Opinión
En la soledad de Ramala
Por Eugenio García Gascón
Se cumplen dos meses desde el inicio de la habba o levantamiento de Cisjordania, y durante estos 60 días han muerto más de un centenar de palestinos y más de una veintena de israelíes.
En estos dos meses el presidente Mahmud Abás ha celebrado periódicas reuniones con los jefes de la seguridad palestina, así como con los responsables de su partido, Fatah, en las distintas áreas que en teoría están bajo su mando.
En esas reuniones Abás ha sido claro: hay que evitar a toda costa que la habba se arme, hay que hacer todo lo posible para que la habba siga siendo una reacción espontánea de la población de la Cisjordania ocupada, y bajo ningún concepto las autoridades palestinas deben dar la impresión de que están implicadas en lo que está ocurriendo, a direrencia de lo que ocurrió durante la segunda intifada.
Mahmud Abás tiene ya 80 años pero sigue aferrándose al poder y a una idea, la de que los palestinos conseguirán sus objetivos pacíficamente, que se se ha revelado absurda.
La semana pasada Abás recibió en Ramala a John Kerry. La reunión fue un sonoro fracaso, como subrayan numerosos líderes políticos de su entorno.
Kerry le transmitió un mensaje del primer ministro Benjamín Netanyahu según el cual Israel haría ciertas concesiones económicas a cambio de que Abás detuviera la habba. Abás respondió que durante muchos años no ha habido habba y los israelíes no han hecho ninguna concesión, sino más bien lo contrario.
El mandato de Abás está agotado y sin embargo se niega a abandonar la Muqataa. La detención o continuidad de la habba sencillamente no depende de él. Durante años Abás ha mantenido a su pueblo a raya bajo una fuerte represión y en estrecha colaboración con el ejército israelí
Y una década después de asumir el poder, tras la muerte de Yaser Arafat, Abás puede decir que ha fracasado estrepitosamente, que Israel ha consolidado y ampliado la ocupación y que cada día que pasa su situación personal y política es más bochornosa
El presidente palestino está cada vez más solo, encerrado en la Muqataa, aislado de la realidad palestina y haciendo todo lo que le dicta Israel. Si Abás no acaba con la habba es sencillamente porque no puede y no porque no quiera.