Opinión
Política o imagen
Por El Mapa Del Mundo
No ha empezado con este siglo XXI, pero el fenómeno está empezando a adquirir tintes preocupantes, o a lo mejor los preocupantes somos los que nos mostramos preocupados por el fenómeno. La ecuación es más o menos así: la democracia se juega sobre todo en las elecciones como momento álgido de la competición por el poder. Pero los que compiten son cada vez más tributarios de dos condicionantes: la imagen y las encuestas de opinión.
Uno, francamente, no recuerda a Churchill, Adenauer o De Gaulle pendientes ni de sus corbatas, ni de las encuestas de opinión. Ellos jugaban a las cartas con la Historia, de tu a tu. Pero Blair, como Sarkozy, Zapatero (Rajoy ya veremos, si llega el día), o Berlusconi están pendientes, qué digo, esclavizados por ello. Unos de modo obsesivo, otros con más resignación. Pero los que han querido resistirse a este dictado, pongamos por caso tipos como Prodi o Schroeder, lo han pagado caro.
Parece que no basta con instalarse en una cierta tozudez estratégica, en mostrar una elegante indiferencia ante los vaivenes de unas opiniones públicas tan volátiles como susceptibles de pánicos colectivos. Prodi, como en su día Oskar Lafontaine, ha sido víctima de su propia razón, y en política esto parece no llevar a ninguna parte. Hombres discretos como Rocard o Balladur acabaron sus mandatos con un balance muy bueno, pero ello no les evitó el fracaso ante adversarios más superficiales. La democracia se ha instalado en la volatilidad de la imagen y de las encuestas.
Pere Vilanova