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El porqué del auge de los nacionalistas: perfilan su espacio político con un Podemos descolocado

Analistas consultados por Público apuntan a algunos factores relevantes como causas del resultado electoral que ha dejado a Podemos fuera del Parlamento de Galicia y con apenas seis escaños en Euskadi: la división en la izquierda, la falta en Podemos de liderazgos asentados en los territorios, el arraigo de las marcas nacionalistas y un discurso de estas formaciones más afilado en lo social 

La candidata del BNG a la presidencia de la Xunta, Ana Pontón (c), durante la comparecencia ante los medios de comunicación en la noche electoral, que ha confirmado a su partido como segunda fuerza política de Galicia. EFE/Cabalar
La candidata del BNG a la presidencia de la Xunta, Ana Pontón (c), durante la comparecencia ante los medios de comunicación en la noche electoral, que ha confirmado a su partido como segunda fuerza política de Galicia. EFE/Cabalar

raúl bocanegra

El nacionalismo vasco y gallego tuvo este domingo un día de pesca fabuloso en el caladero de votos que se habían ido a Podemos y las mareas en las elecciones de hace cuatro años.

Varios factores relevantes contribuyen a explicar, según los analistas consultados por Público, el hundimiento de Podemos en Galicia y el País Vasco y, por ende, de la coalición que conforma el Gobierno de España –aunque el PSOE obtuvo un diputado más en cada una de las dos Comunidades Autónomas, no pasa tampoco de ser la tercera fuerza en ambas ni rentabiliza la caída de su socio–.

Por un lado, influye la falta de liderazgos naturales y apegados al territorio en Podemos, la pérdida de poder local de las confluencias y el arraigo en lo local de sus rivales nacionalistas, Bildu y el BNG, en un contexto complicado por la emergencia sanitaria, de incertidumbre y crisis económica y social.

Por otro lado, se ha producido tanto en Bildu, una vez que la violencia forma parte del pasado, como en el BNG, ambas formaciones bien asentadas en el campo nacionalista, un afilamiento de los debates ideológicos, en el eje tradicional izquierda-derecha, con la idea de aprovechar la división  y el desgaste de las confluencias. 

Y, por último, los debates internos y las peleas y la división en lo que Pablo Iglesias ha llamado su "espacio político".

El resultado, siendo muy malo en ambos lugares, no fue igual de doloroso para Podemos en Galicia que en el País Vasco. Mientras en Galicia el descalabro fue completo y conlleva su desaparición de la Cámara en la que llegaron a ser segunda fuerza en 2016, con más de 273.000 votos, en el País Vasco se quedan con seis diputados que, ciertamente, hoy son irrelevantes por la decisión del PSE de proseguir el pacto con el PNV, con quien suman mayoría absoluta, pero que, en escenarios hoy muy remotos, podrían ser decisivos, porque junto a Bildu y PSE suman una mayoría absoluta alternativa.

En Galicia, Podemos, en esta ocasión, se ha quedado con 51.000 sufragios, a los que podrían sumarse otros 2.000 de las mareas, casi todos ellos acumulados en las provincias de A Coruña y Pontevedra, donde no han superado, por los pelos, sin embargo, la barrera del 5% de los votos. En las otras dos provincias, Lugo y Ourense, Podemos ha pasado a la más absoluta irrelevancia, con apenas unos pocos cientos de votos más que Vox.

La gran mayoría de esos 220.000 votos perdidos en cuatro años han ido a parar, presumiblemente, a falta de análisis cualitativos detallados, a la casa nacionalista, al BNG, que ha pasado de tener 119.000 votos en 2016 a 310.000, 191.000 más, en este momento. La idea política que alumbraron hace ocho años, para las elecciones de 2012, Xosé Manuel Beiras y la hoy ministra de Trabajo Yolanda Díaz, ha llegado sin fuelle a la orilla electoral de unas elecciones marcadas por la covid. "Estos resultados son un fracaso para nuestro espacio político", asumió el candidato de Podemos, Antón Gómez-Reino, en Galicia.

"Resulta necesario tener en cuenta muchos factores, pero probablemente el desmembramiento del proyecto de En Marea, con escisión del grupo parlamentario incluida, haya influido en la capacidad de este espacio político para transmitir solidez y viabilidad de generar un cambio de gobierno", analiza Alba Alonso, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Santiago de Compostela.

"Parece que no han entendido de qué va la historia. En 2020 la Marea va por un lado y Podemos por otro. Van desunidos frente a 2016 cuando acuden unidos, y aprovechan la estructura y el anclaje en el territorio de Alternativa, a la que se suma Podemos. Ahora presentan dos candidatos distintos, y dividen el voto; además, teniendo en cuenta que hay una candidata –Ana Pontón– que modera su discurso, que hace énfasis en lo ideológico, en ser una fuerza de izquierdas transversal, sumado a la penalización del 5% en la ley electoral, hace que Podemos se quede en nada. El gran beneficiado es el BNG", abunda José Rama, profesor en el departamento de Economía Política en el King's College de Londres.

A la pregunta de si estos resultados anticipan el principio del fin de la aventura iniciada por Podemos, Rama afirma que en el País Vasco y en Galicia funcionan sistemas de partidos distintos de los que existen en toda España: "No podemos inferir mucho. Se ha producido [esta vez] un voto por la continuidad, la cautela y por confiar en estructuras de partido muy institucionalizadas. Sobre Podemos, el profesor Rama afirma que la falta de representación en el Parlamento gallego sí puede hacerles sufrir en esta Comunidad de cara al futuro. "O hacen un gran viraje o realmente no tener representación en Galicia puede penalizarles".

