Opinión
Locura del bufón y de la criminal
Periodista y escritora
Buscar un lugar mental común y encontrarnos. Ahí, no ponernos a salvo, sino imaginar juntas, recuperar la capacidad de soñar un mundo. Que ese mundo resulte lo más idílico posible. Retomar la utopía para dinamitar la losa del posibilismo bajo la que boqueamos sin llenar los pulmones desde hace demasiados años. Hace décadas.
Pensar de forma extravagante para existir así. Enarbolar la excentricidad grupal como un grito contra las correcciones tristes del modelo actual, abandonar este centro amplio como un agujero gris en el que hemos ido dejándonos caer.
Deberíamos encontrar el momento exacto en el que perdimos los disfraces y las máscaras. Fue entonces cuando dejamos de jugar con la realidad y nos plegamos al “inevitable” devenir de los tiempos.
Decidirnos por la improductividad y rendir festivo desacato a las autoridades. Volver a reírnos de la autoridad, sí, esa ridícula pose de los ignorantes, de los tristes, de los incapaces.
Hace unos días viajé con un hombre muy joven y muy inteligente, veiteañero. “Todos estamos en la playa, y viene el tsunami”, me dijo, “Habrá quien no lo sepa, pero tú sabes que viene el tsunami de la misma manera que lo sé yo. La diferencia es cómo nos enfrentamos a la ola que se nos llevará por delante”. Frente a nosotros, la carretera, vacía entre semana, se adentraba en el Pirineo hacia la frontera francesa. Pensé: “Que nos pille bailando”.
Recordé la cantidad de veces en mi vida en las que he sabido que venía el tsunami, todas las épocas-tsunami por las que hemos pasado, todas las playas, todas las veces en las que el vértigo de un quiebre en el tiempo nos ha dado la excusa para soñar. Entonces, me dio por buscar la diferencia entre esta época y el resto, y la encontré. Esta es la primera en la que no veo locas ni locos, divines loques, en la que no encuentro por ningún sitio las locuras necesarias del bufón y de la criminal. El bufón y la criminal como formas de enfrentarse a la autoridad y ponerla en evidencia.
Es esta grisura la que nos está matando, esta grisura sin salida ni esperanza. Es el posibilismo. O rompemos con eso, o ganan ellos.
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