Opinión
Intereses encontrados y sentido común en Iberdrola
Por Vicente Clavero
Si no se ponen de acuerdo antes, IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN y FLORENTINO PÉREZ van a llegar a la junta general de Iberdrola, convocada para el próximo viernes en Bilbao, con las espadas en alto. El presidente de la primera eléctrica española está empeñado en mantener a raya a ACS, que a pesar de ello insiste en reclamar la cuota de poder correspondiente a su participación del 12%.
Según el criterio de proporcionalidad consagrado en la vigente ley de sociedades anónimas, ese importante paquete da derecho a un asiento en el consejo de administración de Iberdrola, que tiene actualmente 13 miembros. De hecho, hay accionistas con un porcentaje menor del capital y que, sin embargo, ocupan plaza desde hace tiempo en el principal órgano de gobierno de la compañía, como la BBK (6,8%) y Bancaja (5,7%).
En representación de ambas entidades forman parte del consejo XABIER DE IRALA y JOSÉ LUIS OLIVAS, respectivamente. El resto de los vocales tienen la consideración de independientes, salvo el mismo Sánchez Galán, que es ejecutivo. Entre ellos hay varios apellidos vascos de renombre (ARREGUI, ORIOL, URRUTIA, BERROETA…), vinculados a los orígenes históricos de la eléctrica.
El presidente nunca ha querido que tome acomodo junto a ellos ningún consejero de ACS, por temor a que acabe convirtiéndose en un caballo de Troya que allane el camino para especular con Iberdrola. Florentino Pérez y sus socios (los ALBERTOS y la familia MARCH) aseguran en cambio que tienen una firme vocación de permanencia, aunque su efímero y lucrativo paso por Unión Fenosa no les avale.
Mientras ACS fue socio de control de esta compañía, Sánchez Galán pudo argüir con razón que, como consecuencia de ello, la constructora entraba en abierta competencia con Iberdrola. Pero ahora es más difícil sostenerlo porque los puntos de fricción se circunscriben a algunas actividades relacionadas con las energías renovables. Además, otros socios de la eléctrica con presencia en el consejo también tienen intereses en ese ámbito y, por igual regla de tres, estarían inmersos en una incompatibilidad flagrante.
Todas estas razones, y seguramente más, saldrán a relucir en la junta general del próximo viernes, que puede convertirse en un campo de Agramante, donde se ventilen sin el menor recato las diferencias entre las dos partes. Pero su obligación es hacer cuanto sea posible para evitarlo. Porque una empresa de la raigambre nacional y la proyección exterior de Iberdrola no merece estar en boca de todos por el enfrentamiento entre su presidente y su primer accionista. Ni se debe permitir que el acto corporativo más solemne del año derive en un lamentable espectáculo.