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40 aniversario del 4-D en Andalucía Los partidos andaluces convierten la lucha autonomista en una lucha fratricida

PSOE, Podemos e IU reviven enfrentados las reivindicaciones del 4 de diciembre de 1977 (4D). La falta de unidad política en el 40 aniversario de la marcha civil que impulsó el autogobierno de esta región debilita el papel de Andalucía en el inminente debate territorial

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Pleno del Parlamento de Andalucía

El próximo lunes 4 de diciembre se cumplen 40 años de una fecha simbólica para Andalucía. Ese mismo día de 1977, un millón y medio de andaluces salió a la calle para reclamar una autonomía plena, para pedir que esta comunidad autónoma accediera a su autogobierno por la vía rápida que la Constitución en ciernes iba a reservar exclusivamente a las nacionalidades históricas: Catalunya, Euskadi y Galicia. El 4-D fue una protesta civil masiva que otorgó legitimidad a los políticos andaluces -con José Rodríguez de la Borbolla y Rafael Escuredo a la cabeza- para negociar con el Gobierno central la convocatoria, tres años después, de un referéndum por la autonomía plena de Andalucía: el 28 de febrero de 1980, el 28F.

Este 4-D es especial, porque se lo disputan muchas voces, incluidas las de políticos de Madrid y de Catalunya. Pablo Iglesias lo ha reivindicado como símil para apelar a las aspiraciones del “derecho a decidir” del pueblo catalán. Soraya Sáenz de Santamaría lo ha reivindicado justo para lo contrario, defendiendo la lucha de la autonomía andaluza como “uno de los mejores ejemplos” de convivencia en la diversidad y “lealtad al proyecto común que es España”.

La reivindicación de la gran protesta del 77 siempre ha sido un acto menor, protagonizado por el Partido Andalucista, el PCA e IU

Todos los partidos, empezando por el Gobierno de Susana Díaz, están haciendo una interpretación extensa de lo que supuso aquella manifestación del 77, forzando paralelismos complejos con la realidad actual: Con el proceso secesionista catalán; con la negociación anticipada del cupo vasco; con la reforma pendiente del sistema de financiación autonómica y, en suma, con el debate territorial. Si se revisan las hemerotecas, uno se da cuenta de que todo está obsenamente forzado. Hace 40 años, sin carreteras que unieran las capitales de provincia, con un déficit notable de centros de salud, sin infraestructuras educativas, con aulas masificadas y un nivel de alfabetización muy inferior al de las regiones del norte, lo que reclamaban los andaluces en las calles eran herramientas para salir de la pobreza, para no quedarse estancados en el subdesarrollo. Traducido al lenguaje político de la época: más autonomía, más autogobierno.

Se leyó un manifiesto en todas las capitales de provincia. No se reivindicaba el “derecho a decidir”. Se pedía “la más rápida institucionalización de unos órganos de representación y Gobierno autónomos" para solucionar “la emigración de los hombres y los recursos de Andalucía; un elevado índice de paro; una difícil situación en el campo, que hace que unas tierras tan ricas como las nuestras no puedan garantizar el sustento de los que en ellas viven, una escasa y mal planificada industrialización, y unas condiciones generales de vida que son muy inferiores a las de otras zonas del país”. Era una reivindicación desde abajo para los de arriba, que en ese momento estaban pensando en cómo dibujar la España de las autonomías. El franquismo había concentrado la industria, la banca y las empresas en el triángulo norte -Madrid-Barcelona-Euskadi- y había dejado Andalucía como patio vacacional y turístico del país: sol y playa. Los andaluces se levantaron para que la Constitución del 78 no consolidase ese esquema.

Los partidos políticos andaluces han empezado a celebrar el 4-D este fin de semana, cada uno por su lado y contraponiendo su lectura a la del otro. Susana Díaz, presidenta andaluza, tenía cinco años el 4 de diciembre de 1977. Teresa Rodríguez, líder de Podemos, no había nacido. Antonio Maíllo, coordinador regional de IU, tenía 11 años y estaba en el colegio. El PP se llamaba entonces Alianza Popular -lo presidía Manuel Fraga- y ni participó en la marcha del 4-D ni más tarde pidió el voto a favor del Estatuto andaluz.

Grietas en el seno de PSOE y Podemos

Los grupos de la izquierda están más enfrascados en el 40 aniversario del 4-D, pero lo reivindican por separado -los socialistas con un acto político este sábado en Torremolinos (Málaga)- y los socios de la preconfluencia con un concierto en Sevilla (homenaje a Carlos Cano). La efeméride incluso ha ahondado más la fractura en el seno de Podemos, puesto que la dirección de Rodríguez ha organizado el evento de este sábado, y el diputado Diego Cañamero, líder del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) se ha desmarcado con otra movilización para el domingo en Málaga. Cañamero ha viajado a Catalunya para hacer suyas las reivindicaciones independentistas, tomando una deriva que le aleja tanto de Rodríguez como de Iglesias.

Susana Díaz dice que su partido es “el único”, de los que aún se sienta en el Parlamento andaluz, que estuvo en las movilizaciones del 4D

Todos los historiadores han dejado escrito que el éxito de la autonomía andaluza reside en la unidad de acción que tuvo lugar hace 40 años, la unidad ciudadana y de partidos, aunque el Gobierno de UCD estaba en contra y la derecha se opuso a equiparar a Andalucía con los territorios históricos. Ahora la desunión es evidente incluso en el seno de la izquierda.

Susana Díaz dice que su partido es “el único”, de los que aún se sienta en el Parlamento andaluz, que estuvo en las movilizaciones del 4-D. Pero IU, con más años que Podemos, le recuerda que el PSOE no ha celebrado “jamás” esta efeméride hasta el año pasado, y como contrapeso al órdago catalanista. Hasta entonces, los socialistas, que han gobernado Andalucía ininterrumpidamente desde hace 35 años, siempre han dejado pasar de largo el 4-D para centrarse en los actos institucionales del 28F, día de la comunidad. La reivindicación de la gran protesta del 77 siempre ha sido un acto menor, protagonizado por el Partido Andalucista, el PCA e IU.

Esta semana, incluso un miembro de la dirección federal del PSOE -reconocido antisusanista- como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis ha hecho suyo este discurso crítico de Podemos e IU, para afear a la presidenta que haga gala de lo que nunca ha hecho. Una muestra más de que este año el 4D está siendo instrumentalizado por todos. La Cadena Ser ha organizado una serie de programas para conmemorar el 40 aniversario, invitando a los cinco líderes andaluces a debatir sobre el significado y la vigencia del 4D con un político de referencia en su partido.

Todos han elegido conversar con sus dirigentes nacionales: Antonio Maíllo con Alberto Garzón; Juanma Moreno, presidente del PP-A, con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; Teresa Rodríguez con Pablo Iglesias; Juan Marín, portavoz andaluz de Ciudadanos, con Albert Rivera. Susana Díaz participará en este foro el mismo 4 de diciembre, pero no lo hará con Pedro Sánchez, de quien aún le separan océanos de rencor, sino con el primer presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo.

Un diálogo público y relajado entre Díaz y Sánchez se antojaba difícil de imaginar, con los rescoldos de las primarias aún encendidos. En septiembre, además, el líder socialista dijo en un acto público que en España “al menos” hay tres naciones: Catalunya, Euskadi y Galicia. Y aquello de omitir a Andalucía sentó muy mal entre las filas de Susana Díaz, que ve cómo Podemos le disputa seriamente la hegemonía del andalucismo. Pablo Iglesias también tropezó en 2015, durante un debate electoral en televisión, al atribuir al 4D un tinte independentista que jamás tuvo.

En su visita a Sevilla trató de corregir aquel desliz, asegurando que la lucha por la autonomía andaluza entre el 77 y el 80 fue un ejemplo de convivencia para el resto de España. Iglesias recordó que el referéndum del 28F fracasó en una provincia, Almería, y aun así se corrigió la ley a posteriori para dar por válido el resultado. Un mensaje que, obviamente, resulta más práctico para sus aspiraciones políticas en Catalunya que para las de Teresa Rodríguez en Andalucía, donde aún no ha logrado que Iglesias le conceda la tan autonomía política, orgánica y económica que demanda para su propia agrupación.

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