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Análisis 'Alea iacta est': ocho incógnitas que se resolverán la noche del 2D

Los comicios resolverán si Andalucía entra en un nuevo escenario político o se mantiene uno más tradicional y dirimen si la ultraderecha regresa con rostro propio a las instituciones

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Los cuatro principales candidatos a la Presidencia de la Junta de Andalucía: Juan Marín (Ciudadanos), Susana Díaz (PSOE), Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía) y Juanma Moreno (PP). - EFE

La suerte está echada. Alea iacta est. Es la frase que, según Suetonio, biógrafo romano de la época imperial, pronunció Julio César al cruzar el Rubicón, el río que marcaba entonces, en el año 49 antes de Cristo, la frontera entre la Galia e Italia y marchó hacia Roma, lo que inició una guerra civil y acabó con el tiempo por darle la puntilla a la República. La expresión, de uso común hoy en día, viene a indicar que ya no hay marcha atrás.

En esta crónica la utilizamos para un fin bien diferente: para anunciar el fin de la campaña electoral en Andalucía. Las candidatas Susana Díaz (PSOE) y Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía) y los candidatos Juanma Moreno (PP) y Juan Marín (Ciudadanos) poco más pueden hacer ya que descansar -y controlar las redes sociales- y esperar a que el domingo por la noche, 2 de diciembre, se resuelvan, con el voto de los andaluces y andaluzas, las numerosas incógnitas de tenor puramente político que estas elecciones arrastran. Entre ellas, estas ocho.

I. La gobernabilidad de Andalucía

Lo primero que resolverán (o no) estos comicios es la gobernabilidad de Andalucía. El PSOE y Susana Díaz buscan revalidar una mayoría suficiente, que obligue a que todas las opciones de gobierno pasen por ellos. Después de 36 años de gobierno, se comprobará la fortaleza del proyecto socialista y se medirá el éxito de la renovación que ha traído al PSOE la presidenta Díaz.

Si se repite un escenario similar al de esta legislatura, donde solo la suma antinatural de PP y Podemos, superaba los escaños del PSOE, habrán conseguido su objetivo. Si no, si las derechas, en una combinación de PP y Ciudadanos, o de PP, Ciudadanos y Vox -que nadie descarta hoy- suman un escaño más que los socialistas, y estos no logran ponerse de acuerdo con Adelante Andalucía, la coalición de Podemos, IU y otras fuerzas andalucistas, la legislatura en Andalucía podría entrar de nuevo, como en 2015, en una situación de bloqueo, que entonces rompió el acuerdo de investidura entre PSOE y Ciudadanos, quienes en esta ocasión, y a la espera de contar los votos, afirman que no le darán nada a Díaz.

Quedaría así abierta la posibilidad de una repetición de elecciones, que los agentes económicos, que reclaman estabilidad, no quieren ver ni en pintura. Sin embargo, ya sucedió en España -se rompió el tabú- hace dos años y podría por tanto pasar en Andalucía también.

La legislatura podría entrar en una situación de bloqueo, que podría acabar con la repetición de los comicios

Sobre el papel, la cuestión de la gobernabilidad podría estar resuelta de manera sencilla, porque todas las encuestas -no hay ninguna que no pronostique tal cosa- dan una mayoría absoluta a la suma de los votos de PSOE y Adelante Andalucía, pero las relaciones entre ambos partidos y entre sus líderes, Susana Díaz y Teresa Rodríguez, son hoy, podría decirse, inexistentes, y cuando se producen, están presididas por una mutua desconfianza, una zanja bien profunda las separa.

También hay quien se pregunta lo siguiente: si Pedro Sánchez y Pablo Iglesias fueron capaces de pactar un presupuesto ¿por qué no pueden hacerlo también Susana Díaz y Teresa Rodríguez? Las respuestas a esta pregunta, lógicamente, varían en función de a quién se le pregunte. Si se acude a los socialistas, se escuchará que Rodríguez es una antisocialista radical que ni quiere ni nunca quiso saber nada de la gobernabilidad de Andalucía. Y si se acude a Adelante Andalucía, se dirá que el socialismo andaluz es bien diferente del socialismo en otros lugares del país después de 36 años consecutivos de gobierno y que lo que existe en Andalucía es el susanismo: “Que se parece al socialismo tanto como un huevo a una castaña”.

II. La importancia del segundo puesto

En este escenario, en el que, tras 36 años de gobiernos socialistas, nadie quiere realmente ayudarles a que cumplan los 40, la pelea por el segundo puesto se revela decisiva. Porque, con cierta legitimidad, quien quede segundo podrá reclamar para sí el dudoso honor de ser el líder de la oposición y, por tanto, y más importante, también de erigirse en la alternativa de Gobierno a Susana Díaz. Y, de esa manera, retirarse de las quinielas por la gobernabilidad.

