Opinión
Obama, segunda oportunidad
Por Eugenio García Gascón
El balance de lo hecho por Barack Obama en los últimos cuatros años en lo tocante a Oriente Próximo es parco y deja mucho que desear.
Inmediatamente después de llegar a la Casa Blanca, nombró un enviado especial para el conflicto árabe-israelí. Era un hombre bregado en asuntos muy complicados, que había pacificado Irlanda del Norte, de donde había salido exitoso. Este hombre, George Mitchell, viajó a la región sin descanso pero al cabo de apenas unos meses presentó su dimisión irrevocable. Ocurrió cuando se dio cuenta de que Israel no tenía la menor intención de hacer la paz con sus vecinos. Al contrario, su intención es construir sin descanso para colonos en los territorios palestinos ocupados y en el Golán sirio. Ayer mismo se anunciaron 1.213 viviendas nuevas para colonos judíos en Jerusalén Este.
De Irak Obama ha sacado tropas, pero el legado de los necocón de George Bush hijo sigue en pie y cada día se producen explosiones en Bagdad y en otras ciudades que se cobran muchas vidas humanas. Ayer mismo hubo 27 muertos cerca de Bagdad. La ambición neocón de implantar la democracia en Irak a cualquier precio ha sido un enorme fracaso: el objetivo no se ha conseguido y la violencia campea por doquier.
De Afganistán, mejor no hablar, y menos aún de su democracia.
En Siria parece que el remedio está sentando peor que la enfermedad, pero ahí está la administración americana, decidida a llevar la democracia a Siria de la mano de Arabia Saudí. Obviamente, adonde no se quiere llevar la democracia es a Bahrein, de mayoría chií.
Lo más vistoso del mandato de Obama, aparte de la liquidación de Bin Laden, han sido las revoluciones árabes, un experimento arriesgado al que Obama se apuntó desde el principio. En el caso de Egipto, los islamistas radicales se llevaron el 70 por ciento de los votos en unas elecciones que después han sido anuladas. Muchos occidentales esperaban una victoria de los liberales, quizá porque los medios de comunicación occidentales se engañaron a sí mismos.
Lo más probable es que cuando la economía no mejore, los egipcios se inclinen todavía más al radicalismo. Ahora mismo esto parece ser una cuestión de tiempo, y no de demasiado tiempo.
A Obama se le presenta una segunda oportunidad y para aprovecharla lo primero que tiene que hacer, sin más demora, es obligar a Israel a poner fin a la ocupación. Lo segundo es tratar a los países árabes con una mayor dosis de pragmatismo y abandonar la política idealista que impusieron los neocón y que Obama ha imitado.