Opinión
Pobre Mileva
Por Ciencias
El electrón libre// Manuel Lozano Leyva
La participación sin trabas de las mujeres a la ciencia y la tecnología se considera, al menos en Europa, la cima por conquistar para que el proceso hacia la igualdad de género sea irreversible. Se supone que su incorporación igualitaria a la actividad política y empresarial ya está en vías de solución, mientras que en investigación aún se está en precario. Hay resultados trágicos de la discriminación de la mujer a lo largo de la historia de la humanidad; en ciencia, creo que los dos hitos más significativos son Hipatia (siglo V) y Mileva Maric (siglo XX). Mientras que de la bella martirizada de Alejandría se ha escrito mucho e incluso Amenábar va a hacer una película basada en su vida, de Mileva Maric, la primera mujer de Albert Einstein, se ha escrito poco y casi todo falso.
Mileva nació en 1875, en el seno de una familia de terratenientes de Serbia. Pronto se mostró tan inteligente como bella a pesar de su cojera. Su padre la envió a estudiar a Zurich, dado que en Serbia, como en casi toda Europa, las mujeres no podían matricularse en la universidad. El Instituto Politécnico de Zurich era no sólo el mejor centro universitario europeo, sino uno de los pocos (¿el único?) que admitían a mujeres. La ciudad suiza era un hervidero de ideas donde conspiraban personajes como Lenin y Trotsky o feministas como Alejandra Kolontay y Rosa Luxemburgo. Mileva empezó a estudiar medicina, pero pronto cambió a matemáticas y física. Era brillante de verdad. Entonces conoció a Albert Einstein y ambos se enamoraron perdidamente. La familia de él se oponía a que se casaran, porque Mileva no era judía, por su cojera y porque además era unos años mayor que Albert. Pero ella se quedó embarazada y ahí empezaron sus desdichas. Fue a su casa serbia a parir y dejó a la hija que tuvo, Lieserl, con sus padres. Parece que la niña terminó dada en adopción e incluso se dice que murió. Cuando Mileva regresó a Zurich, se casó con Albert, pero ya no volvió a ser la misma. Empezó a fallar en los exámenes y nunca encontró trabajo. Tuvieron dos hijos más y Albert comenzó a tratarla mal y a desentenderse de ellos. Finalmente, se separaron de manera tormentosa.
Las falsedades respecto a Mileva se basan en su supuesta coautoría en la teoría de la relatividad, hipótesis basada en un par de frases ambiguas en cartas de su marido y en el hecho de que Einstein le cediera el montante de su premio Nobel. Mileva animó mucho, humana y científicamente, a su esposo, pero jamás escribió un artículo científico y los 180.000 francos suizos del premio se los envió Einstein para no tenerse que preocupar del efecto de la hiperinflación alemana en la manutención de su familia. Lo único cierto y probado es que Mileva Maric fue víctima de los prejuicios y de la discriminación de la mujer. Pobre Mileva.
* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla.