ANÁLISIS
Rufián en la encrucijada

Por Ferran Espada
Director de Públic.
-Actualizado a
Gabriel Rufián ha sacudido la política española con su propuesta de frente de izquierdas plurinacional para las elecciones generales. Aunque, de momento, la principal y única consecuencia es que el hasta ahora apático espacio estatal de las izquierdas ha empezado a moverse para debatir una nueva reunificación que pueda hacer frente a su descenso progresivo y al ascenso de la ultraderecha. Aunque en estos momentos sólo se ha puesto sobre la mesa la reedición de un proyecto, el de Sumar, que por sí mismo parecía amortizado, y sin previsión de recoser relaciones con Podemos tras la ruptura de principios de legislatura.
La fuerte repercusión mediática de la propuesta de Rufián, avivada con el anuncio de la conferencia con el dirigente de Más Madrid, Emilio Delgado, resulta sorprendente si tenemos en cuenta que ninguna fuerza política la ha apoyado. Y algunas formaciones esenciales para el proyecto han rechazado, de forma rotunda, participar en ese frente plurinacional estatal. Empezando por el propio partido de Rufián, Esquerra Republicana, y terminando por EH Bildu o el propio Podemos. ¿Qué busca pues Rufián insistiendo en su idea?, ésta ha sido la pregunta del millón de la semana. Rufián tiene una convicción antifascista profunda que le lleva a actuar ante una fuerte preocupación por el ascenso de la ultraderecha en todo el Estado, también en Catalunya. Pero esto no es incompatible con una estrategia para fortalecerse dentro de su propio partido, Esquerra Republicana. Y diría que intenta compatibilizar ambas cosas.
Rufián ha sido durante años el portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso. Pero no ha ocupado ningún cargo de relevancia en la vida orgánica del partido más allá de una silla en la Ejecutiva fruto del propio cargo institucional. Una Ejecutiva en la que no se ha prodigado excesivamente y cuando lo ha hecho, no puede decirse que la sintonía entre Rufián y una amplia mayoría de la dirección sea precisamente armónica. No lo fue con la anterior dirección con mayoría de los llamados "roviristas", ni lo es ahora que el aparato es casi totalmente afín a Oriol Junqueras. Y probablemente Rufián está en una encrucijada, o se fortalece dentro del partido o le tocará emprender un cambio de aires. Pero seguir como hasta ahora, de cara a una futura legislatura, no parece una opción plausible.
Rufián considera que su incidencia en los debates estratégicos del partido no es la que tocaría. Y que existe un exceso de burocracia de partido que frena una actuación política decidida y dinámica para adaptar a ERC al nuevo escenario marcado por el ascenso de la ultraderecha, y en el que el independentismo ya no es el eje central del debate en Catalunya. Por su parte, hay mucha gente en la dirección que piensa que Rufián va por libre, sin tener en cuenta ni respetar las estrategias decididas en el partido de forma colectiva. Y que su discurso en Madrid no siempre beneficia en imagen y electoralmente a Esquerra en Catalunya.
Ahora bien, algunos medios y analistas han indicado que la estrategia de Rufián podría estar motivada por un intento de preservar el liderazgo de la lista de ERC en las próximas elecciones generales, viéndose defenestrado. Y esto no es exactamente así. Una cosa es que la sintonía del portavoz en el Congreso con buena parte de la dirección de ERC no sea buena, y otra distinta es que en el partido no sean conscientes de que Rufián es un activo político de primer orden, no solo por su popularidad en todo el Estado sino también en Catalunya, especialmente de cara a unas generales.
También es relevante su relación con el presidente de ERC, Oriol Junqueras. Y no puede olvidarse que Rufián ha sido uno de los fieles de Junqueras y le apoyó en la pugna congresual que fracturó duramente el partido y que ganó el actual presidente de ERC. Lo que no quiere decir que el actual portavoz en el Congreso se plantee emerger por encima de una sombra tan potente como la de Junqueras, que continua teniendo el gran liderazgo de Esquerra. Para dejar de ser el candidato de Junqueras y pasar a ser el candidato del propio Rufián. Aunque en estas cosas hay que tener siempre presente que un candidato necesita un partido tanto como un partido un buen candidato. Y Rufián es de los mejores candidatos, pero si reedita la candidatura republicana para las generales necesitará todo el apoyo del conjunto de ERC.
El debate, por tanto, no es si Rufián será el candidato de ERC sino cómo debe serlo. Y en este debate interno emergen condiciones por ambos lados. En el caso de Rufián podrían resumirse en exigir mayor autonomía de gestión política por parte del grupo parlamentario de Madrid y mayor incidencia en la línea estratégica del partido y en la configuración de las listas para las generales. Y por parte de la dirección se pide una mayor coordinación y sintonía pública entre las estrategias fijadas por ERC en Barcelona y la actuación del jefe de filas en Madrid, sobre todo en la exposición pública de las ideas por parte de un altavoz tan potente como Rufián. Al fin y al cabo, representa a Esquerra en Madrid para los militantes y para miles de votantes republicanos. Y no se trata de falsos estereotipos sobre si Rufián es independentista o no como se plantea desde la derecha independentista catalana en un intento de desgastar a ERC. Rufián nunca ha dejado de declararse abiertamente, y en privado, independentista. Se trata de fijar cómo el máximo dirigente en Madrid de un partido independentista como lo es ERC, debe relacionarse con las instituciones españolas y con los partidos del sistema político estatal.
