Opinión
Entre la rabia y el miedo
Por Marta Nebot
Periodista
1- La rabia por haber perdido contra todo pronóstico, por no poder hacer caer al Gobierno a pesar de que todo el que puede hacer está haciendo -incluso por encima de sus posibilidades-; frente a la rabia por unos procedimientos, tiempos y filtraciones judiciales más que injustos y por unos errores de casting monstruosos. Rabias de frustración pugnando entre sí. Una por no saber perder, otra por no estar dispuesta a perder por cojones.
2- El miedo a no ganar ni en las siguientes. La vez anterior, en el 96, cuando, como contó Luis María Ansón en una entrevista en la revista Tiempo dos años después, solo consiguieron que Aznar derrocara a Felipe por 300.000 votos tras una “operación de acoso y derribo”, se “rozó la estabilidad del Estado”.
Esta vez están poniendo dinamita en sus cimientos. Están volando en mil pedazos la credibilidad de la Justicia y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Será que el terror por sus excesos va en aumento. Será que temen más a Pedro Sánchez que lo que temieron al todocarismático Felipe González.
Y al otro lado el miedo a la constatación de que se pueden derrocar gobiernos haciendo en vez de votando y el pavor a sus lanzallamas y a sus motosierras y a que su mayoría absoluta en ambas cámaras podría derogarlo todo, como amenazan desde hace tiempo. El terror a sus sobreactuaciones para escenificar la verosimilitud de su tesis más loca: el sanchismo es todo y todo el sanchismo es corrupción o comunismo -lo que en su idioma viene a ser lo mismo-. Y ahí peligran derechos sociales tan peleados: el aborto, la eutanasia, las pensiones revalorizadas al IPC de cada año, las subidas del SMI, las becas para más de un millón de estudiantes, la sanidad y la educación públicas de calidad, la integración LGTBIQ+, la de la inmigración que ya paga el 14% de las cotizaciones sociales y, a lo peor, hasta el seguir siendo la economía que más crece de Europa con récords de creación de empleo.
Y también nuestro papel en la política internacional, en la pelea contemporánea y crucial por un mundo más justo y más seguro, por una IA democrática y humana.
Las encuestas en las que se reconocen estas rabias y estos miedos dicen que crecen.
En mi bolita de cristal -porque yo también me hice con una cuando me cansé de verme influida por las del resto - veo una contienda muy ajustada de nuevo, donde, como acaba de pasar en Perú o en Colombia, el país se divide en dos casi por en medio. Y del casi dependerá todo: el que gane lo hará por poco y necesitará de otros, como marca nuestro sistema parlamentario. Los votos de Vox serán imprescindibles para el lado derecho y eso incluso Feijóo lo ha asumido y anunciado. ¿Pero y los de Junts per Catalunya? A los del PNV parece que ya han renunciado.
Así que volveremos a estar pendientes de los dos centímetros, de cada uno de los votos, de un ay que puede cambiar la historia, de lo que seguramente pensó el que disparó a Trump antes de ser abatido.
Y será trascendental lo que se haga y lo que no en el tiempo de descuento: la presentación de unos Presupuestos Generales del Estado y del consiguiente proyecto de país para unos y para otros; la aprobación del plan anticorrupción prometido -el más ambicioso de la democracia-; un pacto básico de financiación autonómica con unas cuentas tan compresibles como justas; la ejecución del Plan Estatal de Vivienda ya aprobado, doblando su presupuesto; la conclusión de la regulación migratoria y el prometido refuerzo y defensa de los servicios públicos; y el primer debate parlamentario sobre defensa y su encaje en la defensa europea. Es decir, política y valentía, además de miedo y rabia.
Se haga lo que se haga en este lapso parece que la bala ya ha sido disparada y, pase lo que pase después, aquí seguiremos todos magullados; aquí seguirá la sacrosanta y malherida convivencia, ésa que ya sangra.
Esta vez el ataque a los cimientos del Estado de derecho ha sido tan brutal, tan copia mimética del método ultra internacional, que va a poner en peligro hasta la legitimidad del siguiente resultado electoral.
Vox anuncia ya pucherazo si no ganan. ¿Qué creen que pensará el resto de España si llegan a la Moncloa?
Y, sin embargo, una vez más este país es mucho más grande que Perro Sánchez o Feijoo y Abascal ladrando juntos.
¡Qué pena si todo se juega entre el miedo y la rabia! ¿Cómo saldrá de ésta nuestra pobre convivencia tan maltratada?
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