Ese es el objetivo de Adelante Andalucía: ubicarse como la alternativa por la izquierda al PSOE. Lo cual podría estrechar las posibilidades de pactos a Susana Díaz y acabar por reducirlas a Ciudadanos -porque nadie espera nada del PP- si Rodríguez logra la segunda plaza y opta finalmente por jugar ese doble rol de alternativa y de líder de la oposición y, en consecuencia, se descarta a sí misma del elenco de pactos posibles. Este resultado abriría, desde luego, un escenario inédito en la autonomía andaluza, porque la oposición al PSOE, que ha gobernado siempre, la ha liderado estos 36 años el PP.

Adelante Andalucía, si le añade algunos miles de votos a la suma de 2015 de Podemos, IU y PA, tiene a tiro al PP

Parece claro -así lo predicen todas las encuestas- que el primer puesto va a ser de nuevo para los socialistas (en 2015 obtuvieron 1,4 millones de sufragios). Mientras que por la segunda plaza compiten, según la mayoría de sondeos, PP, Adelante Andalucía y Ciudadanos. Si la coalición de izquierdas y andalucista logra arrancar algunos votos socialistas o sacar a alguna gente de la abstención y sumar así más que la pura y simple adición de Podemos, IU y PA (920.000 en números redondos hace tres años) y a esto se une una caída del PP (1.064.000 en 2015) porque tanto Ciudadanos como Vox le roben unos cuantos sufragios, la segunda plaza podría caer como fruta madura de su lado. Ciudadanos parte de bastante más atrás (370.000 votos) y, aunque alguna encuesta le da la segunda plaza, el trasvase de votantes del PP hacia ellos tiene que ser masivo para que su objetivo de sorpasso se vea cumplido.

Tanto Ciudadanos como Adelante Andalucía han hecho una campaña con el objetivo claro de llegar a esa segunda plaza, mientras que el PP ha puesto toda la carne en el asador para conservarla, aunque les ha salido una campaña errática. Pablo Casado, el nuevo presidente, ha tratado de emular a Mariano Rajoy en aquellas elecciones gallegas del año 2009 en las que Alberto Núñez Feijóo logró recuperar para los conservadores la Xunta y ha hecho una campaña propia, pegada al territorio, haciendo kilómetros, como si fuera un candidato más. Sin embargo, su discurso ha pasado sin pena ni gloria y solo ha servido para ubicar en la derecha al PP y liquidar definitivamente las lecciones de Javier Arenas, el único que, a base de mucho trabajo y de perder comicios, logró una victoria en el año 2012, que no le sirvió para gobernar.

III. La permeabilidad del ecosistema andaluz

Estas elecciones resolverán una incógnita importante. Si estamos ante un escenario conocido tras el 2D o estamos ante uno desconocido, nuevo. Podría suceder que el ecosistema político andaluz fuera permeable a la situación nacional, en la que el fin del bipartidismo aún no es definitivo -como se ha visto en el CGPJ-, pero en el que sí emerge un juego a cuatro en el que PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos se mueven en un cierto pie de igualdad en las relaciones, o bien podría suceder que se mantuviera un esquema más tradicional, como el de esta legislatura, en que PSOE y PP dominan la escena en sus respectivos ámbitos, y hay otros partidos con resultados peores que son los que acaban por definir la gobernabilidad.

El 2D se verá si la era del bipartidismo ha terminado y aparece un nuevo escenario que lleve a los partidos a colaborar entre ellos

Planteado en términos más directos, el 2D se resolverá si en Andalucía se ha acabado la era del bipartidismo, que les ha permitido, entre otras cosas, a PSOE y PP controlar las instituciones de extracción parlamentaria -Cámara de Cuentas, Consejo de la RTVA, Defensor del Pueblo- en esta legislatura, o no. Si se ha terminado y el 2D alumbra un nuevo escenario, forzosamente las relaciones entre partidos deberán abandonar la lógica de la subordinación y entrar en un entendimiento más horizontal. O eso o el bloqueo y la repetición de elecciones.

