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Debate de investidura Sánchez concluye una investidura plagada de obstáculos y giros del PSOE, y marcada por el bloqueo político

Desde que el líder socialista entrara en funciones han tenido lugar una repetición electoral, la sentencia del ‘procés’ o las inhabilitaciones de Torra y Junqueras por parte de la Junta Electoral Central.

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El candidato socialista, Pedro Sánchez, abandona el hemiciclo al final de la segunda jornada de su investidura / EFE

El camino de Pedro Sánchez hacia la Presidencia ha durado casi nueve meses. Ese es el tiempo que ha pasado desde que el secretario general del PSOE entrara en funciones, tras las elecciones del 28 de abril. A partir de esta fecha, el líder socialista ha tratado de articular una mayoría para lograr ser investido, primero para un gobierno en solitario, y ahora, para uno de coalición.

Este es el segundo intento en menos de un año para conformar un Ejecutivo, y aunque se han producido dos debates de investidura, con unas elecciones de por medio, el objetivo siempre ha sido el mismo. La primera parte de este debate, que arrancó el sábado, ha dejado una Cámara Baja con una derecha volcada, en fondo y formas, en lograr el descrédito absoluto del Gobierno de coalición.

También un resultado ajustado, que se volvió incluso más inestable con el cambio de posición de última hora de la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas, que dio un sorpresivo ‘no’ al candidato y dejó la mayoría de Sánchez con una ventaja de tan solo dos diputados (167 a 165). Este martes el Congreso encara la que previsiblemente será la votación de investidura definitiva, el capítulo final de un ciclo político marcado por el bloqueo y los contratiempos.

Dos elecciones generales en seis meses

El 28 de abril se celebraron unas elecciones generales que dejaron un escenario político completamente distinto al de la legislatura anterior (2016-2019). El PSOE desbancaba al PP como primera fuerza política y los de Pablo Casado se hundían a su mínimo histórico. Los socialistas tomaron la iniciativa y se centraron en lograr la investidura de Sánchez.

Tras los comicios se estrenó la XIII Legistaura, una de las más cortas de la historia reciente, y en medio de las negociaciones para investir al líder del PSOE tuvieron lugar unas elecciones municipales y europeas, y se celebraron comicios en la mayoría de las comunidades autónomas.

Este escenario retrasó la investidura, y las negociaciones formales no comenzaron hasta bastante tiempo después del 28-A. Los socialistas ganaron todas las elecciones y optaron por tratar de conseguir un Gobierno en solitario con 123 diputados, mientras que desde Unidas Podemos se reclamaba una coalición. La falta de acuerdo condujo a una segunda repetición electoral que bajó la participación, dio alas a la ultraderecha y en la que Sánchez perdió tres escaños.

Los giros del PSOE

En estos casi nueve meses el PSOE ha cambiado de discurso, estrategia y objetivos en más de una ocasión. La meta principal de Sánchez tras el 28-A era la de lograr un Gobierno en solitario apoyado puntualmente en el Parlamento por otras fuerzas políticas. Esta meta no era compartida por su socio prioritario, Pablo Iglesias, que desde el minuto uno pidió la coalición.

Tras meses volcados en el Ejecutivo monocolor, los socialistas accedieron en el verano a negociar la coalición con Unidas Podemos, pero estas negociaciones nunca llegaron a buen puerto, y la formación morada acusó al PSOE de ofrecer ministerios sin competencias, mientras que los de Sánchez cargaron contra Iglesias y lo acusaron de “querer sillones”.

Tras las elecciones del 10 de noviembre, con el ascenso de la ultraderecha y la pérdida de diputados por parte de ambos partidos, Sánchez se abrió de nuevo a la negociación de una coalición, que esta vez se materializó en un acuerdo. Los socialistas no solo han virado su discurso con Podemos, también las fuerzas independentistas han sido protagonistas en estos giros.

El PSOE fio la campaña del 10-N a un discurso duro contra el soberanismo catalán, llegando a anunciar medidas como la de incluir en el Código Penal la celebración de referéndums ilegales o, incluso, prometiendo “traer” a Carles Puigdemont de Bruselas. La ruptura de Sánchez con el independentismo llegó a ser total, pero los resultados electorales cambiaron su posición.

El candidato a la investidura modificó su discurso y se abrió a una negociación sin vetos con ERC y, tras algunos meses de escasos avances y muchas reuniones, ambas partes llegaron a un acuerdo para que los catalanes se comprometieran a facilitar la investidura de Sánchez a través de una abstención.

Bloqueo, intervenciones y contratiempos

El primer evento que golpeó el escenario político (que no volvería a ser el mismo) fue la sentencia del procés. La resolución estrechó el margen de negociación de las formaciones catalanas con el PSOE y provocó numerosas protestas en las calles de las grandes ciudades catalanas.

La sentencia se publicó el 14 de octubre de 2019 y, desde ese momento, monopolizó toda la campaña electoral que precedió a las elecciones de noviembre. La derecha y la ultraderecha exigieron contundencia a Sánchez y un compromiso ‘preventivo’ para que rechazara un eventual indulto a los líderes soberanistas encarcelados, mientras que las formaciones independentistas viraron su discurso hacia la petición de amnistía para Junqueras y para el resto de presos.

Fue este momento en el que Sánchez endureció su discurso respecto a Catalunya, pero la estrategia llevó al PSOE a perder fuerza en las elecciones. Los imprevistos no terminaron con la sentencia y, apenas unas horas antes de comenzar el debate de investidura que concluye este martes, la Junta Electoral Central (JEC) emitió dos resoluciones para inhabilitar a Junqueras y al presidente de la Generalitat, Quim Torra.

Las decisiones del órgano administrativo marcaron buena parte de la primera jornada del debate de investidura, pero finalmente ERC optó por reafirmar su abstención. Todo apunta a que Sánchez será finalmente investido en unas horas, después de meses de giros discursivos, bloqueos y contratiempos.

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