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Congreso del PP Los frentes abiertos de Pablo Casado, el 'regenerador' que quiere "volver" a los viejos "valores" del PP

El nuevo líder del PP hereda un partido en la oposición y dividido tras una campaña interna con intercambio de golpes bajos. Casado tiene el reto de "coser" heridas e integrar a Soraya Sáenz de Santamaría y parte de su equipo, pero también debe rendir cuentas ante quienes le han ayudado a llegar hasta aquí.

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Pablo Casado, nuevo presidente del PP. / JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)

Impugnar buena parte de la actuación de Mariano Rajoy ha permitido a Pablo Casado ponerse a los mandos del PP, pero incluso en su equipo reconocen que lo más difícil empieza ahora. Como le ocurrió a Rajoy en 2004, Casado llega a la Presidencia de un PP recientemente expulsado del Gobierno de forma traumática, y tiene ante sí una larga lista de tareas a las que hacer frente.

Tras una larga campaña con intercambio de golpes bajos, pese a que el discurso oficial defiende su "limpieza", y después de su indiscutible victoria de este sábado, Casado no ha desvelado aún los cargos de los nuevos dirigentes del PP, su estructura de partido. Todo apunta a que lo hará la próxima semana, tras conversar con la que hasta el sábado fuera su rival, Soraya Sáenz de Santamaría, a la que asegura querer integrar: voluntad hay, decía, "por lo menos por mi parte".

“Coser” el partido y “tapar” las grietas

El excoordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, afirmaba este sábado, tras la proclamación de Casado, que al nuevo presidente le toca “coser” el partido y “tapar las grietas” abiertas en este mes de campaña interna. Aunque las caras visibles del PP se han empeñado en vender delante de las cámaras la unidad de las candidaturas, lo cierto es que desde el primer minuto ha habido una guerra abierta entre todos los rivales: críticas a la trayectoria y al proyecto, vídeos acusatorios, comunicados en contra de la otra candidata difundidos por el equipo del rival… Todo ha valido.

En este escenario, los compromisarios han lanzado un mensaje claro a sus dirigentes:“¡Unidad, unidad!”, coreaban durante el Congreso. Si el mensaje ha calado, será posible ver a Santamaría en el equipo de Casado y habrá una integración real de los dos proyectos de partido que hoy se han enfrentado. Sin embargo, Santamaría no ha confirmado que vaya a aceptar directamente un cargo en la estructura de Casado, por lo que aún está por ver si el nuevo presidente del PP conseguirá cumplir con el mandato que hoy le han dictado sus compromisarios.

La posible imputación por el máster y la corrupción del PP


A Casado le persigue el caso de su máster. Todavía le sobrevuela una posible imputación por las irregularidades en relación a sus estudios en la URJC. Este es el mismo título que le costó la Presidencia de la Comunidad de Madrid a Cristina Cifuentes (Máster en Derecho Autonómico y Local). Al presidente del PP no se le acusa del mismo fraude que a Cifuentes, pero sí tiene abierta una investigación para resolver esas “irregularidades”, que el rector de la URJC reconoce ver en las convalidaciones de las asignaturas del máster.

Tampoco se escapará de los casos de corrupción que siguen acechando al PP. Los conservadores todavía se enfrentan a una larga ristra de juicios en causas que afectan a varios exdirigentes, entre ellos la segunda parte del caso Gürtel. "Aquí no cabe un sólo corrupto", advertía este sábado Casado. Sin embargo, ha intentado poner el foco en las "insidias" sobre su partido, en lugar de hacer autocritica: "Yo voy a hacer que se respete al PP. Ya basta del doble rasero", apuntaba, criticando que "se condene a compañeros [mediática o políticamente] que luego son absueltos".

Estos casos seguirán avanzando en el nuevo curso político, y habrá que ver si el nuevo presidente decide apartar a los corruptos y tomar nuevas medidas de control o seguir escurriendo el bulto. Una estrategia que ha llevado a la caída del gran alabado de este fin de semana en el PP, el propio Rajoy.

La gestión de la situación en Catalunya

Durante la campaña, Casado ha tildado de "fracaso" la operación diálogo puesta en marcha por la exvicepresidenta del Gobierno en Catalunya. Este sábado ha abogado por reforzar el Código Penal contra los independentistas, y hace escasos días se mostraba a favor de volver a activar el Artículo 155 de la Constitución, además de cortar el diálogo con estos partidos.

En el momento en el que el se ha reducido la tensión en Catalunya, justo cuando el Centre d'Estudis d'Opinió -denominado coloquialmente el CIS catalán- registra una caída clara de los partidarios de la independencia, al frente del PP se sitúa un presidente con un discurso mucho más duro que el de Rajoy, que además ha enmendado durante toda la campaña. Además, la representación del PP tras las elecciones del 21-D es casi anecdótica: cuentan con sólo cuatro diputados en el Parlament catalán, los mismos que la CUP. Si a esto se unen los movimientos en el PDeCAT, cuya coordinadora general, Marta Pascal, dimitió este mismo domingo, parece evidente que hay suficientes elementos para que la tensión vuelva a subir.