IV. El regreso (o no) de la ultraderecha a las instituciones

Estas son las primeras elecciones del nuevo ciclo político, en el que ha irrumpido, por primera vez desde la transición, una fuerza de extrema derecha, ultranacionalista, xenófoba, antieuropeísta y antifeminista: Vox. Lo hizo recientemente en Vistalegre y, en esta campaña, se han significado con diferentes actos nutridos de público. Desde el hundimiento de UCD, la creación de AP y su transformación en el PP, toda la extrema derecha, salvo unos cuantos miles, se había camuflado en el PP. Ahora, 40 años después de aprobada la Constitución de 1978, podrían regresar (está el antecedente de Blas Piñar en 1979) con un rostro propio. Las encuestas han venido dándole, desde que el CIS les concedió un escaño por Almería, hasta 4 diputados.

Toda la extrema derecha había estado camuflada en el PP,  ahora puede regresar con rostro propio a las instituciones

La última semana de campaña ha estado marcada además por la decisión del PSOE, de Susana Díaz, de confrontar a Vox de manera directa -la presidenta se ha llevado una querella del partido ultra- y de situar ante el espejo a PP y Ciudadanos. ¿Están dispuestos para echar al PSOE a hacerlo de la mano de Vox? Con esa pregunta, que le hizo en el segundo debate a los candidatos de PP, Juanma Moreno, y Ciudadanos, Juan Marín, Díaz buscaba el voto de la gente moderada que no quiere saber nada de radicales, y también ubicarse a sí misma de manera nítida en un espacio de centro izquierda y robarle, o compartir -úsese el verbo que se prefiera-, la bandera del antifascismo a Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, que, sin nombrar a Vox, habían venido ondeando en la campaña. Pero también causó un efecto secundario: le dio protagonismo al partido ultra.

V. El liderazgo de la derecha

Tanto Pablo Casado como Albert Rivera han buscado en esta campaña el duelo en campo abierto por el liderazgo de la derecha. Después del hundimiento del PP en Catalunya, la segunda comunidad en población, y la victoria de Ciudadanos en aquellas elecciones, convocadas bajo el influjo del 155, un mal resultado en Andalucía, la comunidad más poblada del país, dejaría a Casado con el tembleque y a Rivera en disposición de disputarle el liderazgo de la derecha. Así, la presencia de Rivera, Casado e Inés Arrimadas, andaluza de origen, la cara de Ciudadanos en Catalunya, ha sido constante en esta campaña. Al igual que sus discursos sobre Catalunya, para gran enfado de Teresa Rodríguez, quien les ha instado en varias ocasiones a hablar de Andalucía y de los problemas de los andaluces.

Tanto Casado como Rivera han buscado en esta campaña el duelo en campo abierto

Rivera y Marín rompieron el pacto con el PSOE en Andalucía y acusaron a los socialistas de no querer cumplirlo en los temas de regeneración democrática, con lo que anunciaban ya uno de los ejes de su campaña electoral. Ciudadanos sabe que no hay color en este asunto con el PP. Ellos vienen nuevos y el PP tiene serios antecedentes en este campo. Por lo que serían ellos quienes rentabilizarían la corrupción en la Junta, que está aún pendiente de juicio. Y, por tanto, aún quema.

Después, a los pocos días de que arrancase la campaña, lanzaron su gran órdago, y aseguraron que nunca más iban a hacer a Susana Díaz presidenta de la Junta. Con ello, lanzaban un mensaje arriesgado, porque podría no sonar verdadero, pero muy claro al votante de derechas. La alternativa ahora soy yo, no el PP, cansado, inútil y corrupto. Está por ver el resultado que les da, a unos y a otros, esta campaña. Ambos líderes, tanto Rivera como Casado, podrían, a pesar de su fuerte y personal implicación en esta campaña, hacer recaer la responsabilidad de un posible fracaso en sus candidatos, Marin y Moreno. Ni uno ni otro, al contrario que las secretarias generales de PSOE y Adelante Andalucía, controlan verdaderamente su organización.

VI. La relación Sánchez-Díaz y la fortaleza del PSOE

Estas elecciones medirán la fortaleza del proyecto del PSOE en Andalucía y darán también una medida, después de varios meses en el Gobierno de España, de la aportación del presidente Pedro Sánchez y de la relación que ahora mantiene con la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Los mismos protagonistas de uno de los peores momentos del PSOE -la división visceral mostrada en aquel comité federal de hace un par de años- hacen hoy campaña juntos y han logrado llevar su relación y la de sus ejecutivas y gobiernos a un punto de entendimiento.

Si los resultados en son buenos para ellos, los socialistas podrían entrar en una nueva etapa de unidad y respeto. Si son malos, habrá que verlo

El PSOE andaluz está en vías de recuperar su posición tradicional en las jerarquías del PSOE federal. Si el resultado que obtiene Díaz en estos comicios es bueno y luego lo utiliza, como siempre ha hecho el PSOE de Andalucía, para apuntalar al presidente Sánchez y a todas las alcaldías y presidencias autonómicas que se la juegan la próxima primavera, los socialistas podrían entrar de manera definitiva en una nueva etapa de cierta unidad y respeto. Y lo que una vez estuvo roto, hecho añicos, podría acabar por pegarse con cierta fuerza.

