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La bandera de España La izquierda, ante el reto de recuperar la bandera de España que ondea en su contra

La protesta contra el Gobierno se ha envuelto en la bandera constitucional. Los partidos progresistas tienen ante sí el desafío de recuperar un símbolo que se ondea en su contra y cuyas connotaciones históricas siempre suponen un escollo.

Vecinos del madrileño barrio de Salamanca se manifiestan contra el Gobierno, vigilados por un fuerte dispositivo policial, por su gestión en la crisis del coronavirus, este jueves en Madrid. EFE/Rodrigo Jiménez
Vecinos del madrileño barrio de Salamanca se manifiestan contra el Gobierno, vigilados por un fuerte dispositivo policial. EFE/Rodrigo Jiménez

juan corellano

En los balcones, en las muñecas y hasta en las mascarillas. De solapa o largas como para cubrir una calle entera. Asidas a un asta u ondeando sobre la espalda. Banderas de todas las formas posibles han vestido las protestas contra el Gobierno surgidas en el barrio madrileño de Salamanca y extendidas al resto del país bajo el aliento de la derecha

También de todos los colores, pues algunos ciudadanos respondieron a la marea de rojigualdas sacando la tricolor republicana. Y entre tanto cruce de banderas, surge un enredo para la izquierda española: cómo convivir con un símbolo que se ondea en su contra. "Las banderas quedaron asociadas a regímenes políticos muy concretos y los símbolos siempre se impusieron desde arriba, nunca hubo un consenso, político, social y cultural, sobre los mismos", sostiene el historiador Juan Carlos Sánchez Illán.

La apropiación de la bandera por parte del sector conservador y ultraderechista se ha acrecentado durante los últimos años

Un contexto histórico que propicia, a día de hoy, la "apropiación indebida de determinados símbolos, particularmente de la bandera, el elemento movilizador por antonomasia".  

Una apropiación por parte del sector conservador y ultraderechista que se ha acrecentado durante los últimos años, asegura el historiador Diego Díaz, autor de Disputar las banderas (Editorial Trea, 2019). Tras una cierta normalización de la mano de los éxitos deportivos de la selección de fútbol, "con el procés las derechas se las han vuelto a apropiar de estos símbolos, las banderas siempre están en disputa", aclara. 

Balcones en Catalunya. / EFE

Una rojigualda que no siempre ha sido anudada a los balcones desde el patriotismo, sino también desde el patrioterismo, "una inflamación del sentimiento nacionalista" que, según Sánchez Illán, "se asocia a momentos de crisis del Estado-nación, como, por ejemplo, estamos viendo frente al desafío del secesionismo de Catalunya".  

"A menudo la derecha ha patrimonializado los símbolos del país, exhibiéndolos contra la otra mitad", asegura el líder de Más País, Íñigo Errejón. "Parece que estamos en el país de prestado, que nos dejan estar", asegura sobre esta apropiación de la patria que deja a las fuerzas progresistas como una suerte de "antiespaña". 

"Parece que estamos en el país de prestado", asegura  Errejón sobre esta apropiación de la patria que deja a las fuerzas progresistas como una suerte de "antiespaña"

Sea por razones patrióticas o patrioteras, el resultado para la izquierda es el mismo y no es otro que haberse quedado sin sitio entre el rojo y el amarillo del estandarte. Llegados a este punto, los hay proclives a recuperar el terreno perdido. "No veo con malos ojos que se le arrebate a la derecha la exclusividad de determinados símbolos y determinadas banderas", comenta el líder de Compromís, Joan Baldoví. Pero, ¿cómo recuperarla? Una difícil pregunta para una izquierda que primeramente se cuestiona si acaso alguna vez la poseyó.  

La rojigualda de Carrillo y González

El exalcalde de Madrid Tierno Galván junto a Fraga y Carillo.- EFE

Excluida de manera sistémica de la vida política, "cuando una coalición de izquierdas llegó al poder, tras las elecciones constituyentes de 28 de junio de 1931, tuvo que construir sus símbolos", afirma Sánchez Illán. Es por ello que sus partidos no tienen que convivir con la rojigualda hasta la llegada de la transición.  

"Nosotros aceptamos la bandera con ruido de sables constante y una pistola encima de la mesa" asegura el ex secretario general del Partido Comunista en Andalucía, Felipe Alcaraz. Aún aceptando a regañadientes para conseguir la legalización del partido, Santiago Carrillo "hizo más uso de la bandera rojigualda del que el posfranquismo le obligaba a hacer" en pos de dar al PCE una imagen de partido moderado y con sentido de Estado, defiende Díaz.  

"Nosotros aceptamos la bandera con ruido de sables  y una pistola encima de la mesa", asegura el ex secretario general del Partido Comunista en Andalucía, Felipe Alcaraz

Al mismo tiempo, el PSOE consiguió despojar a la rojigualda del águila imperial en 1981 y Felipe González hizo buen uso de ella en la campaña que le llevaría a la Moncloa. "Gracias por levantar la bandera de la Constitución, esa bandera que ya hemos conquistado para todos y que ya es patrimonio de todos los españoles y no patrimonio de grupos sectarios", afirmó la noche del 28 de octubre de 1982 mientras saboreaba su victoria electoral en el balcón del Hotel Palace de Madrid.  

