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La brecha económica entre Andalucía y el resto del Estado sigue igual que hace 20 años

"Dentro del Estado, la andaluza es la economía que más recursos naturales pone en juego a cambio de menos dinero", analiza el catedrático Manuel Delgado.

Bandera de Andalucía en Sevilla.
Bandera de Andalucía en Sevilla. Eduardo Briones / Europa Press

Andalucía estaba a finales de 2021 a la cola de todas las comunidades autónomas en términos de Producto Interior Bruto (PIB) per cápita, según los últimos datos de la contabilidad regional hechos públicos por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Aunque este indicador está muy discutido por escuelas económicas (José Manuel Naredo, por ejemplo) que consideran que no mide bien la riqueza y no aporta e incluso oculta otra información decisiva, como la desigualdad o el nivel de los servicios públicos, sí da alguna pista sobre el poder de una zona determinada y, sobre todo, está en el núcleo de las decisiones políticas.

Este, el de la convergencia, es un asunto que lleva ocupando a los Gobiernos andaluces (y a la oposición) desde la creación de la autonomía y que el cambio de Gobierno, del PSOE al PP, operado a principios de 2019, no ha solucionado. La brecha económica, medida en términos de PIB per capita, entre Andalucía y el resto del Estado sigue igual que hace 20 años.

De momento, las recetas neoliberales impulsadas por Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), rebajas de impuestos, sobre todo a quien más tiene y más ingresa, en paralelo a varias reformas que pretenden simplificar los trámites para formar empresas, las llamadas a la inversión de capital en Andalucía y, en un terreno más general, el fomento de la cultura del empresario, tampoco han surtido efecto. La economía andaluza sigue tan estancada como estaba y el diferencial se mantiene.

Así, la serie completa desde el año 2000 revela que la brecha en términos de PIB per cápita que existía entonces entre la Comunidad más poblada y el resto del Estado sigue en el mismo lugar, mientras que en ese mismo periodo de tiempo otras zonas, como Galicia y Extremadura, sí han acercado su riqueza a la media española.

Los datos del INE son los siguientes. En el año 2000, Andalucía estaba en el 74,2% de la riqueza del país. Es decir, la ciudadanía andaluza disponía un 25,8% menos de renta que el resto. Al cierre de 2021 estaba en el 74,1%. 

Galicia, que en el cambio de milenio estaba en el 77,6%, 21 años después se había situado en el 92,2%, 14,4 puntos mejor. Extremadura, que partía de más abajo que Andalucía, estaba en el 63,5% de la media en el año 2000 y 21 años después ha logrado escalar 11,3 puntos y ubicarse en el 74,8%.

Los datos revelan que Andalucía, poco a poco, hasta la crisis tras la caída de Lehmann Brothers, mejoraba. Luego, esa tendencia, se truncó. "Andalucía, desde 2008 viene perdiendo peso en el PIB dentro del Estado. Porque, básicamente se viene profundizando en las tres actividades que hoy centran su especialización. Turismo, en el que somos los camareros y las kellys; agricultura, en la que la riqueza se la apropian cada vez más las grandes distribuidoras y la minería, que deja en Andalucía muy poco valor añadido", explica a Público Manuel Delgado, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla.

Una economía subalterna

El profesor considera, en dos relevantes artículos publicados en portaldeandalucia.org que hay un enfoque equivocado sobre lo que sucede en la Comunidad y que las causas de la falta de convergencia son bien profundas y hunden sus raíces muy hondo. No se trata de pensar en una economía atrasada, si no en una "realidad subalterna".

Así lo explica el catedrático: "Como la experiencia nos confirma, el remedio del crecimiento no funciona, porque el diagnóstico del atraso es erróneo, y así Andalucía ha conocido períodos de un fuerte crecimiento económico al final de los cuales no sólo no se sale del hoyo, sino que se profundiza más en él. No somos una economía atrasada, somos una realidad subalterna, y esta otra de las claves importantes para poder entender nuestra realidad socioeconómica".

"[El papel de Andalucía es] –escribe el profesor Delgado– abastecer de materias primas a las metrópolis. Hoy este papel se traduce en actividades como la agricultura intensiva, el turismo de masas y la minería. Como decía Eduardo Galeano, en la división internacional del trabajo unos países se especializan en ganar y otros se especializan en perder. Andalucía viene perfeccionando su especialización en el perder […] Una dedicación definida desde su extractivismo: apropiación de recursos naturales de forma intensiva y en grandes volúmenes que en su mayoría son exportados como materias primas".

"Dentro del Estado –prosigue Delgado– la andaluza es la economía que más recursos naturales pone en juego a cambio de menos dinero, de menos remuneración recibida. Aquí, deterioro ecológico y empobrecimiento social van de la mano".

El profesor remacha: "El carácter de sirvienta de otras economías de la economía andaluza se pone de manifiesto no sólo porque para el sistema Andalucía es un área de extracción sino porque, como otros pueblos del Sur, viene siendo también un área de vertidos; un basurero de residuos tóxicos".

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