Opinión
Otra vez una y grande
Por Javier Vizcaíno
Milagro de fin de estío: España ya no se rompe. Una reforma constitucional de prisa y corriendo porque a Merkel le apretaba el corsé ha ejercido como Loctite salvador. “Estará bien si irrita así a los nacionalistas”, celebraba ayer el editorialista de El Mundo, refocilándose en las quejas de los malvados periféricos: “Lo que en realidad les molesta es que su sueño de una España confederal se desvanece cuando PSOE y PP llegan a un pacto de Estado, como es el caso. Es precisamente esa irritación la que demuestra que el acuerdo es bueno para el país”.
La algarabía pedrojotesca alcanzaba al mismísimo -tu quoque?- Raúl del Pozo. Más jacobino que nunca, proclamaba: “Vuelve España”. Y de propina, una invectiva que parecía talmente parida por Jiménez Losantos: “Se acabó el cheek-to-cheek, la mejilla contra la mejilla, del socialismo con los partidos que socavan la Constitución, los que llevan muchos años usando la demagogia para alcoholizar a sus seguidores y chantajear con su martirologio a Madrid”.
El consenso era esto
Aires de fiesta también en ABC, que barnizaba de épica el titular sobre el asunto: “PSOE y PP imponen sus votos contra el boicot constitucional del nacionalismo”. A mayor abundamiento, un doble editorial remarcaba, jugando con los puntos suspensivos: “Vuelta al consenso... sin el nacionalismo”. Al quite, Ramón Pérez Maura se albriciaba: “El chantaje al que los nacionalistas tienen sometida a la democracia española no tiene tanta fuerza como ellos creen. Ayer fue un gran día para nuestro sistema de libertades porque las dos grandes formaciones políticas nacionales reunieron 318 votos en el Congreso de los Diputados y demostraron que el consenso es exactamente eso”.
Por similar vereda transitaba el editorialista de Libertad Digital, siempre presto al corte de mangas a los disolventes: “Es posible que la reforma constitucional tenga un efecto positivo: dejar en evidencia que PP y PSOE representan a más del 80% de los españoles y que, por tanto, no es ni mucho menos imprescindible la aquiescencia de los nacionalistas para modificar la Constitución”.
Y como prueba del algodón definitiva e irrefutable del triunfo de lo correcto, la que aportaba Cefas en La Razón: “Llevo días buscando entre mis amigos y conocidos alguien que quiera el referéndum. No lo encuentro”. Estrecho círculo de amistades, pardiez. Pregunte a Rosa Díez, hombre.