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análisis Juanma Moreno se pinta un autorretrato a su gusto: un presidente de "clase media" con "sensibilidad medioambiental"

El presidente de la Junta de Andalucía, que gobierna gracias a los ultras de Vox, busca, sin embargo, el centro político y la transversalidad en el voto al PP con un discurso al que no acompaña la actividad política de su Gobierno

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, durante su intervención en el acto de la firma del VI Acuerdo para la Valorización Energética y la Sostenibilidad de la Industria Andaluza del Cemento, en Sevilla. Archivo. EFE/Julio Muñoz

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (PP), navega en los últimos tiempos con el viento a favor después de haber superado, con la inestimable ayuda de Ciudadanos y Vox, tempestades y tifones que a punto estuvieron de acabar con su carrera política hace menos de un año.

Es este, probablemente, el momento más dulce de un político al que ni sus rivales ni sus propios compañeros de partido terminaron de tomarse en serio hasta que, tras las elecciones autonómicas del pasado 2 de diciembre, de manera totalmente inesperada -con un resultado electoral paupérrimo para el PP y una campaña errática, con petición de voto a una vaca incluida, escena que se hizo viral-, la suma de las derechas y la ultraderecha acabó con la hegemonía del PSOE en Andalucía y Moreno se sentó, tras cerrar acuerdos con Ciudadanos y Vox, en el sillón presidencial en el ala oeste de San Telmo.

En este tiempo, que se acerca ya al año, Moreno ha logrado, según admiten incluso sus adversarios políticos, asentarse en el cargo y ha ahuyentado el fantasma de la bicefalia que la coalición con Ciudadanos podía anticipar, habida cuenta del poder que había ido acumulando el partido que en Andalucía dirige Juan Marín -el vicepresidente de Moreno-. Ahora, sin embargo, la estrella de su líder, Albert Rivera, parece declinar y con ella, camina hacia el ocaso el partido que modeló a su imagen y semejanza, que va camino de estrellarse en las próximas elecciones.

La manera de presentarse de un Gobierno revela cosas. Cuando arrancó el Ejecutivo de coalición entre PP y Ciudadanos, en todas las ocasiones de cierta solemnidad, Moreno no comparecía en solitario, como siempre han hecho los presidentes. Lo hacía acompañado por su vicepresidente, Juan Marín, que representaba el ala este -por así llamarla- del Gobierno. Con ello, quedaba patente que el Ejecutivo, al menos en sus formas, respetaba el resultado electoral y la cercanía de los partidos que conforman el Ejecutivo. El PP tiene hoy 26 escaños por los 21 de Ciudadanos en un parlamento de 109 asientos.

Desde el verano, esta liturgia se ha terminado y Moreno, cada vez que la ocasión lo requiere, sale en solitario, sin el equipaje de Ciudadanos. Se ha liberado y lidera el Gobierno. La púrpura presidencial, el hundimiento del partido de Rivera tras su giro a la derecha y la estabilidad que Moreno ha logrado de los ultras de Vox, quienes sostienen el Ejecutivo, han obrado el cambio a favor del PP en San Telmo.

Un ejemplo

Al igual que dentro de la sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, los compañeros de partido de Juanma Moreno, entre ellos poderosos alcaldes de gran influencia, han pasado de querer matarlo políticamente a reivindicarlo como un valor en alza. Las últimas listas electorales al Congreso, en las que Moreno ha metido el bisturí -sonado ha sido su desencuentro con Juan José Cortés- revelan como pocas cosas que su predicamento interno está en aumento.

El propio diputado del PP por Málaga Pablo Montesinos, quien aún conserva cierto espíritu periodístico a pesar de haber dado el salto recientemente a la política, lo resumió la semana pasada en una entrevista en el diario La Razón. “Hoy Juanma Moreno es un ejemplo para todo el Partido Popular”, dijo. Ese hoy iba referido a que ayer no era considerado precisamente un ejemplo, sino un lastre. El presidente del PP, Pablo Casado, lo dijo -como se dicen estas cosas en política- a las pocas horas de ser elegido para el cargo: Ya es hora de ganar en Andalucía, lanzó. Moreno no ganó -las elecciones las ganó el PSOE- pero fue presidente. Suficiente.

Desde entonces, Moreno ha logrado ubicarse en el centro del tablero político andaluz, como presidente de la Junta. Y una vez que está ahí, sostenido por diversas fuerzas, hasta cierto punto contradictorias, como son los ultras de Vox y los desbordados diputados de Ciudadanos, que ya no saben en qué creer, Moreno ha pasado a tratar de ensanchar su espacio electoral por el centro, aunque para ello, para lograrlo, la apuesta suene, por momentos, increíble.

De clase media, ecologista

En las últimas semanas, el presidente se ha definido a sí mismo -y a lo suyos- como un hombre de “clase media” con una “sensibilidad ambiental” comparable a la de cualquier ecologista.