En cambio, si el resultado es malo para el PSOE, y ambos líderes y sus cúpulas optaran por echarse la culpa unos a otros, el clima podría enrarecerse de nuevo.

VII. El papel de Adelante Andalucía

Teresa Rodríguez quiere ser la alternativa de Gobierno al PSOE por la izquierda. Con su apuesta por Adelante Andalucía, en la que ha trabajado con mimo los últimos años, ha tratado de erigirse en esta campaña en una presidenta, ha intentado que la gente la vea de verdad como una opción segura, votable.

Estos quince días se ha envuelto en la bandera de Andalucía, por la que compite a tumba abierta con Susana Díaz -ambas son herederas del 28F y el 4D y se han ganado a pulso cierta independencia de Madrid-; ha abogado por una ruptura clara de las inercias que llevan, en numerosos campos, a las desigualdades que se padecen en la calle, y no le ha dado tregua a los socialistas andaluces, en busca de todos los votantes de izquierdas. A ellos les ha recordado de manera constante que la gestora del PSOE que sucedió en la dirección socialista a Sánchez, después de su defenestración, se abstuvo y le dio con ello el Gobierno al PP, a Mariano Rajoy. Y también que los últimos tres años y medio, los socialistas han gobernado con Ciudadanos.

Rodríguez trata de ubicarse ante el electorado  como la auténtica y única referencia andalucista y de izquierdas

Con ello, Rodríguez trata de ubicarse ante el electorado como la auténtica referencia andalucista y de izquierdas. La apuesta de la coalición es fuerte, ambiciosa y la han planteado en estos intensos días, en los que se culminan años de trabajo, con mucha inteligencia. Han logrado aunar, por así decirlo, la disciplina de una organización asentada como IU, con decenas de alcaldes, con la frescura de Rodríguez.

Su campaña ha combinado un fuerte despliegue en las redes con actos sin descanso, todas las mañanas y tardes en las ocho provincias andaluzas, en los que, metódicamente, día tras día, han ido comunicando las principales medidas de su proyecto.

A ello se ha unido una presencia sin errores de sus líderes nacionales. Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Íñigo Errejón se han dedicado a reivindicar Andalucía, el proceso autonomista que desembocó en el 28F, y sus virtudes y potencialidades. Y entre todos han tratado de mostrar a Rodríguez como una líder solvente y sólida, la única de izquierdas que se presenta a las elecciones, porque Díaz, argumentan, le va a entregar de nuevo el Gobierno andaluz a la derecha, a Ciudadanos. Y añaden que con ella nunca hubiera sido posible una moción de censura a Rajoy ni un pacto de presupuestos como el que Iglesias cerró con Sánchez.

"Adelante Andalucía es un proyecto hecho para gobernar”, en palabras de Antonio Maíllo, líder de IU, y corresponsable de la coalición que lidera Rodríguez. La propia candidata ha desplegado en esta campaña un amplio catálogo de reflexiones y ha mostrado una profunda capacidad de análisis, bien diferente del perfil más áspero que ha venido presentando cada dos jueves en las sesiones de control a la presidenta de la Junta.

¿Qué papel va a jugar Adelante Andalucía en la próxima legislatura? En última instancia, afirman, su apuesta dependerá de los votos que obtengan y del lugar en que les ubiquen los andaluces y andaluzas.

VIII. La palabra de Marín y el papel de Ciudadanos

Es muy posible que, en función del resultado de estos comicios, la palabra de Juan Marín, quien ha asegurado que nunca más va a hacer presidenta a Susana Díaz, vaya a ser puesta a prueba. Si los números y los bloqueos mutuos que se impongan unos a otros acaban por dar que la única posibilidad de que no se repitan las elecciones es una reedición en cualquier formato que se quiera presentar, del acuerdo de investidura entre PSOE y Ciudadanos, es probable que Marín se vea metido en un buen lío. Tendría un dilema que resolver Albert Rivera firmó hace dos años un pacto con Pedro Sánchez y en los siguientes comicios viró hacia Rajoy.

La estrategia de Ciudadanos para crecer ha sido facilitar la gobernabilidad sin mancharse entrando en los ejecutivos allí donde han podido hacerlo. Está por ver qué hace Rivera tras el 2D, porque su gran objetivo es la presidencia del Gobierno, y Andalucía es un paso más en esa carrera.

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