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Crítica política en redes De Ayuso a Vox: los memes y bromas en redes sociales como arma política

La crítica política en redes ha tomado protagonismo durante los últimos años, lo que deriva en una visibilidad constante de la intolerancia y de quienes la representan. Varios expertos y creadores de contenido analizan para 'Público' los pros y los contras de la sobreexposición.

'Collage' de dos memes de la cuenta Policía del Afecto y un tuit de Gerardo Tecé. - Público
'Collage' de dos memes de la cuenta Policía del Afecto y un tuit de Gerardo Tecé. Público

La crítica es casi tan antigua como el lenguaje, ya que el ser humano lleva mostrando su desacuerdo desde que es capaz de hablar. De distintas maneras y en distintos formatos. Ya en la Antigua Roma, el grafiti era el método utilizado para realizar críticas a determinadas personalidades gubernamentales o a las medidas adoptadas por las principales autoridades públicas. Sin embargo, y paralela a la evolución tecnológica, la crítica política ha tomado diferentes formas hasta llegar a lo que conocemos hoy en día. La plataforma opinativa por excelencia la alberga Internet, concretamente, las redes sociales.

Aunque, como todo tema, el mundo político se embarca en distintos modos creativos, en formatos diferentes: memes, tuits, vídeos... Elementos cuya función es llegar al mayor número de personas posible. Todo ello, a través de un hilo conductor que recaba numerosas interacciones y una gran difusión: el humor; a veces tan apreciado y, otras, tan perseguido. Así, la fusión de una crítica política, unos elementos que cosechen alguna que otra carcajada y un toque de ironía puede ser la receta ideal para viralizar un mensaje cuya función sea causar un efecto determinado en el receptor.

Esa ironía, esa risa que levanta el mensaje, puede transmitir una cercanía que no transmite ni un discurso ni una campaña política. Es el elemento del que escasea el ambiente político y al que se acude incluso en los momentos más lúgubres. "En el fondo, el humor también construye comunidades de afectos. Sobre todo cuando hablamos de humor político", afirma Pablo Simón, politólogo y profesor en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

Pero, ¿en qué afectan al mensaje, en especial al mensaje político, la inmediatez y el humor incluido en los contenidos difundidos en redes sociales? En la instauración de un elemento contemporáneo: el meme.

El meme como crítica política

El meme es una unidad comunicativa simple compuesta por elementos gráficos y texto que sirven para generar un mensaje irónico y humorístico. Según Simón, generalmente, "beben de elementos culturales pop". Dichos elementos deben seguir una serie de modas cambiantes y de las que la mayoría de los receptores tengan constancia para captar su trasfondo. "Nunca hay sorpresa en el meme y todos siguen el mismo patrón y la misma lógica", responde a Público el politólogo, quien interpreta que este elemento comunicativo tiene un componente marcadamente generacional, ya que suele ser la población más joven la que hace más uso de estos.

Para Magallón, el meme "forma parte de una estrategia de politización y, muchas veces, de polarización"

Para Raúl Magallón, profesor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la UC3M, este elemento "forma parte de una estrategia de politización y, muchas veces, de polarización". En otras palabras, el propio meme ya no solo actúa como crítica, sino que lo hace también como elemento distanciador de las posiciones ideológicas contrarias. Según Magallón, no deja de ser una forma de intervenir en la agenda pública. Sin ir más lejos, la presencia de Isabel Díaz Ayuso en los meses previos a las elecciones de la Comunidad de Madrid fue exageradamente desproporcionada en redes sociales.

Entonces, esta presencia masiva de tuits críticos o memes en redes debería provocar algún resultado, alguna modificación en el pensamiento social. Llegados a este punto, se presenta una incógnita: ¿la crítica política en Internet es capaz de marcar la agenda pública e influir en la opinión de los ciudadanos? 

"Tendemos a sobredimensionar el impacto que tiene –el elemento en cuestión– porque es visible para nosotros, porque nos interesa el tema; pero eso no significa que tenga un impacto relevante", evalúa Pablo Simón. "A la hora de la verdad, un meme no te va a cambiar una campaña electoral y no va a condicionar a la opinión pública en absoluto", sentencia.

Aun así, ninguno de los expertos duda de la importancia de las redes sociales en política, ya que aportan publicidad –favorable o no– que deriva en una visibilidad constante de determinados líderes políticos. Una realidad que conocen sobradamente quienes se presentan a unos comicios y en la que ven una oportunidad de llegar a las generaciones más apegadas a Internet.