El regreso del voto al BNG ha dado en configurar un Parlamento a tres, con las mismas fuerzas –PP, BNG y PSdG– que ya marcaron dos décadas de política en Galicia, entre las elecciones de 1993, y las de 2012, cuando Beiras y Díaz presentaron la Alternativa Galega de Esquerda, que se puede considerar embrión de las mareas.

"Volvemos a un escenario muy parecido al de antes, con marcas muy consolidadas, muy implantadas a nivel local, en los ayuntamientos, en las provincias. Y está el contexto que vivimos, de crisis", afirma Rama.

"Representa una vuelta a la realidad política de finales de los años 90 para Galicia. En cierto modo, singulariza todavía más la realidad política de la comunidad frente a la del ámbito estatal y a la de otras autonomías, mucho más fragmentado", reflexiona Alonso

La candidata del BNG, Ana Pontón, ha logrado aglutinar el voto rupturista, que se fue a las confluencias en los años de la crisis en su candidatura, en la casa del nacionalismo gallego. ¿Por qué? En opinión de Rama, "Ana Pontón es una candidata con experiencia parlamentaria y el BNG ha sido el partido de oposición, el que le ha plantado cara al partido de gobierno, el que ha estado ahí, trabajando en el día a día. Ella va al choque y sabe hacer oposición". "Pontón, como cabeza de lista y parlamentaria experimentada, sin duda, ha sabido moderarse ideológicamente y adaptarse al territorio gallego donde hay esa identidad dual", agrega Rama.

Para la profesora Alonso "la apuesta de un candidato a presidente de Unidas Podemos sin experiencia significativa en la primera línea de la política gallega, frente a los liderazgos generados en el marco de los proyectos de cambio locales como las mareas –Martiño Noriega, Xulio Ferreiro–, puede haber influido en la capacidad de conectar con el electorado". "En contraste, el liderazgo de Ana Pontón está muy consolidado, está netamente concebido en clave gallega, y ha mostrado gran capacidad en contextos como los debates pre-electorales", añade.

"Lo que no han hecho el PSdG y Podemos, recoger ese voto joven feminista, ecologista, estos nuevos ismos que son relevantes, lo ha hecho el BNG. Eso lo ha capitalizado el BNG de Ana Pontón. Los trece escaños que han subido son para destacar", remacha Rama.

Voto joven

En el País Vasco, Bildu, cuya candidatura encabezaba Maddelen Iriarte, ha jugado un papel similar al del BNG en relación con Podemos, con matices relevantes y  componentes propios, debido, sobre todo, a la trayectoria del partido abertzale. "Una parte del voto de Podemos seguro que ha ido a Bildu, 23.000 votos más [los que ha sacado Bildu] se podría explicar por el voto joven, y el voto de Podemos se ha ido ahí. Bildu ha logrado que los más jóvenes los perciban de una manera diferente a las de las generaciones anteriores, contaminadas por el terrorismo. Si recordamos a Jon Idígoras y lo comparamos con Oskar Matute, el perfil social de este es mayor. Se ha votado de acuerdo con esos valores netos de la izquierda, el feminismo, el ecologismo", analiza Imanol Zubero, profesor de Sociología en la Universidad del País Vasco.

Sin embargo, la lectura de los resultados en el País Vasco, ofrece además otra visión. Podemos sacó 71.000 votos este domingo y se ha dejado 86.000 votos respecto a 2016, pero Bildu solo crece en 23.000. "La mayoría del voto de Podemos se ha quedado en casa", reflexiona Zubero.

¿Qué ha pasado en Euskadi en estos cuatro años para que Podemos se haya dejado tantos pelos en la gatera electoral? "El cambio de liderazgos que se produce en Elkarrekin Podemos, una guerra cainita donde no hay capacidad de síntesis, en la que se quita una dirección y se pone otra, y eso [adobado] con estrategias pensadas desde Madrid en una nación como la vasca donde es tan importante el nacionalismos" ha influido, considera Zubero.

"El perfil de la candidata [Miren Gorrotxategi] es muy desconocido, además. No se ha conocido hasta ahora. Y ha sido un error absoluto hacer girar toda la campaña en torno al tripartito de izquierdas, desde el momento en que el PSOE les dice que no", afirma el sociólogo. "La aritmética y la política tienen muy poco que ver. Desde el primer momento se veía que era una posibilidad formal pero irreal. El PSE quería repetir con el PNV. Es verdad que hay una parte del electorado de izquierdas que se siente más cómodo haciendo política cotidiana con Bildu. Los cordones sanitarios no están funcionando ni pueden funcionar. [Ahora bien] Hablar de pactos de largo alcance supone una dificultad. Bildu no ha acabado de saber manejar su pasado", agrega Zubero.

En el futuro, analiza el profesor, "pueden pasar cosas distintas o interesantes". Por una parte: "En ese hueco que ocupó Podemos que responde a una transfomación de los procesos políticos de fondo, sobre todo por las crisis de 2008, en la medida en que Bildu sea capaz, puede producirse simplemente una sustitución". Esto es algo, desde luego, en lo que está Bildu, en ocupar todo el espacio posible en la izquierda vasca.

Zubero remacha: "También podría pasar una cosa más interesante. Bildu está alimentándose del voto que fue a Podemos, pero después de que Podemos lo hubiera digerido. Es decir, se estaría votando a una Bildu que modifica sus rasgos políticos, acercándose a esa izquierda que pudiera representar Podemos, en la que la identidad se maneja de otra manera, que no es adanista. Ahí Bildu podría podemizarse. Habrá que ver. Lo mismo que el PNV ha tenido siempre dos almas, Bildu también. El perfil de Otegi es muy diferente del de Matute".

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