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Comunitat Valenciana El Botànic vuelve a dejar plantada una Conselleria de Cultura específica

Entidades del mundo cultural valenciano denuncian que el gobierno valenciano ha vuelto a declinar una Conselleria de Cultura con infraestructura propia e independiente. En Balears, el nuevo gobierno ha diluido Cultura dentro de la Conselleria de Presidencia.

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El presidente de las Corts Valencianes, Enric Morera. (EFE)

El actual presidente de Les Corts Valencianes, Enric Morera, expresaba en 2015, una vez consumado el cambio de gobierno en el País Valenciano, que convertir la cultura en motor de la nueva industria se erigía como prioridad estratégica del nuevo ejecutivo autonómico, toda vez que clamaba por la necesidad de incrementar la aportación del sector cultural al PIB. Morera, junto con destacados miembros de Compromís, Podem y PSPV-PSOE, se convirtió precisamente en uno de los más entusiastas defensores de la idea de la cultura como propulsor económico. La nueva retórica suscitó una renovada esperanza en un sector como el cultural, maltrecho tras el cierre de la antigua Radiotelevisió Valenciana (RTVV) y con un IVA aumentado al 21 por ciento.

Cuatro años después de políticas botánicas, el gobierno valenciano empieza a recibir críticas por su gestión cultural. La Associació d’Empreses d’Arts Escèniques del País Valencià (AVETID) ha publicado recientemente un comunicado donde denuncia con énfasis que, con la formación del nuevo gobierno, el área relativa a Cultura queda de nuevo subordinada a una macroconselleria donde se incardinan asimismo Educación y Deportes. Según los firmantes, este proceder subordina Cultura a Educación y pone de manifiesto la falta de altos cargos dentro de la Conselleria conocedores de las problemáticas específicas del sector. El comunicado habla en términos de decepción, pues se sabe que, durante las negociaciones de cara a la confección del nuevo ejecutivo, estuvo presente la posibilidad de crear una Conselleria de Cultura propiamente dicha.

A pesar de que el escrito reconoce avances durante la pasada legislatura, se cree que estos han sido insuficientes y que el sector de las artes escénicas continúa en estado de crisis. Por eso, AVETID se dirige al Consell expresando la necesidad de conocer urgentemente la política cultural a seguir en los próximos años. El texto, además, incide en una crítica negativa a la Diputación de Valencia, responsable del Teatre Escalante, como consecuencia de la pérdida, durante el pasado mandato, del espacio donde albergaba su sede, así como de la falta de previsión para la sustitución o continuidad de su director artístico Josep Policarpo. El Ayuntamiento de València, por su parte, tampoco sale ileso de las críticas. En el punto de mira: el haber dejado fuera de las ayudas al sector escénico en las salas privadas. A pesar de todo, la voluntad de AVETID, dicen, es de absoluta colaboración con las administraciones.

La cultura como segundo plato

Un repaso histórico por el organigrama de los sucesivos gobiernos valencianos desde el inicio del periodo democrático, nos permite ver que esta reciente Conselleria de Educación, Cultura y Deportes (que comandarán, por cierto, el conseller Vicent Marzà y la secretaria autonómica Raquel Tamarit, exalcaldesa de Sueca) no supone ninguna excepción a la tendencia de vincular Cultura a otras áreas de gran dimensión e importancia, especialmente a Educación. De hecho, el único periodo en el que se ha contado con una Conselleria de Cultura no ligada a ningún departamento más fue el correspondiente al primer gobierno de la tercera legislatura, entre los años 1991 y 1993, encabezada por Andreu López Blasco. Asimismo, durante el período 2007-2011, el PP apostó por una Conselleria de Cultura y Deportes con la polémica Trinidad Miró al frente.

El mismo patrón se aprecia en la gran mayoría de consejos de gobierno autonómicos, si bien cabe precisar algunas notas. País Vasco y Cataluña muestran una mayor predisposición a independizar Cultura de otras grandes áreas. En el primer caso, a excepción de alguna legislatura en que estuvo vinculada a Turismo, siempre se ha apostado por su no integración en macroconsejerías. Con Urkullu de lehendakari, Cultura ha sido ligada a Política Lingüística, en un intento de resaltar el elemento nacionalista. En Cataluña, de modo similar, observamos algunos momentos en que Cultura se asoció a Medios de Comunicación, lo que se entiende por el afán de generar material audiovisual en lengua propia y por promover la histórica industria cultural catalana. En Andalucía destaca la constante asunción de Cultura como cartera absolutamente aislada de otros departamentos, aunque con ciertos paréntesis.

A nivel estatal es donde mejor se percibe una ideologización en la confección de organigramas gubernamentales. Así, en términos generales, Cultura queda deslindada de Educación durante los gobiernos socialistas, mientras la derecha apuesta por su vinculación. En ocasiones, como en Balears, es la izquierda progresista quien contradice sus propias convicciones. Tras crear en 2015 la Conselleria de Cultura, Participación y Deportes, en manos de MÉS, el nuevo gobierno saliente de las elecciones de 2019, liderado de nuevo por la socialista Francina Armengol, ha acabado integrando el área en Presidencia e Igualdad, lo que ha generado el rechazo explícito de la Associació de Productores Audiovisuals de Balears (APAIB), de la Associació de Cineastes de les Illes (ACIB) y de la Plataforma CREA de empresas productoras culturales y creativas de les Illes Balears.

La cultura: ¿oportunidad o molestia?

Si bien la asignación presupuestaria a Cultura crece normalmente año tras año en los presupuestos generales, lo cierto es que el porcentaje que supone respecto a otras partidas es ínfimo (un 0,3% sobre el total para 2019). El sector ha denunciado históricamente la falta de inversiones en academias, industrias o museos, por no hablar de la reticencia de las diferentes administraciones en aumentar las transferencias a los medios de comunicación de titularidad pública. Para más inri, las dotaciones presupuestarias que parten de la Administración central suelen generar un reparto territorial desigual entre comunidades autónomas, lo que ayuda a enfrentar y a dividir al sector cultural.

El porqué de esta tendencia a degradar y a sacrificar la cultura, incluso entre los gobiernos de izquierdas, quizá tenga su origen en la incapacidad de ver en ella un potente sector económico que contribuya decididamente a aumentar la riqueza. Lo expresó hace poco con gran acierto el periodista valenciano Xavier Aliaga a propósito de la financiación de À Punt: “En el imaginario colectivo en Ford hay trabajadores y en el sector audiovisual vividores subvencionados”.

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