Opinión
Yasuní
Por Ciencias
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
* Profesor de investigación del CSIC
La biología de la conservación gusta homologarse a la medicina: los médicos investigan y trabajan para curar a la gente, y los biólogos de la conservación para curar a la biodiversidad. Hace unos años un científico famoso publicó un artículo demoledor en el que venía a decir que, mientras la investigación médica cumple con su deber, y encuentra vacunas y erradica enfermedades, la biología de la conservación no lo hace: Seguimos perdiendo biodiversidad a chorros; nuestra investigación permite conocer mejor la naturaleza, quizás diagnosticar problemas, pero no cura. El científico crítico olvidaba la cantidad de niños que mueren cada año por diarreas fácilmente remediables, sin que quepa ninguna responsabilidad al conocimiento biomédico. Lisa y llanamente, las prioridades de nuestro mundo son otras.
Recordaba este asunto oyendo una charla sobre la conservación del parque nacional de Yasuní, en Ecuador, al que la UNESCO ha reconocido como patrimonio natural y cultural de la humanidad. Situado en la alta Amazonía, allá donde Orellana y los suyos comenzaron el viaje en el que, según fray Gaspar de Carvajal, tropezaron con las mujeres guerreras que dieron nombre al gran río, el Yasuní es una zona extraordinariamente rica en biodiversidad con, por ejemplo, el mayor número de especies de árboles jamás detectados en una sola hectárea. Además, viven en su interior al menos tres grupos indígenas que conservan gran parte de su cultura tradicional, y dos más que prefieren mantenerse alejados de nuestra civilización, recluidos en lo más hondo del bosque. Son parajes que merecen ser conservados, de ahí que el gobierno ecuatoriano delimitara en su día 700.000 hectáreas como “zona intangible”. Pero las buenas intenciones duraron lo que tardó en hallarse petróleo. Asunto de prioridades, también aquí.
Para extraer petróleo ha sido preciso redibujar el parque y reinterpretar las normas, siempre en perjuicio de los indígenas y la diversidad biológica. En mayo de 2007, presionado por las protestas locales e internacionales, el presidente Correa hizo una propuesta novedosa: Renunciaría a la explotación si durante diez años la comunidad internacional compensaba al país con 350 millones de dólares anuales, aproximadamente la mitad de los ingresos que esperaba obtener del oro negro. Contraponiendo el “oro verde” actual con el negro potencial, las gentes del Yasuní luchan por obtener garantías gubernamentales (¿qué pasará transcurridos esos diez años?) y conseguir los fondos requeridos. ¿Qué pueden hacer los biólogos de la conservación ante un problema expuesto con tanta crudeza y nitidez? Bien poco. Contarlo, ayudar, pedir ayuda… Y lo más descorazonador es que con ese petróleo, cuya extracción puede destruir las riquezas naturales del Yasuní y causar tanto dolor, tan sólo se cubriría la demanda mundial durante cinco o seis días. ¡Feliz año nuevo, a poder ser gastando menos!