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Carmena, la jueza que sacudió Madrid, pierde el Ayuntamiento tras cuatro años de luces y sombras

Manuela Carmena expulsó al PP del Palacio de Cibeles después 24 años en el poder. El 26-M intentó revalidar la alcaldía pero el consistorio vuelve a manos de los conservadores. La jueza abandona la política con éxitos y fracasos a su espalda y después de haber formado un partido político que conllevó la ruptura del espacio del cambio de 2015.

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La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, acompañado del candidato de esta formación a la Comunidad de Madrid Íñigo Errejón, tras su comparecencia esta noche para valorar los resultados de las elecciones municipales y autonómicas. EFE/ Ballesteros

Los 'Sí se puede' que se escucharon en los mítines de Ahora Madrid en 2015 no se repitieron en 2019. "Manuela" y "alcaldesa" fueron las palabras que coreaba el público de los actos del nuevo partido de Carmena e Íñigo Errejón. Un claro ejemplo de la transformación de las candidaturas de la jueza. Bajo la marca de Más Madrid estuvieron cerca de conseguir que Carmena revalidara la alcaldía otros cuatros años, pero finalmente no se consiguió. Ahora abandona el Palacio de Cibeles con éxitos y fracasos a su espalda. Un Ayuntamiento del cambio que, a pesar de haberse quedado a medio camino de lo que aspiraba a conseguir, ha demostrado que hay formas alternativas de gestionar la ciudad. 

Carmena llegó al Ayuntamiento con las candidaturas del cambio; Podemos, IU, Ganemos y movimientos sociales de la capital. Poco o nada ha quedado de esta confluencia en 2019 con una izquierda totalmente rota en la capital y con muchas protagonistas del cambio de 2015 sin representación parlamentaria. La división no fue el motivo de la pérdida de la alcaldía: los votos de Madrid en Pie y Más Madrid tampoco hubieran sido suficientes para que revalidara su mandato. Carmena perdió votos, sobre todo, en los barrios de la periferia y el PSOE no logró mejorar sus resultados con Pepu Hernández. Ciudadanos, PP y el partido ultraderechista Vox han sido los que han conseguido sumar. 

Carmena avisó que no se quedaría en la oposición y este lunes volverá a la jubilación que dejó aparcada después de que Pablo Iglesias y Jesús Montero le convencieran para presentarse como candidata a la alcaldía por Ahora madrid. No fue una decisión fácil, pero finalmente aceptó por la insistencia del partido morado y la convicción de que alguien amable y optimista tenía que plantar cara a Esperanza Aguirre. Y lo hizo con la previsión de abarcar una legislatura. Una mujer independiente, que llegó sola y sin partido en 2015. Pero que rápidamente se hizo con el control del escenario político y se ganó a la ciudadanía madrileña.

Pablo Iglesias celebra la victoria de Manuela Carmena, candidata de Ahora Madrid, en la noche electoral del 24-M. EFE

Tras estos cuatro años se conoce mejor a la jueza que entonces todavía era una desconocida para la mayoría de la ciudadanía. Su desembarco en la política despertó expectación, pero su determinación tampoco ha dejado indiferente a nadie. El cambio no llegó sólo por otra forma de gestionar la ciudad, también por otra forma de estar en la política. La exrelatora de la ONU siempre ha defendido que estaba de paso y ha rechazado muchos de los privilegios que sí ostentaban los alcaldes del PP. Su primera decisión fue reducir el número de asesores, comprometiéndose a no contratar a externos y recurrir a los funcionarios del Ayuntamiento. Reformó su despacho por considerarlo "excesivamente grande" y se mueve por la capital en transporte público.

Éxitos, fracasos y proyectos inacabados tras cuatro años

Desde el primer día prometió muchos cambios pero después se dio cuenta de que no podía cumplir con todos y que no todos podían darse con la celeridad que quería. Las cortapisas del PP desde la Comunidad tampoco han facilitado su mandato ya que han boicoteado proyectos como sucedió cuando redujeron el número de trenes de Metro justo cuando se puso en marcha Madrid Central.

Pese a todo el grupo municipal ha demostrado que hay otras formas de gestionar: la reducción de la deuda es el gran éxito. Los primeros cambios se dieron gracias al concejal de Economía y Hacienda que después la alcaldesa destituyó, Carlos Sánchez Mato. A mediados de 2015, la deuda de Madrid era de 5.637 millones de euros y ahora se encuentra en 2.726 millones según los últimos datos del Banco de España. A pesar de ser el Ayuntamiento que mejores resultados económicos ha obtenido en los últimos años el exministro de Hacienda del PP, Cristóbal Montoro, intervino en las cuentas municipales en noviembre de 2017. Fue la primera vez en la historia en la que se intervino económicamente en una corporación local. El enfrentamiento entre el exministro y Sánchez Mato fue el que llevó a que Carmena cesara al concejal. Fue la primera gran crisis del gobierno municipal y el antecedente de la ruptura.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, junto al delegado de Economía y Hacienda, Carlos Sánchez Mato; la teniente de alcalde, Marta Higueras, y la portavoz municipal, Rita Maestre. EFE/ Juan Carlos Hidalgo

