Opinión
Sobre el cine
Por Joan Garí
Dice una encuesta reciente que la gente, cuando le preguntan por el cine español, responde que lo considera bueno, pero luego les cuesta horrores llegarse hasta la sala, comprar la entrada y ponerse a verlo. Ser contradictorio no es ningún vicio nacional (hay otros peores), aunque tampoco estaría mal que, si apreciamos el audiovisual propio, lo demostráramos con un poco más de ahínco. Supongo que todo el mundo conoce esa especie de mostrenco, tan típicamente celtibérico, que cuando deja de hurgarse con un mondadientes machacado aprovecha para soltar (es su gran hallazgo argumentativo) aquello de que “el cine español es un rollo”. Naturalmente, la segunda parte de este genial aforismo es igualmente previsible: “Donde esté una peli americana…”. Todo esto es muy emocionante, pero habría que recordar, ante este reiterado argumentario, que en Estados Unidos se han hecho algunas de las mejores películas de la historia… y la mayor parte de las peores. Decir “cine americano”, en este sentido, no es decir nada. Decir Coppola es decir algo, decir Scorsese igual, decir Kazan es quitarse muy ceremoniosamente el sombrero y así sucesivamente. Pero se trata, y no deberíamos olvidarlo, de un ejercicio semejante a decir Almodóvar (aunque no sea santo de mi devoción), Amenábar, León de Aranoa e tutti quanti. La lección de todo esto es que no hay excelencias “nacionales”. Hay basura y diamantes en todas partes, incluido el vertedero de la esquina. Si hay algo universal es precisamente el arte, aunque sus raíces siempre son locales. Que alguien se lo explique al tipo del mondadientes, por favor.