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ANÁLISIS

El 'no' de la CUP a Junts pel Sí explicado a la izquierda española

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Los diputados de la CUP, Anna Gabriel, Joan Garriga y Gabriela Serra. - EFE

Hay una parte de la izquierda española que no entiende nada de qué carajo pasa con la CUP, Junts pel Sí y los presupuestos de la Generalitat. Si el nacionalismo es de derechas, ¿por qué la izquierda radical independentista daba apoyo al president Carles Puigdemont? Pero... oye... si les daban apoyo, ¿por qué votan en contra de los presupuestos de la Generalitat? El Proceso independentista catalán, digan lo que digan en una Convergència que mira de reojo al 26-J, no se ha acabado. Y, digan lo que digan, el Proceso independentista ha virado a la izquierda.

La inédita pinza entre medios de comunicación de la derecha española y medios del centro-derecha catalán asegura que el Procés indepenentista se ha acabado, que el pacto se ha roto y que toda esta 'pesadilla' soberanista se ha acabado. 

Las cosas, sin embargo, no van así.

Hay una cuestión clave que a menudo pasa desapercibida: Convergència, el partido más importante de los últimos 30 años de democracia en Catalunya y la base de la nacionalismo catalán, tiene hoy sólo treinta diputados en el Parlament. Sólo 30 de 135. En 2010, la antigua CiU tenía 63. En seis años, el movimiento soberanista ha virado a la izquierda, pero Convergencia ni lo ha entendido ni lo ha asumido.

El Proceso independentista catalán, digan lo que digan en una Convergència que mira de reojo al 26-J, no se ha acabado. Y, digan lo que digan, el Proceso ha virado a la izquierda

¿Ha virado, pues, Catalunya hacia la izquierda? Lo único que está claro es que se están moviendo las placas tectónicas. El terremoto que vive el país lo está cambiando todo. El auge independentista, la caída de los partidos defensores del statu quo y la crisis económica son los explosivos catalanes sobre el andamiaje del Régimen del 78. Los nuevos liderazgos sociales, todos ellos femeninos, ─desde Ada Colau, alcaldesa de Barcelona y exportavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, hasta Carme Forcadell, presidenta del Parlament y antes portavoz de la Assemblea Nacional Catalana─ sugieren un cambio de fondo en las formas de hacer política en el hasta ahora “oasis catalán” controlado y dominado por CiU.

Convergència, después de una dura derrota por no poder aprobar los presupuestos de este año, ha decidido forzar una cuestión de confianza en el Parlament porque se declara incapaz de negociar cada semana leyes y acuerdos con un partido como la CUP. ¿No sabían con quién pactaban? Esperaban de la CUP un apoyo acrítico, que lo diera todo por la patria y que cumpliera con los límites de déficit de Montoro. Pretendían que un partido anticapitalista votase a favor de los presupuestos sin ni siquiera incrementar los impuestos a los catalanes que ganan más de 100.000 euros al año. Da la impresión que no sabían qué era la CUP.

La CUP no surgió hace un par de años. No es nueva política. La CUP es un partido independentista antes del estallido independentista; un movimiento social de lógicas 15-M antes del 15-M

La CUP no surgió hace un par de años. No es nueva política. La CUP es un partido independentista antes del estallido independentista; un movimiento social de lógicas 15-M antes del 15-M; y que se reivindica anticapitalista y comunista 25 años después de la caída del Muro de Berlín. La CUP, que nació en el año 2000 en una asamblea en Vinarós, en la comarca del Bajo Maestrazgo del País Valencià, es la única candidatura de la izquierda independentista más allá de ERC que ha entrado en el Parlament después de 30 años de fracasos desde el BEAN de Xirinacs hasta a Nacionalistes d’Esquerra pasando por el PSAN. Hoy, sin embargo, tiene 336.375 votos, casi los mismos que obtuvo el Partido Popular.