Todos los dirigentes de partidos políticos de raíz catalana que actúan en Madrid tienen ese mismo problema. Para los partidos catalanes, también en la actualidad en lo que se refiere al independentismo, hacer política en España es un foco mediático importante pero también un boomerang. Lo que se dice en el Congreso resuena mucho y eso es muy políticamente goloso, pero hay que tener cuidado porque repercute en la política catalana y afecta a las aspiraciones de los respectivos partidos en las elecciones al Parlament o en las municipales. Ya le pasó a Josep Antoni Duran Lleida en época de CiU, cuando su discurso y aspiraciones ministeriales no eran siempre coincidentes con los intereses de Jordi Pujol y el resto de CDC. O con el propio Miquel Roca.
Por tanto, con la idea del frente plurinacional estatal prácticamente enterrado, Rufián puede utilizar el gran capital político acumulado, como potente figura pública y mediática, para pugnar dentro de ERC. Pero tendrá que tener cuidado. Porque esto no quiere decir que cuando tiras de la cuerda no se pueda romper, lo que le obligaría a realizar un cambio de aires. Rufián es un animal político y es obvio que tiene espacio más allá de ERC. Pero con su proyecto plurinacional en vía muerta, y viendo cómo discurren los debates en la izquierda estatal, no parece que le fuera tan fácil encontrar acomodo en otros espacios políticos tras el independentismo de ERC. Con lo cual, una ruptura sería perjudicial tanto para ERC, que perdería un activo político de primera magnitud, como para el propio Rufián que perdería la solidez de una base política como la que le aporta Esquerra.
Como dijo Arnaldo Otegi, los partidos políticos son proyectos colectivos. Estoy de acuerdo, pero añado que sin dirigentes políticos notables como el propio Otegi, en la política actual difícilmente fructifican los proyectos colectivos. Y no digo que Rufián sea el Otegi de ERC, pero seguramente tiene una relevancia que no se puede despreciar y por tanto, hay que combinar en la justa medida liderazgos y estructura de partido.
Resulta simplista hablar de Gabriel Rufián atribuyéndole sólo un ego mediático desmedido como hacen algunos de sus detractores. Es normal que, cuando tienes todos los focos encima y más de un millón de seguidores en redes, la sensación de notoriedad sea huracanada. E incluso se pueda crear una adicción, destructiva si no se tiene la cabeza bien amueblada. Creo que no es el caso de Rufián, quien ve en su inmensa proyección mediática un instrumento de comunicación política y no un simple gigante masaje de ego. Conozco a exdirigentes políticos de ERC, y de otros partidos, inmensamente más mediópatas que Rufián, aunque su impacto y notoriedad ha sido ínfimo si se compara con la del actual portavoz de ERC en el Congreso.
Conozco a Gabriel Rufián desde hace más de una década cuando no era más que un desconocido que militaba en la plataforma de castellanohablantes independentistas Súmate —qué ironía los nombres—, y no pasaba de incipiente tertuliano en televisiones de tercera división en Catalunya. Lo he seguido de cerca y es obvio que el capital que ha conseguido como político es ingente. Pero debo decir que siempre le he visto con la misma convicción, hacer política para la gente y con la gente, y en esto ha mantenido la coherencia. Con las redes sociales por bandera, pero también con multitud de actos presenciales. Rufián es percibido, seguramente, como uno de los políticos de izquierdas más cercanos a la gente. Y de ahí deriva su atractivo y su fuerza.
De hecho, esto explicaría que la casi total falta de apoyos políticos a su propuesta del frente plurinacional no haya frenado la fuerte sacudida política que se ha producido. Y creo que tiene que ver básicamente con dos aspectos: por un lado, Rufián ha conectado con la corriente de fondo en las bases populares de las izquierdas sobre la imperiosa necesidad de un proyecto nuevo, por el convencimiento de que todo lo que se ha hecho hasta ahora no ha servido de alternativa, ni de dique de contención a la posible victoria de la derecha con un fuerte ascenso de la ultraderecha. Pero sobre todo, el revuelo de la propuesta ha sido exitoso por la figura del propio Rufián, que trasciende a su partido, ERC, y que se ha convertido en una de las figuras políticas con mayor incidencia del Estado.
Es evidente que la propuesta de Rufián no ha fructificado y que no tiene visos de materializarse. Pero también lo es que ha tenido la capacidad de generar un debate intenso. Y esto ha generado una acumulación de energías políticas que Gabriel Rufián tendrá que administrar. Veremos en algunos meses si es para fortalecerse él, y de rebote a ERC. O si, en la encrucijada actual donde se encuentra, el portavoz de ERC en el Congreso toma otro camino. Pero hay que recordar que la energía no siempre es fácil de gestionar. Y que, en la medida oportuna, es un motor imprescindible, pero que como saben los expertos en la fisión y la fusión, cuando se descontrola puede ser sumamente destructiva.

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