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análisis La paradoja de Juanma Moreno: el barón que depende de Vox juega al centro

Mientras, por un lado, el presidente de la Junta, defiende la moderación y la ubicación del PP en el centro político, por otro lado defiende con uñas y dientes su pacto -el primero y, por el momento, único, que se firmó en España- con los ultras

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El presidente del PP, Pablo Casado (d), junto al candidato del PP a la Junta, Juanma Moreno (i), se dirigen a la rueda de prensa tras la reunión del Comité Ejecutivo Nacional de su partido para analizar el resultado de las elecciones andaluzas. /EFE

No hay nada como el poder. Nada cambia más a las personas y la percepción que tienen los demás sobre ellos que la púrpura. Juanma Moreno, el presidente del PP y de la Junta de Andalucía, un hombre que estaba desahuciado, muerto -en términos políticos- antes de las elecciones del 2 de diciembre, un hombre que obtuvo en esos comicios el peor resultado del PP -peor que el del olvidado Gabino Puche en 1990- en unas elecciones autonómicas, es hoy, Vox mediante, un barón del PP, una voz muy autorizada, a quien se escucha con interés en Madrid.

Moreno, a quien casi todos en su propio partido despreciaban -en términos políticos- antes del 2 de diciembre, es hoy la persona con mayor poder institucional en el PP. Gobierna, en coalición con Ciudadanos, la Comunidad más poblada y con mayor presupuesto de todo el país y esta semana ha sido protagonista porque la periodista Carmen del Riego, en La Vanguardia, desveló una bronca de los presidentes del PP con Pablo Casado, en la que participó Moreno. La discusión versaba en torno al lugar en el mundo que tiene que ocupar el PP, acosado en el centro del tablero por Ciudadanos, y en la derecha por el partido ultra de nuevo cuño Vox.

Moreno representa en este momento una paradoja -"hecho o expresión aparentemente contrarios a la lógica"- política. Mientras, por un lado, defiende la moderación y la ubicación del PP en el centro, aunque "a veces”, el partido tenga que mover "un poquito" un pie a la derecha o a la izquierda y recuerda a menudo que no comparte muchas tesis del partido ultra de Santiago Abascal, por otro lado defiende con uñas y dientes su pacto -el primero y, por el momento, único, que se firmó en España- con Vox, de quien depende para aprobar cualquier cosa de relevancia en Andalucía. El versículo de la Biblia, libro tan del gusto conservador, que se aplica, en rigor, a la caridad, podría también ser de aplicación a Moreno: “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. 

A la busca del centro

Moreno llegó a la presidencia de la Junta de Andalucía casi por accidente -“he trabajado y he tenido suerte”, admitió él mismo el día de su investidura-. Después de 37 años de gobiernos consecutivos del PSOE, el PP, de la manera más inesperada, contra pronóstico, logró armar una mayoría y conquistó por primera vez Andalucía. Sin embargo, Moreno no llegó solo. Desde el minuto uno tuvo el apoyo de Ciudadanos y se trabajó el de Vox, con la inestimable ayuda de Casado -quien la misma noche del 2 de diciembre ya había hablado con Santiago Abascal para allanar el camino- y de su lugarteniente Teodoro García Egea, quien negoció con Javier Ortega Smith, de Vox, los términos del pacto.

“El cambio en Andalucía está sustentado en tres patas: los dos partidos que conforman el Ejecutivo regional de coalición, PP y Ciudadanos; y Vox, que apoyó primero la investidura del presidente de la Junta, Juanma Moreno, y luego la gestión del Gobierno con sus votaciones favorables a distintos puntos en el Pleno del Parlamento regional”. Esta frase, recogida en un comunicado oficial de la Junta de Andalucía, define la paradoja en la que habita Moreno, y que la oposición -PSOE y Adelante Andalucía- le recuerda cada vez que tiene ocasión: “rehén de la ultraderecha” lo llaman.

