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Crónica electoral Insomnes y bellas durmientes

Los debates electorales son como la lluvia: nunca son del gusto de todos. Al presidente de Cantabria y tertuliano estelar, Miguel Ángel Revilla, el del lunes le pareció un tostón soporífero, la repetición de una de esas películas tipo Ben-Hur que induce el sueño.

Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal antes del debate electoral en televisión en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid. / EUROPA PRESS

Juan Carlos Escudier

Los debates electorales son como la lluvia: nunca son del gusto de todos. Al presidente de Cantabria y tertuliano estelar, Miguel Ángel Revilla, el del lunes le pareció un tostón soporífero, la repetición de una de esas películas tipo Ben-Hur que induce el sueño. Y justamente eso fue lo que le pasó a la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra, que en un momento determinado cayó en los brazos de ese novio noctámbulo que es Morfeo, no sin antes constatar un bloqueo político que sólo su socio Iñigo Errejón puede solucionar si el electorado le deja. ¿Terceras elecciones?, le preguntaron. "Sólo de pensarlo se me hace de noche", explicó la valenciana a punto de ponerse el pijama. 

Es probable que Revilla y Oltra exageren en lo del letargo porque, al parecer, 8,6 millones de espectadores, lo que viene a ser una cuota de pantalla del 52,5%, siguieron a esos cinco magníficos de la política española. Es verdad que fueron casi 900.000 menos que el del pasado abril, pero aun así constituyen una cifra respetable. Muchos se dormirían o se irían a la mitad al tálamo porque, a pesar de la subida del paro registrado en octubre, todavía queda gente que trabaja. Tampoco, la verdad, es que las alternativas audiovisuales fueran muchas, si se exceptúa el memorable vídeo en el que Manuela Carmena, muy acatarrada, hace que llama por teléfono a votantes potenciales y les confiesa que no se ha leído el programa de Más País. De hecho ya nos advierte en el mismo spot de lo importante que son unas "elecciones sin mentiras".  

¿Que quién ganó el debate? Olvidémonos de las encuestas y de los analistas y vayamos a los testimonios directos. El PP cree que su candidato se lo llevó de calle, el PSOE que lo hizo el suyo, en Vox están que no miccionan y los de Ciudadanos han levantado en alto el brazo de Rivera con una risa entre floja y contenida. Isa Serra, portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid, ha dicho que le ha quedado una sensación agridulce pero que su Pablo lo hizo requetebién porque tiene mucho nivel y habla de lo que le preocupa a la gente. 

"Lo de ser candidato es que no está pagado"

Lo de ser candidato es que no está pagado. Sin apenas pegar ojo –no como Oltra que es bastante marmotilla-, Pedro Sánchez el insomne se quitó el traje de centrista y se puso el que tenía más a la izquierda en el ropero para irse a Valladolid a poner a caldo a esa derecha que calla ante la "ultraderecha envalentonada", y pedir el voto útil para gobernar con valores progresistas y beneficiar a todos, especialmente a los que más sufren. Para estirar las piernas, el presidente en funciones quiso darse un paseo por el barrio de los Pajarillos, donde resulta que los sufridores lo son por la venta de drogas y le recibieron de manera un tanto tumultuaria. Así que mientras el alcalde Óscar Puente calmaba a los vecinos, Sánchez hacía mutis por problemas de agenda y porque los baños de masas han cambiado una barbaridad de un tiempo a esta parte. Horas más tarde, en Badajoz, Sánchez insistía en lo mismo pero metiendo a Abascal en el No-do. "Me cuesta verle en color".  

Casado, por su parte, hacía escala en Santander con un mensaje muy novedoso: hay que echar a Sánchez. Entre las razones que esgrimió para dar boleto al inquilino de la Moncloa citó su negativa a rechazar pactos con el independentismo y que sea un descreído de la nación española, esa que él defenderá contra viento y marea y con ayuda de Abascal, que montado a caballo impresiona bastante."España no está para bromas" nos ha dejado dicho con gran solemnidad.

"A Rivera en esta campaña le están creciendo los enanos"

Menos madrugador ha sido Albert Rivera, víctima, posiblemente, de las agujetas por cargar el pesado adoquín que simbolizó en el debate las protestas callejeras en Cataluña. Y no sólo de las agujetas. El todavía líder de Ciudadanos denunciaba nuevas pintadas en la fachada del comercio de sus padres en Granollers, en concreto un lazo amarillo y una cruz celta del mismo color, una tropelía grafitera para la que no cabe justificación alguna. A Rivera en esta campaña le están creciendo los enanos, pero no tanto como para tener que ponerse a su altura con un alzador, tal fue la información luego desmentida acerca de un cajón que habría pedido el gallo de los liberales para mostrar más y mejor toda la cartelería contenida en su zurrón. 

Recogiendo el testigo de Pablo Iglesias estaba obviamente Irene Montero, que desde Pamplona y en un acto con universitarios ofrecía otra versión del voto útil a la izquierda, esto es, que los electores socialistas voten a su formación para garantizar que el PSOE no volverá a pactar con el PP o Ciudadanos. "¿Acaso alguien cree que es posible que el PP o Cs le dé gratis el apoyo al PSOE y se lo dé a cambio de nada? ¿Alguien piensa que es posible que el PP te regale una investidura para hacer políticas de izquierdas?", se preguntaba. Desde su alumbramiento lleva Podemos con el cuento de la gran coalición y hay que reconocer que sigue gustando como el primer día. 

"Según una ecuación similar, lo dirigentes de Vox son 500 veces más fachas que el resto"

¿Y Vox? ¿A qué dedicaban este martes los héroes de la Reconquista? Iván Espinosa de los Monteros a hacer cálculos matemáticos para sostener que, a la vista de las condenas por agresión sexual en 2018 -312 españoles y 96 extranjeros- estos últimos "son tres veces más propensos a violar que un español" por la sencilla razón de que en España hay diez veces más españoles que foráneos. Según una ecuación similar, lo dirigentes de Vox son 500 veces más fachas que el resto y 30.000 veces más xenófobos. 

Para coronar el día hemos tenido a una banquera, Ana Patricia Botín, haciendo su propia campaña. La presidenta del Santander ha responsabilizado del auge del populismo a los errores de "políticos, empresarios y banqueros" que, de repente, dejaron de inspirar confianza. Por ello, y a la manera de Sarkozy, ha demandado una reformulación del capitalismo, de manera que su preocupación no sea sólo maximizar la rentabilidad de los inversores sino de la sociedad en general. Los accionistas del Santander pueden ir haciendo el cuerpo a una rebaja del dividendo. ¡Qué gran candidata nos estamos perdiendo!

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