísimos que son los libros de texto, y sobre la falla voraz que se abrirá en las esqueléticas economías familiares para costear este titánico
dispendio.
Estúpida reflexión, habrá quien replique: en el caso del alimento cultural y científico de nuestros pequeñuelos, estamos hablando de un bien de primera necesidad y no de un lujo, como son el BMW, el iPod o el abono del fútbol. Bien. Aceptemos, pues, cultura y ciencia como necesidades básicas.
Centrémonos en la segunda, por ejemplo. Pensemos entonces que, de acuerdo al Eurobarómetro de ciencia y tecnología, edición 2005, la mitad de la población española, que confiesa una grave cojera en eso de los avances científicos, sobrevive a duras penas en infrahumanas condiciones de inanición mental.
Al tiempo, un abrumador 84% soporta la inaceptable tortura de no visitar museos de ciencia, esos mismos cuyos pórticos vemos abarrotados de mendigos sin techo tendiendo sus palmas al paso del otro magro y privilegiado 16%, mientras agitan cartones con leyendas al estilo “por fabor tengo cinco ijos, nesecito que me espliquen las lelles de Kepler”.
Desengañémonos.
Mientras creamos que el saber no ocupa lugar y sigamos ignorando que el conocimiento es un lujo, no una necesidad básica, no empezaremos a valorarlo como se merece, con todos sus ceros.