Opinión
Otra vez Haití
Por Público -
Veinticinco años después de su derrocamiento tras 15 años de Gobierno, Jean-Claude Duvalier, llamado Baby Doc por ser el hijo y heredero del dictador haitiano Papa Doc, que duró 25 años en el poder, ha vuelto a Haití desde su exilio en Francia con la intención de ser elegido presidente “para ayudar a su pueblo”. Tal vez se le acabó la fortuna que se llevó al extranjero (500 millones de dólares, según se dijo entonces), o tal vez los bancos suizos han cumplido por fin su reiterada promesa de congelarle sus cuentas. Pero el caso es que volvió y, aunque lo acusaron ante la Justicia de saqueo y de genocidio, pasea por las calles y hasta da ruedas de prensa.
Y también anuncia su vuelta a Haití, desde su exilio en África del Sur y a los seis años de su segundo derrocamiento (pues ya había vuelto una vez para ser reelegido presidente), Jean-Bertrand Aristide. También él quiere que le den la oportunidad (la tercera) de “servir al pueblo haitiano” desde la Presidencia, si se anulan como pide la ONU, las fraudulentas elecciones ganadas hace un mes no se sabe muy bien si por la mujer del ex presidente Leslie Manigat (derrocado y enviado al exilio en 1988) o por el yerno del hoy presidente René Préval, que también lo es por segunda vez (ya lo había sido entre 1996 y 2000, cuando lo sucedió Aristide, por entonces recién regresado de su primer exilio en Estados Unidos).
Ahora bien: el desventurado Haití (que actualmente padece una mortífera epidemia de cólera y está bajo la ocupación de las tropas de las Naciones Unidas, por otra parte transmisoras directas del contagio de la enfermedad, venidas hace un año para mantener o restaurar el orden a raíz del devastador terremoto de hace un año), el desventurado Haití, digo, es uno de los dos o tres países más pobres de la tierra. No tiene minas, no tiene industria, no tiene agricultura. En el sector servicios puede brindar algo de turismo sexual, como en general las islas del Caribe; pero poco, porque lo azota el sida. No tiene en su subsuelo ni diamantes ni petróleo, ni hay casi peces en sus aguas, y hace ya muchos decenios que se acabaron sus bosques de explotación de maderas tropicales preciosas. Es pobre de solemnidad y sobrevive fundamentalmente de donaciones de organizaciones no gubernamentales y otras limosnas. Y entonces, ¿de dónde saca el desventurado Haití con qué sostener en el exilio a tantos presidentes derrocados y multimillonarios? ¿Y por qué todos ellos quieren volver?