En un debate con Teresa Rodríguez, portavoz de Adelante Andalucía, en el parlamento, Moreno dejó estas frases al respecto de su ubicación en la escala social: “Estos diputados que estamos sentados aquí somos trabajadores, hijos de trabajadores, que defendemos a las clases medias, igual que las defiende usted, exactamente igual. Ya estoy cansado... Mire usted, señora Rodríguez, si yo fuera rico, no lo negaría y estaría... Oye, pues mira, tendría una solvencia económica. No lo somos, igual que muchos de los que están en estos grupos parlamentarios; somos clase media, y muchos de ellos clase media humilde y trabajadora, a mucha honra”.

Aunque el juicio sobre quién pertenece a la clase media y quién no es difuso y, según a quien se acuda pueden escucharse diferentes definiciones, se pueden aportar dos datos al respecto. Por un lado, el salario medio en la Comunidad, que era de 21.404 euros, según la última encuesta de estructura salarial, disponible en el INE y que se refiere al año 2017. Y, por otro, el salario del presidente, que asciende a 67.886 euros al año. Es decir, que Moreno gana tres veces más que un trabajador. Sin hablar de los ingresos del pasado

Moreno también dejó estas otras frases en su debate de hace dos semanas con Rodríguez al respecto de la crisis climática: “Yo me encuentro a ciudadanos que no se acercan a las preocupaciones medioambientales, porque rápidamente las etiquetan ustedes. Ustedes las etiquetan en su ideología y eso no es cierto, usted no es más medioambiental que yo, señora Rodríguez... [Aplausos.] ...Usted no tiene más conciencia medioambiental que yo”, dijo Moreno.

Al respecto de la sensibilidad medioambiental del presidente, no se puede discutir que realmente la tenga personalmente. Eso, por definición, solo lo sabe él. Sin embargo, sus políticas, hasta ahora, no acompasan este discurso.

Valgan unos someros ejemplos: El Gobierno y su partido, el PP, no terminan de descartar una nueva carretera junto a Doñana, lugar en el que Moreno proclamó al mismo tiempo esta misma semana de manera solemne el arranque de “una autentica revolución verde”.

También mantiene el Ejecutivo el respaldo a los regantes de Huelva, que amenazan los acuíferos del parque nacional. El Gobierno ya ha anunciado cambios además en la ley ambiental que protege el medio ambiente de los excesos empresariales para favorecer los proyectos que generen riqueza. También sigue concediendo licencias para campos de golf con viviendas cerca de lugares con escasas precipitaciones, lo que requerirá un uso intensivo del agua. Dicho de otro modo: en su actividad diaria, el Ejecutivo que preside Moreno no tiene una particular impronta conservacionista. Por el contrario, lo que emerge es, una y otra vez, la misma idea: el medio ambiente al servicio del desarrollo económico.

Un autorretrato a su gusto

Es decir, que lo que ha hecho el presidente en estas semanas es pintarse un autorretrato a su gusto, y, tal vez, es posible, y, desde luego, no es descartable, que cuando se mire al espejo se vea a sí mismo de esa manera, como un hombre de clase media con sensibilidad ambiental. Moreno es, ciertamente, en el trato, un hombre moderado, de talante dialogante y de formas educadas. Sin embargo, en política, casi nada es inocente.

En la misma entrevista en La Razón, el diputado Montesinos dejó esta frase que explica como ninguna otra las últimas intervenciones de Moreno y su autoubicación en el espectro socialdemócrata. “Los resultados en las últimas elecciones generales no fueron buenos. Estamos trabajando para reconectar con el votante de centroderecha y con el socialista descontento”, dijo Montesinos.

Moreno, que viaja con la mochila de la ultraderecha -para hacer cualquier cosa depende de Vox-, ha cometido pocos deslices extremistas en su discurso desde que es presidente -el último de ellos cuando se refirió hace unos días a la exhumación del dictador en términos muy discutibles y que pueden herir a miles de familias en Andalucía-.

Las palabras que emite están además marcadas por los largos años de oposición frente al antaño todopoderoso PSOE de Andalucía. Su objetivo, en este momento, es aislar al PSOE y generar encuentros, hasta donde puedan, con Adelante Andalucía.

Porque lo que quiere es, según las fuentes consultadas, al igual que ha logrado ubicarse en el centro de la escena política andaluza, situarse en el centro también en la escala ideológica. Que los votantes lo vean como alguien fiable, moderado y respetuoso con las ideas de todos. De ahí ese discurso, tal y como reveló Montesinos.

En otras palabras, Moreno, al confrontar con Rodríguez de esa manera lo que busca es rescatar una vieja idea de uno de sus mentores políticos, Javier Arenas, la necesaria transversalidad en el voto que necesita el PP para perpetuarse en el Gobierno de Andalucía. Ser un partido interclasista, al que pueda votar desde un parado hasta un terrateniente, pasando por un trabajador de la construcción. Esa fue la obra a la que se dedicó Arenas. Y esa es , en parte, la obra a la que se está dedicando Moreno ahora.

Las elecciones del próximo 10 de noviembre están a la vuelta de la esquina. Y las perspectivas del PP, según las encuestas, y, según lo que emiten sus dirigentes en Andalucía, son razonablemente buenas.

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