Pero hubo otra gran división en torno a la Operación Chamartín. El grupo municipal defiende el acuerdo al que llegaron con Distrito Castellana Norte e intentaron aprobarlo hasta días antes de las elecciones. El PSOE lo rechazó y no se llevó a Pleno, pero ya desde el principio hubo oposición interna a este proyecto ya que IU siempre se mostró en contra del acuerdo al que se llegó

Frente al fracaso de la Operación Chamartín, el mayor éxito de Carmena: Madrid Central. Ni caos, ni atascazos, ni falta de abastecimiento. Se puso en marcha sin caer en los malos vaticinios de la derecha que ahora amenaza con paralizarlo. Aunque todavía es pronto para hacer grandes balances — entró en vigor el pasado 30 de noviembre — ya ha dado sus primeros frutos: ha reducido la contaminación durante los últimos meses. Según un análisis de Ecologistas en Acción, la estación de medición de la plaza del Carmen, la única situada en el interior del perímetro de tráfico restringido, ha registrado un descenso del 48% de NO2 (Dióxido de Nitrógeno) con respecto al mismo mes del año anterior. 

También se ha avanzado en Memoria Histórica cumpliendo con la ley y cambiando el nombre de las calles franquistas, o en participación con las consultas ciudadanas sobre los proyectos del Ayuntamiento. Y otros de los grandes triunfos es la puesta en marcha  de trece escuelas infantiles públicas del consistorio durante el mandato. Pero el gran reto que no se ha resuelto ha sido la vivienda. No se han paralizado los desahucios. El Ayuntamiento de Madrid puso en marcha la construcción de 4.000 viviendas sociales, pero no son suficientes. La nueva problemática en torno a la subida del precio del alquiler se escapa de las competencias del Ayuntamiento, pero la falta de vivienda accesible se recordará como la gran tarea pendiente. Tanto es así que durante los últimos días de campaña colectivos que la apoyaron en 2015 realizaron un escrache en un acto de Carmena: "¡Botella desahuciaba, Carmena también!", gritaron los activistas antidesahucios.

La ruptura con el espacio del cambio con Más Madrid

Carmena dijo que Errejón no rompía con Podemos al presentarse por Más Madrid en la Comunidad, pero quien finalmente rompió con el partido fue la alcaldesa. Cuando Carmena anunció que se presentaría a la reelección ya avisó que sería sin partidos, con una nueva plataforma y eligiendo su propia lista. La mayoría de organizaciones madrileñas que formaron Ahora Madrid aceptaron las condiciones sosteniendo que lo importante era mantener el gobierno de la capital. Sin embargo, a cuatro meses de las elecciones, se dinamitaron todos los puentes para la negociación. Carmena rechazó a los miembros elegidos en las primarias de Podemos para el grupo municipal e incluso propuso sitios en la lista a IU a espaldas del partido morado. 

De hecho, después de meses de negociaciones con Podemos llegó a decir en una entrevista en Onda Cero que no se había planteado que Julio Rodríguez, el número uno del partido morado en la capital, estuviera en su lista. El espacio del cambio ya estaba roto, tras su distanciamiento con los partidos, estaba asegurado: "Hay una evolución sobre lo que son los partidos. Cuando oigo conceptos como el de militancia pienso que es un término muy militar. Si lo que intentamos es buscar estructuras de representación de la ciudadanía en las instituciones públicos, el partido tiene que ser un intermediario. No puede ser un elemento directo de intervención". La idea no era nueva, desde el primer momento insistió mucho en que ella no pertenecía a ningún partido pero no renegaba de ellos como lo ha hecho en los últimos meses. 

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, e Íñigo Errejón durante el primer acto público juntos de Más Madrid. EFE/Fernando Villar

Las relaciones entre Carmena y otros dirigentes del espacio del cambio eran tensas desde hace años. Los primeros enfrentamientos se dieron con los ediles críticos con su mandato, pero también desde fuera del consistorio no se veía con buenos ojos proyectos urbanísticos como la Operación Chamartín. Hasta la alianza de Errrejón y Carmena las diferencias se mantenían por lo bajo y poco a poco todo fue estallando. La noche del 'pacto de las empadanillas', en las que los dos líderes de Más Madrid fraguaron su alianza, fue el punto de fricción. Y, si bien Ahora Madrid fue claramente una coalición en la que se integraron muchas diversidades, Más Madrid ha acabado convirtiéndose en un partido político. Carmena, al final, acabó liderando lo que siempre había rechazado.

El escenario no auguraba nada bueno para las izquierdas madrileñas cuando se produjo la ruptura, sobre todo, por el avance de la extrema derecha. Y los malos vaticinios sí se cumplieron en este caso. Ahora el grupo municipal tiene que comenzar una nueva etapa y prepararse para la oposición. Pero ahora sin Carmena a la cabeza.

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