Opinión
Urticaria en el Constitucional
Por Juan Carlos Escudier
Se ha querido ver en la frustrada renuncia de tres magistrados del Constitucional la manifestación de una crisis de Estado, que se completaría con las últimas tribulaciones de un Gobierno al que se considera en acelerado tránsito hacia el otro barrio. Permitan otra opinión: estamos ante un ataque de urticaria. No es por restar méritos al gesto con el que Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera y Javier Delgado han pretendido forzar la renovación del Tribunal y, de paso, sacar los colores a los responsables de su parálisis, aunque quepa preguntarse por qué lo han tenido precisamente ahora. Si es un escándalo que estos tres magistrados lleven ocho meses en una interinidad forzosa, ¿cómo calificar que Roberto García Calvo siga sin tener sustituto cuando lo que expiró hace tres años no fue su mandato sino él mismo?
Los magistrados tienen una dermis muy fina y reciben las críticas como picaduras de avispas africanas. Si el interminable fallo sobre el Estatut fue un motivo de irritación constante, los recientes y, en este caso, injustificados ataques que han sufrido a cuenta de la sentencia sobre Bildu han sobrepasado lo que piel tan sensible podía resistir. He ahí el motivo último de la urticaria.
La politización a la que PSOE y PP han condenado al Tribunal es lamentable, y lo son aún más las maniobras dilatorias de los populares para conseguir, tras las elecciones, una renovación que favorezca sus intereses, lo cual dice mucho de la independencia de los magistrados. Pero hay que recordar que hace un año ambas fuerzas se pusieron de acuerdo para tumbar una moción que limitaba a 90 días el plazo en el que los miembros de la institución podían permanecer en funciones. Si a empresarios y trabajadores se les quiere imponer un laudo arbitral en caso de desacuerdo, ¿por qué no hacer lo mismo con unos partidos que incumplen sus obligaciones constitucionales?
Del descrédito del TC son culpables los partidos, pero alguna responsabilidad tendrán también unos magistrados, cuyos bloques, salvo puntuales excepciones, son casi de guerra fría. Se echa de menos alguna autocrítica. ¿Demasiado para su piel?