La mejora de posiciones en las municipales, autonómicas y europeas respecto de las generales, celebradas tan solo un mes antes, fue interpretada por algunos barones conservadores -y por Moreno- como una prueba de que, cuando el PP se modera en los discursos le va mejor en las urnas. El lema de la campaña fue Centrados en ti, un remedo del que utilizó Javier Arenas en Andalucía en 1994, Centrados en Andalucía, con el que el hoy senador, uno de los valedores y referentes políticos de Moreno, inició en la Comunidad el viaje desde la Alianza Popular que hundía sus raíces en el franquismo hasta el PP que logró gobernar España en dos etapas y ahora lo hace en Andalucía. Sin embargo, Casado se sintió fuerte tras la derrota de la izquierda en Madrid, y negó a sus barones.

Moreno, poco después de la publicación en La Vanguardia de la bronca en la comida, negó, en los pasillos del Parlamento de Andalucía, desavenencias con Casado, con quien dijo estar "a tope": "Es mi presidente de presente y de futuro, voy a estar con él a tope en el gran objetivo de conquistar de nuevo el Gobierno de España”. Las ambiciones de Moreno son repetir en la presidencia de la Junta de Andalucía, dentro de cuatro años, si logra llevar hasta el final sus pactos con Ciudadanos y con los ultras.

Pacto inevitable y muy arriesgado

El presidente de la Junta no es, en efecto un extremista. Es un tipo educado, de trato amable y sus posiciones políticas nunca han estado en el monte. Moreno aprendió de los errores del pasado que el PP debe explotar en la Comunidad un perfil mínimamente andalucista y sostiene las mismas tesis que la izquierda en cuanto a la financiación de la Junta. En este terreno, sí confronta con Vox; eso sí, sin levantar mucho la voz.

Quizás el asunto que mejor expresa la paradoja en la que habita Moreno es la memoria histórica. Mientras su partido se abstuvo la pasada legislatura, a la hora de votar la ley, con lo que permitió que se aprobara sin votos en contra, ahora, al tener parte de sus huevos en la cesta ultra, para mantenerse en el Gobierno le baila el agua al discurso revisionista de los portavoces de Vox.

Así, ante la oportunidad de sacar por primera vez al PSOE del Gobierno andaluz, Moreno no dudó ni por un momento -la misma noche electoral se daba por hecho el pacto a tres para sacar a los socialistas- y cerró en semanas un acuerdo de mas de 30 puntos con el partido de ultraderecha. Este pacto podría, según consideran algunos analistas y según sucedan los acontecimientos, desterrar por mucho tiempo al PP, de nuevo, del Gobierno de la Junta. Así, la apuesta de Moreno era, desde el punto de vista de los conservadores, al mismo tiempo inevitable, necesaria y también muy arriesgada.

El PP en Andalucía, como consecuencia de ese acuerdo con Vox, ha iniciado una estrategia de normalización del discurso ultra. Por un lado, es una de las cosas que le pide Vox para mantener a Moreno en el Gobierno, y, por otro, es lo que necesita el PP para que, cuando el presidente tenga que convocar las urnas de nuevo, el pacto con el partido de Abascal no le penalice en exceso. Hace unas semanas, en una sesión de control, durante un enfrentamiento con Susana Díaz (PSOE), Moreno defendió con uñas y dientes a Vox y acusó al PSOE de “insultar” de manera permanente a los ultras.

De este modo, a pesar de defender un PP centrado y de mantener un discurso moderado, de corte, por momentos, democristiano, Moreno, cuando Casado decidió, tras el 28 de abril, llamar por su nombre a Vox, extrema derecha, envió a su mano derecha, el consejero de la Presidencia, Elías Bendodo, a calmar las aguas con los ultras y a recordar a toda la sociedad andaluza que Vox es un pilar fundamental de lo que él mismo llama “el Gobierno del cambio”.

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