Opinión
Un Mark Rutte para Garamendi
Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
El presidente del PP solo ha encontrado el apoyo a sus palabras para criminalizar a los trabajadores por su "absentismo" en los líderes de la CEOE, Antonio Garamendi; de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre; de la CEIM, la patronal madrileña... o del presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), Lorenzo Amor, que también es vicepresidente de la CEOE. Amor, por cierto, se ha apresurado a sacar pecho por que los asalariados/as suman hasta cuatro veces más bajas que los autónomos. O sea, los y las autónomas quejándose porque tienen que ir a trabajar enfermas -si no curro, no cobro- y en lugar de pedir al PP más derechos para estos trabajadores, el señor Amor los pone como ejemplo, incluso, argumentando que el 23% de ellos/as no cogerá vacaciones en todo el año, también según los datos de ATA. ¡Y siguen sin enfermar! Con representantes así antes las administraciones, a ver quién necesita el látigo: no a las vacaciones y sí al trabajo con enfermedad, el manual del buen currante español para el siglo XXI.
Alberto Núñez Feijóo -duele hasta volver a contarlo- se despachó contra el "absentismo" laboral entre la más supina ignorancia y la más criminalizadora de las intenciones contra los y las trabajadores. El líder del PP lo mezcló todo: el aumento de las bajas por enfermedad, los permisos por maternidad y paternidad, para cuidar a un dependiente, por la muerte de un familiar cercano... Todo en el mismo saco de un posible fraude, alentado una y otra vez en un discurso dirigido a empresarios vascos y plagado de desconocimiento y crueldad, encima, al llamar "cáncer" a un "absentismo" que no es tal y que deja a los médicos que prescriben la Incapacidad Temporal (IT) -demasiadas veces, por cierto, debida a un cáncer- en el papel de mafiosos vendebajas, o así.
La patronal y su máximo representante, Antonio Garamendi, ya tienen a su Mark Rutte, el susurrador pelota de Donald Trump y secretario general de la OTAN, aunque esto último es lo de menos. No hay sentido del ridículo que frene a Rutte a la hora de glorificar al presidente de EE.UU., como tampoco lo tiene Feijóo a la hora de dar la razón a la elite empresarial con argumentos tan pueriles como falsos y de brocha gorda. Claro que han aumentado las bajas laborales, como ha aumentado el número de trabajadores en España, su envejecimiento, el deterioro de la sanidad pública -competencia de gobiernos del PP y de PP/Vox mayoritariamente- o los problemas de salud mental entre los jóvenes tras la pandemia de COVID, sobre todo.
La brocha gorda con la que el populismo de ultraderecha pretende criminalizar la precariedad, sin embargo, es un recurso más viejo que el andar. Un dato descontextualizado y ya está el lío montado. Ocurre con la inmigración, culpable de tensionar los servicios públicos, según Vox y el PP; ocurre con las feministas, culpables de que los hombres se sientan amenazados, u ocurre también con los trabajadores, cupables de un fraude masivo a las empresas y a la Seguridad Social por no ir a trabajar cuando enferman y siguen cobrando. ¿Qué ha conseguido la extrema derecha siempre con toda esta mentira y manipulación de libro? Que los vulnerables se ceben con otros/as que son igual o más vulnerables porque, por ejemplo, "Tú no vas a trabajar porque estás enfermo y yo me deslomo haciendo tus horas y sin que me las paguen". La culpa nunca es de quien no paga horas extras, de quien hace un negocio obsceno con la vivienda, de quien no invierte en sanidad o educación pública o de quien obtiene beneficios históricos en su empresa. Y Feijóo lo sabe, eso sí lo tiene bien aprendido.
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