No es un partido clásico, no tiene presidente ni tiene líder. No se presentan ni a las elecciones españolas del 26-J ni tampoco se presentaron a las europeas. Se ponen sueldos de 1.400 euros, no permiten renovar en el cargo a sus diputados más allá de una sola legislatura, huyen de los portavoces y los liderazgos, no tienen deudas con la banca. Los viejos esquemas no sirven. Intentar negociar con ellos a cambio de cuotas de poder o pensando que pensarán en las próximas elecciones no funciona. El analista de La Vanguardia Enric Juliana los apodó “los franciscanos de la política catalana” por ser capaces de renunciar incluso a su propio capital político.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, saluda a los consellers Neus Munté y Raül Romeva en el pleno del Parlament. - EFE

Muchos articulistas del entorno nacionalista en Catalunya no entienden hoy por qué la CUP no dio apoyo a un gobierno de Junts pel Sí liderado por Artur Mas ni da apoyo a los presupuestos 'sociales' de Carles Puigdemont. Tampoco lo entiende una parte de la izquierda española. Sólo apretarán el botón nuclear de la independencia cuando estén seguros de que Convergència va en serio. El problema, sin embargo, no es la CUP. El problema es la estrategia de Junts pel Sí y, en concreto, la táctica de Convergència.

Paradójicamente la CUP es la única que defiende, después de votar 'no' a los presupuestos, que el pacto con Junts pel Sí continua vigente y que el Proceso sigue adelante a pesar del rechazo a lo que ellos consideran "unos simples presupuestos autonómicos". La diputada cupaire Eulàlia Reguant ha dicho: "Hoy no se rompe ningún acuerdo político; hoy el acuerdo político que teníamos muta".

Los sectores más radicales de Convergencia han decidido plantar batalla y aprovechar la crisis de los presupuestos para ir a elecciones anticipadas

Pero los halcones de Convergència se han cansado. Al menos, mientras haya campaña electoral. La candidatura de Francesc Homs busca los votantes del sector más conservador y que no soportan pactar contra la extrema izquierda. Les llaman sector 'Goodbye Lenin': no han asumido aún el adiós (o hasta luego) de Artur Mas provocado por la CUP.

En Catalunya todas las voces soberanistas han salido a la carga contra la CUP. Máxima presión social, política y mediática. Puigdemont llegó a decir que se acababa el proceso si no había presupuestos aunque CDC y ERC dijeron mil veces el año pasado que habían aprobado los últimos presupuestos autonómicos de la historia de Catalunya. ¿Nadie lo recuerda? De hecho, los presupuestos autonómicos que ahora son fundamentales no aparecen ni siquiera en la hoja de ruta hacia la independencia que aprobó Junts pel Sí. Dirigentes de Esquerra reconocen off the record que el gobierno catalán puede seguir con presupuestos prorrogados y preparar ya la negociación de los presupuestos de 2017.

Lo que pasa aquí es que los sectores más radicales de Convergencia han decidido plantar batalla y aprovechar la crisis de los presupuestos para ir a elecciones anticipadas. El objetivo parece ser el de generar las máximas contradicciones en la CUP para que su presencia, en el Proceso y en el Parlament, sea testimonial en el futuro. Hay que corregir lo que consideran un gran error de la historia: que la CUP tenga 10 diputados decisivos.

Lo que está en juego es quién será el partido que liderará el Procés. Lo que está en juego es qué partido será hegemónico en la Catalunya en los próximos diez años

Los halcones de Convergencia necesitan recuperar algunas posiciones de la antigua CiU para mejorar sus resultados electorales en Catalunya para volver a imponer su fuerza. Recordemos que Convergència quedó cuarta en las últimas elecciones por detrás de En Comú Podem, PSC y ERC y, en concreto, en la provincia de Barcelona, quedó en quinta posición también por detrás de Ciudadanos. Convergència está muy debilitada, en pleno proceso de refundación del partido, con una silenciada crisis de liderazgo y luchas internas intestinas... y necesita un buen resultado el 26-J. La estrategia pasaría por tapar las fugas de voto por la derecha o el voto más conservador que CiU tuvo siempre y ahora se está yendo a Ciudadanos o incluso al PP. Francesc Homs ha sido durísimo contra la CUP durante las últimas semanas. Ha llegado a decir: "Estoy llegando a la conclusión de que la CUP y la independencia son antónimos".

Lo que está en juego es quién será el partido que liderará el Procés. Lo que está en juego es qué partido será hegemónico en la Catalunya en los próximos diez años. Ante el derrumbe del PSC y a la espera del papel que puedan tener Los Comunes de Ada Colau, la batalla es entre CDC y ERC.

David Fernández ya dijo en su primera rueda de prensa en el Parlament en diciembre de 2012: “Hemos venido a agobiar a la derecha y a estresar a la izquierda. No venimos a complementar las fuerzas ya existentes”. Vienen meses de tensión máxima en Catalunya. Abróchense los cinturones.