Un altavoz fuera de los medios tradicionales

"Una de las mejores cosas que nos han dado las redes es esa potencia tremenda para que la gente genere contenido, crítica y sátira", afirma Gerardo Tecé a Público. El periodista y tuitero resalta la democratización facilitada por las nuevas tecnologías para lanzar un mensaje crítico. Eso sí, siempre "al margen de las dificultades que todavía existen para algunas personas a la hora de acceder a Internet". 

Esta plataforma ha provocado, sin lugar a duda, la evolución de un perfil ya conocido: el creador de contenido, concretamente, el creador de contenido político. Aunque con el avance de las tecnologías y, por tanto, de las apps también se modifican los formatos, que son fundamentales a la hora de difundir un elemento. "¿A mí me gusta tragarme una chapa de 20 minutos? No. A mí me gusta verme un vídeo de un minuto, por ejemplo, y después ver otras cosas", afirma Isabel Serrano. La divulgadora y estudiante de Ciencias Políticas cuenta que optó por los vídeos de corta duración en Instagram a la hora de divulgar un mensaje porque –considera– que la clave está en "cómo consumimos ahora mismo las redes sociales". En definitiva, la velocidad de consumo, que no ha hecho más que aumentar desde la llegada de estas. "Lo importante, y lo difícil, es que tienes que concentrar en un minuto lo relevante y que tenga una conexión, un hilo", aclara.

Sin embargo, antaño la crítica era muy distinta a lo que observamos en la actualidad, tanto por el formato como por la manera de consumo. Yanet Acosta, profesora en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos y posgrado en Gestión de Redes Sociales por la Universidad de Columbia (Nueva York), apela a la prensa satírica de los siglos XIX y XX, a la que considera como precedente de la crítica política en redes. "Era un tipo de prensa muy aguda, con corta tirada, pero con un impacto brutal. Al sistema le sigue costando aceptar este tipo de prensa", declara. Para Acosta, este tipo de informaciones "nunca han tenido una tirada muy extensa, pero han sido muy perseguidas al mismo tiempo". Pone un ejemplo de los últimos años: la censura a varias portadas de El Jueves. La experta en comunicación explica que "las metodologías han cambiado", desde el inicio de la prensa satírica, pero la esencia es la misma, la ironía continúa. "Hay una evolución. Nada nace de la nada", declara.

Humor, publicidad y opinión pública

Gerardo Tecé: "Pasa como con el cobre y la electricidad, el humor es un gran conductor de la política"

No obstante, en la actualidad no solo basta con simplificar el mensaje lo máximo posible para ser escuchado o leído. Y los creadores de contenido como Serrano o Tecé saben cuál es el elemento decisivo. "La actualidad, la vida en general, entran mejor con humor", asegura Tecé. "Pasa como con el cobre y la electricidad, el humor es un gran conductor de la política. Los temas áridos, cuando son tratados de forma amena, entran bien", continúa.

Esta afirmación es compartida también por la divulgadora, que considera que incluir humor supone una forma de acercar un tema que puede parecer "serio, alejado" y, a veces, incomprensible a la ciudadanía; e insiste en que es un deber acercar las cuestiones públicas a la gente, aprovechando que las redes sociales facilitan la tarea.

Álvaro, integrante de la cuenta de memes Policía del Afecto, declara que "hace falta pensar la política desde la emoción, porque es algo que se nos escapa o no tenemos en cuenta"; una crítica que comparte con Serrano. Además, en lo referente al contexto político, dice que "no existe la mala publicidad". "Hay memes muy acertados y dan en la clave con todo lo malo que hace un político, como Cifuentes robando cremas, pero un meme dura más o menos un día en interacciones. Algo que dura tan poco, al final tiene una influencia sobre la gente que ya está convencida", declara. Una realidad en la que se descarta, como dice Simón, que la influencia de las redes sea determinante en la opinión pública.

En este caso, lo determinante es la cámara de espejo resultante, como dice Isabel Serrano. Los usuarios tendemos a acercarnos a quienes se asemejan a nosotros ideológicamente. Nuestro círculo social en Internet actúa como un espejo que únicamente refleja lo que nosotros mismos pensamos. "El debate del día a día es totalmente diferente", sentencia, haciendo alusión a que en los espacios sociales físicos los temas más comentados pueden ser otros totalmente distintos.