La dificultad de "contar con todos los expresidentes"

Su voluntad de "contar con todos los expresidentes" parece difícil de aterrizar. Las escasas imágenes de sus encuentros con Rajoy hasta que ganó el congreso mostraban cierta gelidez, especialmente si se comparaban con los saludos entre el expresidente y Santamaría. En el partido hay quienes afirman que el antecesor de Casado está tremendamente molesto por las críticas a su gestión, y el discurso de Rajoy el viernes fue interpretado como un guiño a Santamaría, precisamente por su defensa de la estrategia del Gobierno en Catalunya.

Por otro lado, Casado fue jefe de Gabiente de José María Aznar en FAES durante tres años; el expresidente del Gobierno y del PP no lo ha criticado en la campaña, como sí hizo con Santamaría y María Dolores de Cospedal, y además ambos coinciden en la defensa de las mismas recetas para España y para el PP. "Seré leal", era una de las promesas de Rajoy en su discurso del viernes, que podía leerse como un dardo a Aznar, hoy divorciado del PP y muy crítico con su sucesor. Juntar a Rajoy y a Aznar sería como mezclar agua y aceite; seguir los consejos de ambos parece incompatible.

Sacudirse la imagen más "rancia"

El discurso de Casado contenía alusiones a la "España de los balcones" - término que conparte con Albert Rivera- y a la importancia de que el PP se reivindique como fuerza hegemónica del centro derecha, pero el presidente del PP se ha cuidado mucho de explotar otros elementos que sí ha usado en campaña.

La plataforma ultra y tránsfoba Hazte Oír ha apostado por él, sacando incluso dos camiones a la calle contra Santamaría; la asociación de víctimas Dignidad y Justicia remitió ayer un comunicado que constituía una bomba contra su rival, y que fue difundido por su equipo, y en estas semanas tampoco ha escatimado en perlas sobre la Memoria Histórica. De hecho, la diputada Celia Villalobos, simpatizante de la candidatura de Santamaría, llegó a situar a Casado en la extrema derecha.

Tras un Congreso y varios actos con Hazte Oír siguiéndole de cerca, Casado debe marcar distancia con estas plataformas si quiere que cale la imagen que se empeña en vender. Esto podría requerirle también establecer un perímetro de seguridad frente al apoyo de exdirigentes de su partido como Esperanza Aguirre o Cristina Cifuentes, ambas confesas partidarias de su propuesta política.

Dónde situarse entre la derecha: VOX y Ciudadanos

Mariano Rajoy consiguió ser presidente del Gobierno gracias a una alianza con Ciudadanos. Los dos partidos principales de la derecha se hicieron socios de investidura y, de esta forma, han conseguido durante esta legislatura sacar adelante las reformas que ambos han ido acordando. Ahora el panorama es muy distinto. Con Ciudadanos ganando en las encuestas al PP, no es seguro que puedan volver a aliarse para hacer una oposición de la derecha al nuevo Gobierno socialista.

Aunque sí es el candidato que el partido de Albert Rivera prefería: a pesar de considerar que no supone una regeneración para los conservadores, lo ven más a la derecha que a Rivera, por lo que entre las filas del partido naranja creen que tienen más fácil hacerse con el centro político.

Pero en esta campaña ha entrado en juego otro partido, y es que se ha vinculado a Casado con VOX. De hecho, el líder del partido ultraderechista, Santiago Abascal, ha felicitado por Twitter a Casado y ha apuntado que si cumple "con su discurso", tendrán algunos "puntos de encuentro" entre ambas formaciones.

Actualizar el inflado censo del PP

Las primarias del PP han arrasado con los viejos dogmas en los que se regodeaban los conservadores. Entre ellos, han caído por tierra los números de inscritos de los que presumían. El PP presumía de tener más de 869.000 militantes y de seguir aumentando esta cifra. La gran sorpresa llegó cuando se anunció que el nuevo líder se elegiría mediante primarias y se exigió para ello estar al corriente del pago de las cuotas. Los datos fueron las noticia del día: 66.384 militantes estaban al tanto de los pagos y querían participar. Tan sólo el 7,6% de los afiliados que decían tener, han sido los que podían votar entre los candidatos a liderar el PP.

Días después de conocer estas cifras, Esperanza Aguirre compareció ante los medios de comunicación reconociendo que su candidato era Casado, y que lo primero que tendría que hacer, cuando llegara a la presidencia, era actualizar el número de inscritos:"Los censos del PP no están depurados, yo intenté depurarlos y pusieron el grito en el cielo porque decían que sí Madrid depura el censo tendremos muchísimos menos compromisarios", recordó la dirigente durante su etapa de presidenta de la Comunidad madrileña. Tras las dudas surgidas por esta incoherencia de datos, no le quedará otra a Casado que afrontar esta tarea.

Además, el exministro de Asuntos Exteriores y quien fuera candidato a la Presidencia del PP, José Manuel García-Margallo, ha puesto otra tarea a Casado en la interna, y es que encare ahora su renovación con unas líneas programáticas "muy claras". Tiene trabajo para rato.