Para Errejón, tanto el PCE como el PSOE se quedaron "entre dos aguas", aceptando estos colores heredados, pero sin disputarlos, desembocando en la situación que vivimos a día de hoy: "Sería una anomalía histórica que seamos la única izquierda del mundo que no tiene patria". Tras estos primeros conatos durante la transición, la relación de la izquierda con la bandera se fue enfriando, quedando reducida en la actualidad a una discreta convivencia y contados affairs que han sido recibidos con tibieza por el electorado, recuerda Díaz.  

La ostentosa aparición de Sánchez en 2015

Como ejemplo reciente, ostentosa y sonada fue la aparición 'a la americana' de Pedro Sánchez en 2015, cuando se presentó oficialmente como nuevo candidato socialista a la presidencia con una gigantesca bandera de fondo. "Las propuestas recientes han sido fallidas, se han quedado en globos sonda. Esos movimientos nunca han calado hacia abajo", sentencia Díaz.  

Pedro Sánchez, junto a una gran bandera rojigualda. EFE

No obstante, para consuelo de una izquierda ateamente adicta a expiar sus pecados, el historiador reconoce que, más allá de la singularidad de tener dos banderas en pugna, "no hay que creer que en España somos diferentes, en la mayor parte de los países la bandera es parte de la derecha".

"No hay que creer que en España somos diferentes, en la mayor parte de los países la bandera es parte de la derecha"

En esa línea, aún reconociendo en Reino Unido o EEUU casos de mayor consenso en torno a símbolos como la bandera, Sánchez Illán recuerda que "curiosamente, la poderosa idea o mito de las dos Españas, tan gráficamente expresado por Antonio Machado, llegó a nuestra cultura a través de Francia", otro país que se suele esgrimir como ejemplo de unidad.  

Reconciliarse con la bandera

"Algunos nos sentimos más cómodos y más identificados con la bandera de nuestra comunidad autónoma", afirma Baldoví

Los experimentos patrios fallidos atisban un necesario paso previo: antes de reconquistar, la izquierda ha de reconciliarse con una bandera que presenta muchos escollos para su idiosincrasia. "Algunos nos sentimos más cómodos y más identificados con la bandera de nuestra comunidad autónoma", comenta Baldoví sobre la comprometida convivencia de la rojigualda con el resto de identidades nacionales presentes en el país.

Una dificultad extra para construir una identidad nacional desde la izquierda que, reconoce Errejón, "tiene que ser compatible con la idea de que en España convivimos con pueblos con diferentes identidades nacionales".  

Vecinos del madrileño barrio de Salamanca se manifiestan contra el Gobierno por su gestión en la crisis del coronavirus. EFE/ Mariscal

En su herencia de la dictadura, la bandera perdió el águila pero no la corona, quedando inevitablemente vinculada su aceptación a la de la monarquía. Una circunstancia que se torna especialmente controvertida para la izquierda republicana en el marco actual, en el cual la casa Casa Real se ve continuamente salpicada por la polémica. Alcaraz señala cómo estas circunstancias hacen que mucha gente se identifique más con la tricolor y apunta que para con la rojigualda "la reconciliación es muy difícil", aunque no imposible. 

En su herencia de la dictadura, la bandera perdió el águila pero no la corona, quedando inevitablemente vinculada su aceptación a la de la monarquía

Para otros como el filósofo José Luis Villacañas, este reencuentro es más plausible y necesario, y está "por encima de los símbolos", incluso para los propios republicanos. "Es más fácil construir sobre los datos de esta derrota que mantener esa herida abierta", sostiene coincidiendo en ese punto con Errejón, quien, reconociendo una deuda pendiente con el pasado, prefiere "una discusión en el presente sobre qué España somos y qué España queremos ser".  

Patria y justicia social

Abogando ambos por una recuperación de la patria, cada uno apuesta por una vía diferente. Villacañas sostiene que "la inmensa mayoría de los españoles mantiene con la bandera y los símbolos una relación de cierta tibieza que es razonable mantener", asegurando que "si entramos en una guerra de símbolos, la gente que vote progresista será menos".  

"Es más fácil construir sobre los datos de esta derrota que mantener esa herida abierta", sostiene Villadecañas  coincidiendo con Errejón

Aunque tampoco aboga por una lucha abierta, Errejón otorga más importancia a los símbolos, entendiendo que la izquierda necesita de "emociones compartidas, canciones, banderas, nombres, hitos, fechas", en definitiva, cuestiones tangibles, para representar el interés general de la gente. Para el líder de Más País, esta recuperación no llegará con un debate teórico ni exclusivamente desde la política, sino con una "apropiación paulatina de la idea de España" en la que también participe la población y el mundo de la cultura.  

Salvando sus diferencias, ambos insisten en la importancia de vincular la patria con la justicia social. Señalan cómo la crisis del coronavirus ha dejando patente la necesidad de un Estado que proteja a la población, abogando por que sean conceptos como este los que hagan a uno sentirse orgulloso de ser español. 

"La agresividad de las protestas reaccionarias conseguiría su objetivo si atemorizase al Gobierno o colocase al pueblo demócrata a la defensiva cuando hay, precisamente, condiciones para la ofensiva cultural y política por ser un país más igualitario, más justo y por tanto más severo", sentencia Errejón.

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