Isabel Serrano: "El debate del día a día es totalmente diferente"

Álvaro considera que ya un artículo de opinión lo tiene difícil para modificar la opinión de una persona que tiene dudas acerca de un determinado planteamiento político. Por ende, un meme o un tuit lo tendrían más complicado por su corta duración. Lo que explica que, a pesar de las numerosas interacciones contra líderes de ultraderecha que observan en Twitter, esta se mantenga –por el momento– en las instituciones públicas.

Un ejemplo sería una interacción en Twitter entre dos políticos, en la que uno se mostrara contrario a la exhumación de Franco y otro le rebatiera su postura. Cada individuo tendría preestablecida su opinión acerca del tema antes de leer ambos tuits o la reforzaría tras leerlos. Por mucho apoyo que recabara uno u otro, una manera efectiva de infundir las ideas democráticas –que acabarían por tener efectos en el panorama electoral– podría estar lejos de Internet; por ejemplo, en las aulas o en la familia.

Capital social, beneficios y perjuicios

Es cierto que, en determinados momentos, unos elementos de crítica política saltan de las redes sociales a los medios de comunicación y acaban marcando la agenda. Simón pone el ejemplo de la foto de Santiago Abascal montado en un caballo: "Ese vídeo generó un elemento clave para dar a conocer a ese partido cuando estaba emergiendo. ¿Por qué? Pues no porque se generara en las redes, sino porque incluso en programas de televisión hicieron burla de él y lo dieron a conocer". Eso sí, no es –al menos todavía– la tónica general, ya que la influencia mediática sigue ganando la partida a las plataformas online. Como dice Gerardo Tecé, es muy probable que quien ve la televisión "esté más pegado a la realidad electoral" porque su influencia sigue siendo mayor, por mucha crítica que haya en Internet.

Aun así, como cuenta Álvaro, los elementos como memes, tuits, vídeos y demás que contengan connotaciones políticas son publicidad gratuita que crean un triángulo de beneficio: el creador de contenido gana capital social (es reconocido y valorado), el personaje político que aparece en la crítica mantiene su presencia en redes (visibilidad constante) y, finalmente, la red social obtiene contenido e interacciones a costa de la creación de otros. "Al final, los más débiles son el creador de contenidos y el consumidor", considera el integrante de Policía del Afecto.

Para Raúl Magallón, la cuestión es clara: "El elemento fundamental es que, en estos tiempos, la cuestión de la visibilidad está muy unida a la cuestión del impacto. Que hablen mal o bien, pero que hablen de ti; porque en el momento en el que estás en el centro del debate, vas a poder seguir transmitiendo tus mensajes", afirma.

Álvaro: "Somos el pez pequeñito que recoge las migajas que van soltando los medios"

Es justamente en este punto donde toman protagonismo los creadores de contenido en Internet y reflexionan sobre su papel. "¿Somos capaces de separar nuestro papel como activistas políticos del papel de creador de contenidos, cuando queremos capitalizar nuestra opinión? Creo que estamos lejos de ello, y los políticos se aprovechan de eso", interpreta Álvaro, que firmó en mayo, junto a otros integrantes de cuentas de crítica política, el manifiesto Es solo un meme. "Nos hemos dado cuenta de que nuestro trabajo y nuestra limitada influencia en redes responde muchas veces a los intereses de otras figuras que están muy por encima de nosotros. Somos el pez pequeñito que recoge las migajas que van soltando los medios".

Según Álvaro, en un contexto en el que los periódicos, influencers, políticos y medios se están "dando tortas por conseguir la atención de la gente", el mensaje de determinados sectores logra difundirse masivamente a través de una crítica hacia ellos mientras los creadores buscan mayor reconocimiento y capital social. El mensaje se lanza y en cuestión de minutos es recogido por otros divulgadores, que lo lanzan a su vez a miles de personas más. El ejemplo más claro, las bromas sobre Ayuso en Twitter y su posterior victoria electoral. Presencia, visibilidad y publicidad gratuitas durante toda una campaña; todo ello alimentado por la interacción de los usuarios que, además, lo compartían.

Entonces, ¿hay que replantear esa crítica para no hacer la campaña a quien justamente se está criticando? ¿Se debe reformular la manera de darle visibilidad a quien se pone en tela de juicio? El debate está abierto, pero la crítica parece que seguirá desarrollándose en redes sociales –aunque parezca un arma de doble filo– por accesibilidad y facilidad. A la crítica política, independientemente de cómo se plantee, le queda un largo recorrido. Ya lo dice Yanet Acosta: "La injusticia siempre ha estado presente en la historia de la humanidad, tanto como también lo ha estado la crítica hacia esa injusticia política y social".

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